jueves, 2 de abril de 2026

Meditación de monseñor Van Thuân al Papa

LA ECUCARISTA CAMBIO LA VIDA EN EL CAMPO DE REEDUCACION COMUNISTA
Meditación de monseñor Van Thuân al Papa

CIUDAD DEL VATICANO, 16 mar (ZENIT.org).- La Eucaristía fue el tema de la primera meditación que hoy predicó el arzobispo vietnamita François Xavier Nguyên Van Thuân al Papa y a sus colaboradores, quienes en esta semana se encuentran haciendo Ejercicios Espirituales. Comenzó con una conmovedora evocación de las Misas que celebró en los trece años de cárcel que tuvo que soportar en su país.

«Cuando me encarcelaron en 1975 --recordó el prelado vietnamita--, me vino una preguntaangustiosa: "¿Podré celebrar la Eucaristía?"».El prelado explicó que, dado que al ser detenido no le permitieron llevarse ninguno de sus objetos personales, al día siguiente le permitieron escribir a su familia para pedir bienes de primera necesidad: ropa, pasta dental, etc. «Por favor, enviadme algo de vino, como medicina para el dolor de estómago»
Los fieles entendieron muy bien lo que quería y le mandaron una botella pequeña de vino con una etiqueta en la que decía: «Medicina para el dolor de estómago».
 Entre la ropa escondieron también algunas hostias
La policía le preguntó: «¿Le duele el estómago?». «Sí», respondió monseñor Van Thuân, quien entonces era arzobispo de Saigón. «Aquí tiene su medicina».

«No podré expresar nunca mi alegría: celebré cada día la Misa con tres gotas de vino y una de agua en la palma de la mano. Cada día pude arrodillarme ante la Cruz con Jesús, beber con él su cáliz más amargo.
 Cada día, al recitar la consagración, confirmé con todo mi corazón y con toda mi alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, a través de su sangre mezclada con la mía. 
Fueron las Misas más bellas de mi vida».

Más tarde, cuando le internaron en un campo de reeducación, al arzobispo le metieron en un grupo de cincuenta detenidos.
 Dormían en una cama común. Cada uno tenía derecho a cincuenta centímetros. 
«Nos las arreglamos para que a mi lado estuvieran cinco católicos --cuenta--. A las 21,30 se apagaban las luces y todos tenían que dormir. 
En la cama, yo celebraba la Misa de memoria y distribuía la comunión pasando la mano por debajo del mosquitero.
 Hacíamos sobres con papel de cigarro para conservar el santísimo Sacramento. 
Llevaba siempre a Cristo Eucaristía en el bolso de la camisa».

Dado que todas las semanas tenía lugar una sesión de adoctrinamiento en la que participaban todos los grupos de cincuenta personas que componían el campo de reeducación, el arzobispo aprovechaba los momentos de pausa para pasar con la ayuda de sus compañeros católicos la Eucaristía a los otros cuatro grupos de prisioneros. 
«Todos sabían que Jesús estaba entre ellos, y él cura todos los sufrimientos físicos y mentales. De noche, los prisioneros se turnaban en momentos de adoración; Jesús Eucaristía ayuda de manera inimaginable con su presencia silenciosa: 
muchos cristianos volvieron a creer con entusiasmo; su testimonio de servicio y de amor tuvo un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros; incluso algunos budistas y no cristianos abrazaron la fe. 
La fuerza de Jesús es irresistible. La obscuridad de la cárcel se convirtió en luz pascual».

 «Jesús comenzó una revolución en la cruz. La revolución de la civilización del amor tiene que comenzar en la Eucaristía y desde aquí tiene que ser impulsada».

«Concluyo con un sueño --dijo monseñor Van Thuân--: en él la Curia romana es como una gran hostia, en el seno de la Iglesia, que es como un gran Cenáculo. Todos nosotros somos como granos de trigo que se dejan moler por las exigencias de la comunión para formar un solo cuerpo, plenamente solidarios y plenamente entregados, como pan de vida para el mundo, como signo de esperanza para la humanidad. Un solo pan y un solo cuerpo».ZS00031605--------------------------------------------------------

EL SECRETO DEL LA SANTIDAD: VIVIR CADA DIA COMO SI FUERA EL ULTIMO
Monseñor Van Thuân: «En la cárcel comprendí que el momento presente

CIUDAD DEL VATICANO, 14 mar (ZENIT.org).- «La aventura de la esperanza», este fue el tema que afrontó el monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân al predicar hoy los Ejercicios Espirituales a Juan Pablo II y a sus colaboradores.
Como ya hizo en otras meditaciones, las reflexiones del arzobispo vietnamita se inspiraron en su experiencia de trece años de cárcel en Vietnam. «Después de que me arrestaran en agosto de 1975 --confesó-- dos policías me llevaron en la noche de Saigón hasta Nhatrang, un viaje de 450 kilómetros. Comenzó entonces mi vida de encarcelado, sin horarios. Sin noches ni días. En nuestra tierra hay un refrán que dice: "Un día de prisión vale por mil otoños de libertad". Yo mismo pude experimentarlo. En la cárcel todos esperan la liberación, cada día, cada minuto. Me venían a la mente sentimientos confusos: tristeza, miedo, tensión. Mi corazón se sentía lacerado por la lejanía de mi pueblo. En la oscuridad de la noche, en medio de ese océano de ansiedad, de pesadilla, poco a poco me fui despertando: "Tengo que afrontar la realidad. Estoy en la cárcel. ¿No es acaso este el mejor momento para hacer algo realmente grande? ¿Cuántas veces en mi vida volveré a vivir una ocasión como ésta? Lo único seguro en la vida es la muerte. Por tanto, tengo que aprovechar las ocasiones que se me presentan cada día para cumplir acciones ordinarias de manera extraordinaria"».

«En las largas noches de presión --continua revelando el quien entonces era arzobispo de Saigón-- me convencí de que vivir el momento presente es el camino más sencillo y seguro para alcanzar la santidad. Esta convicción me sugirió una oración: "Jesús, yo no esperaré, quiero vivir el momento presente llenándolo de amor. La línea recta está hecha de millones de pequeños puntos unidos unos a otros. También mi vida está hecha de millones de segundos y de minutos unidos entre sí. Si vivo cada segundo la línea será recta. Si vivo con perfección cada minuto la vida será santa. El camino de la esperanza está empedrado con pequeños momentos de esperanza. La vida de la esperanza está hecha de breves minutos de esperanza. Como tú Jesús, quien has hecho siempre lo que le agrada a tu Padre. En cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo, mi verdad es siempre una nueva y eterna alianza contigo. Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo...».

Mensajes escritos en un calendario«En los meses sucesivos, cuando me tenían encerrado en el pueblo de Cay Vong, --continuó explicando Van Thuân--, bajo el control continuo de la policía, día y noche, había un pensamiento que me obsesionaba: "¡El pueblo al que tanto quiero, mi pueblo, se ha quedado como un rebaño sin pastor! ¿Cómo puedo entrar en contacto con mi pueblo, precisamente en este momento en el que tienen tanta necesidad de un pastor?". Las librerías católicas habían sido confiscadas; las escuelas cerradas; los maestros, las religiosas, los religiosos desperdigados; algunos habían sido mandados a trabajar a los campos de arroz, otros se encontraban en las "regiones de nueva economía" en las aldeas. La separación era un "shock" que destruía mi corazón».
«Yo no voy a esperar --me dije--. Viviré el momento presente, llenándolo de amor. Pero, ¿cómo?». Una noche lo comprendí: "François, es muy sencillo, haz como san Pablo cuando estaba en la cárcel: escribe cartas a las comunidades". Al día siguiente, en octubre de 1975, con un gesto pude y llamar a un niño de cinco años, que se llamaba Quang, era cristiano. «Dile a tu madre que me compre calendarios viejos». Ese mismo día, por la noche, en la oscuridad, Quang me trajo los calendarios y todas las noches de octubre y de noviembre de 1975 escribí a mi pueblo mi mensaje desde el cautiverio. Todas las mañanas, el niño venía para recoger las hojas y se las llevaba a su casa. Sus hermanos y hermanas copiaban los mensajes. Así se escribió el libro "El camino de la esperanza", que ahora ha sido publicado en once idiomas».

Monseñor Van Thuân no lo dijo, sus pensamientos pasaron de mano en mano entre los vietnamitas. Eran trozos de papel que salieron del país con los «boat people» que huían de la dictadura comunista.
El camino hacia la santidad«Cuando salí recibí una carta de la Madre Teresa de Calcuta con estas palabras --recuerda el predicador de los Ejercicios del Papa--: "Lo que cuenta no es la cantidad de nuestras acciones, sino la intensidad del amor que ponemos en cada una". Aquella experiencia reforzó en mi interior la idea de que tenemos que vivir cada día, cada minuto de nuestra vida como si fuera el último; dejar todo lo que es accesorio; concentrarnos sólo en lo esencial. Cada palabra, cada gesto, cada llamada por teléfono, cada decisión, tienen que ser el momento más bello de nuestra vida. Hay que amar a todos, hay que sonreír a todos sin perder un solo segundo».________________________________________________________________
 N. B.: Monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân recogió en el libro «El camino de la esperanza» («The Road of Hope») experiencias y reflexiones tras trece años de cárcel en Vietnam.
El libro está disponible en castellano enEDICEP C.BAlmirante Cadarso, 11
46005 VALENCIA
España Tel: (34) 96 395 20 45 
Fax: (34) 96 395 22 97

En inglés puede pedirse enFederation of Vietnamese Catholics in The U.S.A4827 N. Kenmore Ave.Chicago, IL. 60640 USATel: (321) 784- 1932ZS00031904


Semana Santa un Amor sin medida Mateo 26, 14-27, 66.


Domingo de Ramos


obras son amores y no buenas razones».

Hoy inician los días del amor.
 El amor que no se queda en las palabras, en los sentimientos y emociones. 
Es el amor más concreto, más sincero, más real.
Es el amor de las obras. 
Cristo, con este pasaje de tu Pasión me enseñas a amar sin medidas y con obras. 

En efecto, se podría aplicar hoy el refrán:
 «obras son amores y no buenas razones».
Las obras de amor se miran, se reciben, se hacen, no se analizan ni se estudian. 
Como es un amor de obras lo más justo en este rato de oración es contemplar, mirar, escuchar, acompañar. 
No quieres en este momento que razone, que estudie, que discurra con la inteligencia.
 Quieres que me deje amar. Quieres que contemple los actos que sufres por amor a mí…
porque me amas. 

Concédeme, en estos días, el don de la contemplación que me permita profundizar en los misterios de mi salvación.

Este Evangelio, Señor, me presenta el fin para el que habías venido a este mundo: 
salvarme y demostrarme tu amor. Es lo que vas a realizar esta Semana Santa:
 Salvarme de los lazos del enemigo, de la muerte, del sinsentido, del pecado; y demostrarme que eres Amor y, por lo mismo, que me amas con pasión, con locura, que me amas hasta el extremo de dar la vida por mí.
Puede ser, Señor, que ya me haya acostumbrado a leer o escuchar los relatos de tu Pasión, pero ayúdame a revivir esos momentos contigo. 
Adentrarme en lo que sentías (hambre, sed, sueño, cansancio, dolor, pena, vergüenza…), en lo que pensabas, en lo que hacías.
 No es este relato una fábula terrible o un mito milenario.
 Esto es verdad. 
Tú padeciste por mí la traición, el abandono, la flagelación, un juicio injusto, una corrupta condena, un martirio espantoso, una muerte ignominiosa.

Permíteme acompañarte en estos momentos y descubrir en ellos las enseñanzas que me quieras dar para mi vida.
Jamás permitas que me acostumbre a verte crucificado y ayúdame a vivir esta Semana Santa no como una más, sino como la ocasión propicia para conocerte y dejarme amar.

«Nos pude parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos. 
Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. 
Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “catedra de Dios”. 
Os invito en esta semana a mirar a menudo esta “Catedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama. Con su humillación, Jesús nos invita a caminar por su camino» papa Francisco.

Les Amo hasta el extremo .Jh.13,1-15


" Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo."

«Los amó hasta el extremo»… ¿qué me dicen estas palabras? Los amó hasta el extremo… No sólo me amas; sino que me amas como nadie jamás me ha amado, me ama y me amará. 
No sé si soy consciente de tu amor hacia mí, Señor; no sé si soy consciente de que todo lo que anhelo, sólo en Ti lo encuentro…no sé si me lo creo.

"Se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido."

Te levantas de la mesa sabiendo perfectamente qué quieres hacer; te quitas el manto, te pones a los pies de tus discípulos para lavarlos… te pones a mis pies.
"Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?”. 
Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. 
De igual manera me sorprendo ante este gran y sencillo gesto de amor; no puedo permitir que el Dios creador, el Dios omnipotente, el todopoderoso venga hacía mí… se humille, se incline ante mí en posición de siervo y limpie mis pies.

Lo haces tan decidido y con amor desmedido que te das cuenta lo difícil que es entender… pues el amor es difícil de entender. Sólo viviéndolo es como se llega a comprender.
Se nos es difícil de entender y por ello pides que veamos con atención… 

Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”.
Pides que más que tratar de entender, de resistirnos a su amor, nos dejemos amar… me deje transformar.
 
"Hoy, Señor, en este jueves santo no quiero decir nada…
ni poner resistencia a tu amor. Sólo quiero estar contigo y amarte dejándome amar por ti, para que sea ese amor, tu amor, el que me lleve a amar los demás. Sea ese amor que veo, que contemplo en ti, el que me transforme y, dejándome transformar, pueda amar de verdad.

«Pero, ¿qué es el servicio? Es posible pensar que consista sólo en ser fieles a nuestros deberes o en hacer alguna obra buena. 
Pero para Jesús es mucho más. En el Evangelio de hoy, él nos pide, incluso con palabras muy fuertes, radicales, una disponibilidad total, una vida completamente entregada, sin cálculos y sin ganancias. 

¿Por qué Jesús es tan exigente? Porque él nos ha amado de ese modo, haciéndose nuestro siervo “hasta el extremo”, viniendo “para servir y dar su vida”. 
Y esto sucede aún hoy cada vez que celebramos la Eucaristía: el Señor se presenta entre nosotros y, por más que nosotros nos propongamos servirlo y amarlo, es siempre él quien nos precede, sirviéndonos y amándonos más de cuanto podamos imaginar y merecer» papa Francisco, 






 

miércoles, 1 de abril de 2026

UNA CRUZ DE MADERA OCULTA EN UN TROZO DE JABON

UNA CRUZ DE MADERA OCULTA EN UN TROZO DE JABON
Monseñor Van Thuân profundiza en el amor, esencia del cristianismo

CIUDAD DEL VATICANO, 18 abril (ZENIT.org).- Continuamos publicando nuestra 
serie de crónicas sobre las meditaciones, inéditas hasta ahora, 
pronunciadas por el arzobispo François Xavier Nguyên Van Thuân a Juan Pablo 
II durante sus Ejercicios Espirituales de este año (12-18 de marzo).
                                 * * *
«Jesús sale al encuentro de los pecadores --recuerda el prelado 
vietnamita--, busca a la samaritana en el pozo de Jacob, perdona a la 
Magdalena y a la adúltera; después de la resurrección se aparece a los 
apóstoles para darles la paz, sin hacer alusión alguna a sus pecados. Le 
dice al ladrón en el Gólgota: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso". Y a 
Zaqueo: "Hoy la salvación ha entrado en esta casa". El amor que Jesús ha 
sembrado en nosotros, nos sitúa en el corazón del Padre, en el corazón de 
Aquél que "tanto amó al mundo que le dio su Hijo unigénito... para que el 
mundo se salve por medio de Él».

Esta alegría que imprime el amor, según monseñor Van Thuân ha quedado 
magistralmente plasmada en un canto que los cristianos escuchan en la 
Vigilia de Pascua, el «Exultet»: «¡Oh inmensidad de tu amor por nosotros! 
¡Oh inestimable signo de bondad: para rescatar al esclavo, sacrificaste a 
tu Hijo!... ¡Hijos en el Hijo, que se entregó totalmente, podemos hacer 
exultar la
humanidad por el don de la salvación!».

«Como peregrino divino, --dice el predicador del Papa-- Jesús ha implantado 
en nuestro corazón su arte de amar. Donde éste florece, los hombres 
advierten el perfume de la Buena Nueva. Recuerdo ciertos momentos de mi 
vida. Cuando estuve en aislamiento, me confiaron a un grupo de cinco 
guardias: por turnos, dos estaban siempre conmigo. El jefe les dijo: "Os 
sustituiremos cada dos semanas por otro grupo, para que no os 'contaminéis' 
con este peligroso obispo". Pero enseguida decidieron: "No os cambiaremos 
más, si no, este peligroso obispo contaminará a todos los vigilantes". Al 
principio los guardias no hablaban conmigo. Contestaban sólo sí o no. Era 
verdaderamente triste. Quería ser atento y cortés con ellos, pero era 
imposible. Evitaban hablar conmigo. Una noche me vino un pensamiento: 
"François, tu eres todavía muy rico, tienes el amor de Cristo en tu 
corazón; ámales como Jesús te ha amado". Al día siguiente empecé a amarles, 
a amar a Jesús en ellos, sonriendo, intercambiando con ellos palabras 
amables. Comencé a contarles historias de mis viajes al extranjero, sobre 
cómo vive la gente en América, en Canadá, en Japón, en Filipinas..., sobre 
la economía, la libertad, la tecnología. Ello estimuló su curiosidad y les 
empujó a hacerme muchísimas preguntas. Poco a poco nos hicimos amigos. 
Quisieron aprender las lenguas extranjeras: francés, inglés... Así que 
improvisamos una escuela de idiomas. ¡Mis guardias se convirtieron en mis 
estudiantes!"».

«En la montaña de Vinh Phú, --sigue contando Van Thuân-- en la prisión de 
Vinh Quang, un día de lluvia tuve que cortar leña. Pregunté al guardia:

--¿Puedo pedirle un favor?»
--Dígame. Le ayudaré.
--Quisiera cortar un trozo de madera en forma de cruz.
--No sabe que está terminantemente prohibido tener cualquier símbolo 
religioso?"
--Lo sé --repuse-- pero somos amigos, y prometo esconderla.
--Resultaría extremadamente peligroso para los dos.
--Cierre los ojos, lo haré ahora, y seré muy cauto.

»El se retiró y me dejó solo. Corté la cruz y la tuve oculta en un trozo de 
jabón hasta mi liberación. Con una moldura de metal, éste trozo de madera 
se convirtió en mi cruz pectoral. En otra prisión, pedí un tramo de cable 
eléctrico a mi guardia, que ya era amigo mío. Asustado, me dijo: "He 
estudiado en materia de seguridad que si alguien quiere cable significa que 
quiere suicidarse". Le expliqué: "Los sacerdotes católicos no cometen el 
suicidio". "¿Y qué quiere hacer con un cable?". "Quisiera hacer una cadena 
para llevar mi cruz", le respondí. "¿Cómo puede hacer una cadena con un 
cable eléctrico? ¡Es imposible!". "Si me trae dos pequeñas tenazas se lo 
mostraré"."¡Es demasiado peligroso!". "¡Pero somos amigos!"»

«Vaciló --continúa explicando monseñor Van Thuân, sin embargo a los tres 
días me dijo: "Es difícil negarle algo a usted". Y actuando de manera que 
nadie nos descubriese, con dos pequeñas tenazas cortamos el cable en trozos 
de la dimensión de una cerilla, los trabajamos... hicimos esta labor de 7 a 
11 de la noche, antes de que llegase el relevo de guardia. Esta cruz y esta 
cadena la llevo conmigo cada día, no porque sean recuerdos de la prisión, 
sino porque indican una convicción profunda, una llamada constante para mí: 
sólo el amor cristiano puede cambiar los corazones, no
las armas ni las amenazas. El amor lo vence todo. Es el amor el que prepara 
el camino al anuncio del Evangelio. Es el amor la primera evangelización».
ZS00041901
--------------------------------------------------------

CUANDO LOS LABIOS NI SIQUIERA PUEDEN REZAR
Confesiones de monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân

CIUDAD DEL VATICANO, 23 abril (ZENIT.org).- Continuamos publicando nuestra 
serie de crónicas sobre las meditaciones, inéditas hasta ahora, 
pronunciadas por el arzobispo François Xavier Nguyên Van Thuân a Juan Pablo 
II durante sus Ejercicios Espirituales de este año (12-18 de marzo).
                                 * * *

Para explicar el significado de la oración, monseñor François Xavier Nguyên 
Van Thuân cuenta: «Después de mi liberación, mucha gente me decía: "Padre, 
usted ha tenido mucho tiempo para orar en prisión". No es tan simple como 
se puede pensar. El Señor me ha permitido experimentar toda mi debilidad, 
mi fragilidad física y mental. El tiempo pasa lentamente en prisión, 
particularmente durante el aislamiento. Imaginad una semana, un mes, dos 
meses de silencio... Son terriblemente largos, pero cuando se transforman 
en años, son una eternidad. ¡Había días que, extenuado por el cansancio de 
la enfermedad, no alcanzaba a recitar una oración! Ha habido prolongados 
momentos en mi vida en los que he sufrido por no conseguir rezar. He 
experimentado el abismo de mi debilidad física y mental. Muchas veces he 
gritado como Jesús en la cruz: "Dios mío, porqué me has abandonado". En 
esta desdichada situación suelo recurrir a Nuestra Señora, diciendo: 
"Madre, ves que estoy al límite, no logro recitar ninguna oración. Así que 
diré solamente 'Ave, Maria', con todo mi afecto. Poniendo todo en tus 
manos, repetiré: 'María: Te ruego que lleves esta oración a todos aquellos 
que lo necesiten, en la Iglesia, en mi diócesis..."».

Van Thuân explica que «para estar en oración, me ayuda intentar ser un 
Avemaría viviente. Otra oración que me ayuda a hablar con Jesús es el 
Padrenuestro. Cuando, quebrado y sin fuerza, no conseguía ni siquiera 
rezar, pensaba en el Padrenuestro en una fórmula abreviada, muy concisa: 
Por el Padre: tu nombre, tu reino, tu voluntad. Por la humanidad: nuestro 
pan, nuestras ofensas, nuestra tentación».

«Se puede aprender mucho sobre la oración, sobre el genuino espíritu de 
oración, particularmente cuando se sufre por no poder orar, a causa de la 
debilidad física, de la imposibilidad de concentrarse, de la aridez 
espiritual, con la sensación de estar abandonado por Dios y tan lejos de Él 
como para no poder dirigirle la palabra --añade el arzobispo vietnamita--. 
Y tal vez es justo en estos momentos cuando se descubre la esencia de la 
oración, cuando se comprende cómo poder vivir aquel mandato de Jesús que 
dice: 'es preciso orar siempre'. De los Padres del desierto al peregrino 
ruso, de los monjes de occidente a los de oriente hay una sola 
preocupación, una búsqueda apasionada: la de poder poner en práctica una 
oración perseverante e ininterrumpida, en la cual --como dice Casiano-- 
"está el punto culminante de la perfección del corazón"--. ¿Pero de qué 
sirve en la vida cotidiana, en la rutina del trabajo y de las relaciones, a 
mantenerse en un estado de oración, o sea de unión con Dios?», se pregunta 
Van Thuân.

«Me ha impresionado, leyendo a los Padres del desierto --para quienes la 
soledad es una condición sine qua non de la oración continua-- un episodio 
poco conocido pero muy significativo. Se dice que un día, el gran Antonio 
tuvo un revelación: "En la ciudad hay uno que se te parece: es de profesión 
médico, da lo innecesario a los pobres y todo el día canta el trisagio con 
los ángeles". ¿Cómo hacía este desconocido médico de Tebaide para practicar 
una forma tan alta de oración? Tal vez la clave la aporta Agustín cuando 
afirma: si continuo es tu deseo ("desiderium") continua es la oración". 
Para Agustín ese "desiderium" se identifica con la "caritas", y la caridad 
conduce a hacer el bien, de manera que otro modo para hacer continua la 
oración consiste en hacer el bien, en el "bene agere". ¿Quién podrá 
perseverar en la alabanza a Dios todo el día? Te sugiero un medio para 
alabar a nuestro Dios el día entero, si quieres. Todo lo que hagas, hazlo 
bien; has dado gloria a Dios».

«Un moderno experto de espiritualidad ha condensado en pocas palabras toda 
la tradición y el sentir de nuestro tiempo sobre la oración diciendo: "El 
verdadero camino de la oración es la vida. Una oración continua es una vida 
enteramente dedicada al servicio de Dios. Esta es la única manera de orar 
siempre. La oración es continua cuando es continuo el amor. El amor es 
continuo cuando es único y total"».

El arzobispo vietnamita concluye explicando que: «Todas las oraciones, 
unidas una a otra, forman una vida de oración. Como una cadena de gestos 
discretos, de miradas, de palabras íntimas, forman una vida de amor. Nos 
mantienen en un ambiente de oración sin distraernos de la tarea presente, 
pero nos ayudan a santificar cada cosa».

COMO DAR PAUTAS DE ORACIÓN.


 TEMA 17:
SOBRE COMO DAR PAUTAS DE ORACIÓN.

 Fieles a la realización de la función de evangelizador, desempeñaremos a la perfección nuestro minsiterio...:


“Procama la Palabra,
insiste a tiempo y a destiempo,
reprende,
amenaza,
exhorta con toda paciencia y docrtrina”.
2Tim.4,2

 La Palabra es “útil para enseñar, argüir y corregir
y para educar en la justicia”.
2Tim.3,16

 Uno de los medios son las Pautas de Oración o Meditación. De tal modo que...

“Después de las palabras, sólo Jesús y la experiencia viva de Él, debiera quedar en el corazón de los oyentes.”
Est. V.D. 135.


“Este trato familiar de afectuosa intimidad nos brinda además, los mejores temas; imprime en el apóstol una pedagogía particular, un trato delicado y fino para adaptar y hacer asequible a todos el mensaje de Cristo.”


Est. V.D. 136.

QUE SON LAS PAUTAS DE ORACION

 Las Pautas son Palabra de Dios, leída, escuchada, meditada, asimilada y encarnada en mi vida... a punto para darla.

 Son la leche espiritual o alimento sólido necesario pra mí y para muchos oyentes que esperan. Por ello es necesario el adaptarla y hacerla asequible.

 Son la Palabra adecuada para cada situación o circunstancia personal y comunitaria...

 Son:

UN PROCLAMAR, recordar, actualiza, conmemorar la voluntad de Dios.
UN INSISTIR, en mantenernos en la Palabra, en la verdad de fe.

INTERPELAR  por no vivir la fe ni hacer la voluntad de Dios.
UN EXHORTAR a vivir la vida de gozo en Dios y compartirla.

QUE FIN TIENE LAS PAUTAS

 Las Pautas no son una “información” ni “teoría abstracta”. Apuntan en directo a la conversión y santificación de los oyentes.
 El que da las Pautas ha de crear una actitud de escucha atenta a Dios en los oyentes.
 La preparación de las Pautas se da en el trato familiar de afectuosa intimidad con Dios... de ahí surge el tema y la pedagogía. Siendo el trabajo adaptar y hacer asequible la Palabra a los oyentes.

ESTRUCTURA DE LAS PAUTAS

  1. Objetivo.
Describir en una frase la Voluntad de Dios general y particular según las circunstancias de los oyentes.
2. Despertar a la fe.
Provocar una actitud concreta de escucha y confianza.
3. Enlaces.
Si hay temática concreta...
4. Contraste Verdad de Fe - realidad de vida.
5. Llamada a exhortación a ponerse en orden al amor.

 Dar Pautas requiere estar durante todo el día con una escucha muy atenta a Dios y a las personas a las que me dirijo. Es labor de ir guardando y meditándolo todo en el corazón.

 Dar Pautas es un medio hacer discípulos, para enseñar a guardar todo lo que Jesús nos ha mandado. Mt. 28,20.

 Las Pautas van directamente a la conversión y santificación de los oyentes, esto es, de ir transformando a las personas en otros cristos. Por ello la temática es, fundamentalmente, un aspecto del pensar y sentir de Jesús... por eso hablaré según el déficit que capte a nivel personal y comunitario.

FUNDAMENTOS

 “Nuestra acción... es introducir, iniciar, acompañar y hacer progresar a los hermanos en la contemplación y asimilación de la Vida de Dios, para a su vez, propagarla y compartirla”.
Est. V.D. 89
 “Con el mismo amor paterno y materno de Dios y entrañable amor de María, acompañaremos la Palabra de Dios hast conseguir, en la medida de lo posible, que cada hombre la asimile, la experimente y la haga vida para gozarla y convivirla con el gozo y la felicidad del mismo Dios”.
Est.V.D.158

 “... pues habéis sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la Palabra de Dios viva y permanente.”

1Pe. 1,23

 “Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación...”

1Pe 2,2

 “Al nacer, 1,23, sigue el crecer, que también se debe a la Palabra de la que los cristianos se alimentan con avidez”.
Nota BJ 1Pe2,2