Jesús nos envía a predicar el Reino
Cuánto te agradezco, Jesús, que tú organices la misión por toda la provincia. Hasta entonces, los discípulos actuaban a tu lado; ahora los envías delante de ti.
Y hoy, tú estás vivo, resucitado, y también nos envías a nosotros. Tú vas delante en la misión.
Jesús nos llama a la misión
“En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce”.
¿También hoy me llamas a mí, Jesús?
Sí, también te llamo: eres parte de esta cadena de discípulos.
“Como el Padre me envió a mí, así yo os envío a vosotros, discípulos míos”.
“Los envió de dos en dos”.
Entiendo, Jesús, que nos envías en comunidad: es un signo del Reino, una misión compartida.
“Y les dio poder de curar”.
¡Qué alegría, Jesús! Cuando nos envías, tú nos das el poder y la autoridad para anunciar el Reino a todos, y el poder de tu Palabra, que cura todas las enfermedades físicas y psíquicas.
Les mandó que no llevaran nada para el camino: ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinturón, sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.
Cuánto te agradezco, Jesús, que nos envíes a la misión solo con lo necesario.
Un bastón, en el que podemos apoyarnos en ti, recibiendo tu autoridad para dar la Palabra y el poder de curar con ella.
Una sandalias misioneras que no se desgastarán en el camino porque llevamos la pasión de anunciarte y no nos desgastamos por dentro sino que al contrario nos fortalecemos.
Una sola túnica entiendo llevar un solo vestido de la humildad y sencillez en la misión que nos confías .
A lo largo de este camino misionero he experimentado que me basta tu Palabra para anunciarte, y he podido vivir de tu amor providente, porque nunca me ha faltado nada.
Gracias, Jesús, por esta misión que nos apasiona cuando vemos los milagros que realizas.
Y les dijo:
“Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar”.
Nos pides estabilidad, perseverancia e insistencia en dar la Palabra.
Pero si alguno no la recibe, también nos dices cómo actuar:
“Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan, al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies como advertencia para ellos”.
Es lo que tú has hecho en otros momentos, cuando no han creído en el poder de tu Palabra: te has ido a pueblos vecinos y cercanos donde sí te reciben.
Cuánto te agradezco la libertad de corazón que das a quienes escuchan tu Palabra y quizá no creen aún en ti; sé que esa semilla algún día germinará, como germinó en mí después de tantos años.
Los discípulos se fueron a predicar la conversión. Expulsaban demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban.
Así como los discípulos fueron a predicar llenos de alegría, así lo hago yo también cuando anuncio tu Palabra, porque voy en tu Nombre.
Soy más feliz cuando te reciben y acogen tu Palabra.
Reflexión – Papa Francisco
Solo bastón y sandalias. Nada de pan, ni dinero, ni alforja, ni otra túnica.
¡Curiosas indicaciones!
Tal vez podría detenerme a meditar en estos consejos que das a los discípulos que envías a predicar el Reino. Yo también pertenezco a tu Reino y, por ello, estos consejos son también para mí.
El bastón no es solo para apoyarse en los largos trayectos que esperan a tus discípulos. El bastón es también señal de autoridad y mandato.
Lo recomiendas porque puede ser la señal externa para que reconozcan a los tuyos como embajadores enviados de parte tuya.
Esto me recuerda una actitud importante del anunciador del Reino: la conciencia de ser enviado.
Las sandalias parecen un elemento importante para todo caminante. No se puede ir descalzo.
Las recomiendas porque permiten caminar con facilidad, sin lastimarse y con mayor rapidez.
Detrás del consejo de las sandalias puede estar la invitación a vivir la virtud del celo apostólico: esa pasión que impulsa a ir siempre por nuevos caminos, a caminar sin descanso, a no dejar de anunciar tu Reino.
Sandalias para la perseverancia en la evangelización.
Los otros elementos son aquellos que pides no llevar: ni pan, ni dinero, ni alforja, ni túnica de recambio.
Detrás de ellos se esconden mis necesidades más profundas y, por tanto, mis seguridades más inmediatas.
La enseñanza que me das es que confíe, que me abandone en tus manos y me deje guiar, proteger, alimentar y cubrir por tu providencia, que nunca abandona a quienes se ofrecen como colaboradores tuyos.
Que estos consejos que hoy me das me ayuden a ser un mejor discípulo de tu Reino y me capaciten para llevar tu amor allí donde más se necesite.
«Eso es lo que significa ser enviado:
seguir a Cristo y no lanzarnos por delante con nuestras propias fuerzas.
El Señor invitará a algunos de vosotros a seguirlo como sacerdotes y convertirse en “pescadores de hombres”.
A otros los llamará a la vida religiosa, a otros a la vida matrimonial, a ser padres y madres amorosos.
Cualquiera que sea vuestra vocación, os exhorto:
¡sed valientes, sed generosos y, sobre todo, sed alegres!».