martes, 3 de marzo de 2026

Si conocieras el don de Dios “Señor, dame de esa agua para no tener más sed”

"Dame  de Beber" 
Dice San Agustín: 
La oración es el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre 
La oración es un diálogo íntimo con la Palabra .Jaime Bonet
  Es el espacio donde aprendemos a escuchar a Dios y conocerlo 
 Dei Verbum 25 del Concilio Vaticano II, escuchamos a Dios al leer la Biblia porque se establece un diálogo de amor: hablamos a Dios cuando oramos y le escuchamos al leer sus Palabras
La Palabra de Dios es una declaración de amor 
Cuenta una historia que había en un pueblo una muchacha muy linda, que tenía dos pretendientes. Uno de ellos era trabajador, pero era tímido y callado. El otro, tenía roce social, amigos, era hablador y algo fanfarrón. Este último, siempre contaba a todos lo orgulloso que se sentía de ser el prometido de la mujer más hermosa del pueblo, y que pronto se casaría con ella. 
Sin embargo, luego de unos meses, la chica se casó con el pretendiente tímido y callado. Le preguntaron al pretendiente hablador qué había pasado. A manera de autocrítica contestó: “es que mientras yo me la pasaba hablando DE ella, él hablaba CON ella”.

¿No nos pasará lo mismo con el Señor? ¿No estaremos hablando DE Dios en vez de hablar CON Dios?
 Si no hablamos con Él, no podrá conquistar nuestro corazón, no nos seducirá su vida, ni su evangelio. 

¿Y porque tiene que ser esta oración a través de su Palabra?.
Leemos en Juan 1, 14: “Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros”. En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios (Juan 1, 1). 
Jesús ES la Palabra de Dios, la sabiduría de Dios, que viene del Padre y nos lleva al Padre. 
a través de la Palabra de Dios, llegamos al conocimiento profundo de Dios. 

La oración es un proceso, sólo se aprende a orar, orando. 
 Jesús es como ese enamorado que insiste una y otra vez hasta que le abramos la puerta. 
Él nos está esperando. 
Él da el primer paso, es Él quien sale a nuestro encuentro.

 La oración tiene su propio   dinamismo, la Palabra que leemos, oramos, y meditamos, actúa sobre nosotros. 
La Palabra es viva y eficaz Hb.4,12
I.Para orar necesitamos un ambiente de 
PREPARACIÓN:
Busca un lugar, separa tu horario,  pide  fe, abriéndote a su presencia, con confianza.
 Acalla todos los ruidos exteriores e interiores (que son los más difíciles).  empiesa el día con el Señor, que su Palabra oriente todo tu día.

ESCUCHA. 
 a Dios se le escucha con el corazón. Acoge su Palabra con fe. Escucha el plan de Dios para con tu vida. Recuerda que Él es el Maestro, y que puede llevar la conversación por donde Él quiera hablar contigo: ¡de eso se trata!.

 Meditación de la Palabra .
  Consiste en dialogar cariñosamente con el Señor. 

Una buena asimilación genera convicciones. Lo que te diga el mismo Jesús, tiene mucho más peso que lo que te digan los demás,cuándo la Palabra genera convicciones en ti, Jesús te va enamorando, y va transformando tu vida.
VIVENCIA:
 Si nuestra oración no nos conduce a cosas concretas, sólo sería una linda poesía.
 Al orar, pregunta al Señor: ¿cómo hacer esto que me pides?  Aterriza en algo concreto  
Vivir la Palabra, no debe significar una obligación, sino que debe brotar como respuesta generosa al amor de un Dios que dio el primer paso y nos salió al encuentro.

ANUNCIO: Utiliza los minutos finales de tu rato de oración para pensar ¿cómo compartir aquella Palabra que el Señor te dirigió? ¿a quiénes? ¿cuál es el mejor momento? 
Ten por seguro que mientras Dios te vaya hablando, se te vendrán a la mente nombres de muchas personas que necesitan escuchar lo que Dios te está diciendo.
 La oración sólo se completa cuando se comparte. 
Práctica del dinamismo de la Palabra 
Encuentro de Jesús y la Samaritana.

La historia empieza ubicándonos en el lugar de los hechos, en una ciudad de Samaria, llamada Sicar. Hemos dicho que para orar, lo mejor es ponernos en el lugar de los protagonistas, y meternos en la historia. Podríamos cambiar esa introducción quizás de la siguiente forma: “Jesús llegó a un pueblo  Este llamado So Pobla , (era alrededor del mediodía 3, 30 pm . En plena siesta donde no encontramos a nadie y el recorrido del camino muy caluroso
Ubicados en el tiempo y en el espacio, es bueno presenciar al protagonista principal: 
Jesús. 
Dice la historia que Jesús, fatigado del camino se sentó junto al pozo
Contempla a Jesús y pregúntale: ¿Señor, por qué te has fatigado? ¿Será que se cansa de mi indiferencia? ¿Se estará cansando de que yo siempre le diga: “más tarde, Señor, ahora estoy ocupado”? Tal vez esté cansado, porque toda la semana te estuvo esperando para hablar contigo al menos 15 minutos. 
Escucha su respuesta.
 Sin embargo, por muy cansado que esté, Él sigue creyendo en tu vida y propicia un encuentro.
 Es más, Jesús ha deseado tanto encontrarse a solas con la samaritana, que envió a sus discípulos a la ciudad a comprar comida, Hoy también Jesús ha propiciado un encuentro contigo, ¡que sea a solas!

2.Ahora veamos al otro personaje: la Samaritana. 
Ella iba al mediodía, a pesar del calor, porque, como veremos más adelante, había cosas de su vida que le daban vergüenza, y prefería no encontrarse con nadie.
 Tal vez en tu vida también hay cosas quisieras ocultar; sin embargo, Jesús quiere encontrarse contigo para transformar tus defectos, tus debilidades, tus pecados.
 “Dame de beber”, 
en este contexto es una forma de romper el hielo. 
Ella buscaba agua y Jesús le pide agua; al pedirle exactamente lo contrario a lo que ella buscaba, logra sacarla de cuadro y llamar su atención. Sin embargo, la Palabra de Dios es viva, y mañana nos puede decir algo muy diferente de lo que dijo hoy.
 Si oramos esta misma cita en otro momento, ese “dame de beber”, de Jesús puede significar “mis hermanos tienen hambre y sed”, o “tengo sed de justicia”.

PREPARACIÓN: abrirse a la Palabra de Dios.
Actitud abrirse a Dios 
Tal vez la respuesta de la Samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?», no nos parezca muy amistosa, ni que se éste abriendo mucho a la presencia de Jesús
Sin embargo teniendo en cuenta el contexto, en que los judíos no se trataban con los samaritanos (algo así como palestinos e israelíes hoy en día), en el simple hecho de responder y seguir de la conversación ya le está dando entrada a Jesús. 
Si a lo anterior le sumamos, en esa época estaba mal visto que un hombre y una mujer conversaron solos en un lugar público, tal es la respuesta más lógica hubiera sido algo como: “¡sal de acá, judío!”. 
Si la mujer lo hubiera mandado a rodar, Jesús nunca hubiera podido transformar su corazón.
 Veremos cómo poco a poco, Jesús va cambiando la actitud de la mujer.
2 ESCUCHA: 
Escuchar atentamente el proyecto de Dios para tu vida.
«Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». Mientras que ella sólo buscaba agua, Jesús le ofrece mucho más: le ofrece agua viva.
 El proyecto de Dios siempre es mucho más grande que nuestros proyectos limitados.

Prestemos atención a lo que dice Jesús: “Si conocieras quién te pide de beber…”. 
Quizás nuestra primera reacción sea: “¡pero Señor, yo ya te conozco!”. ¿Estás seguro que conoces todo sobre un Dios que es infinito?
 En este momento necesitamos más humildad, de lo contrario cortamos la comunicación, Jesús no podría seguir hablándonos. Tampoco es humilde la actitud de: “esta cita ya la conozco, esa misma de todos los años”, etc. ¡dejemos que Jesús siga hablando!

Si conocieras QUIÉN ES el que te pide de beber…”:
 date cuenta QUIÉN ES el que te habla. Su consejo no es un consejo más entre los que te pueden dar el psicólogo,  tus amigos, etc. Jesús no es uno más entre ellos, Él es Aquel puede darte agua viva que calme tu sed de amor.

 ASIMILACIÓN: Meditar y dialogar, el plan de Dios, a través de su Palabra.
Luego de escuchar el plan de Dios para con su vida, empieza el proceso de asimilación. 
Aunque la samaritana siguió el diálogo educadamente; lo primero que hace es sacar todos sus “peros”: 

Señor, no tienes con qué sacarla: Muchas veces nosotros también pensamos el Señor no tiene con qué sacar de nuestro corazón las cosas que nos hacen daño, ni cómo llegar a nuestro corazón. Es una forma de decirle: “no creo que tengas lo que yo busco, o lo que yo necesito”.

El pozo es hondo: Señor, entiendo que tienes buena voluntad; pero mi dolor, mi tristeza, o mi pecado, es muy grande. ¿Queremos convencer al Señor que somos un imposible para Él?.

¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob?: 
Muchos han tratado de ayudarme y no han podido, ¿qué más puedes hacer tú?. 
O tal vez, signifique: “así lo hemos hecho siempre, porque tendríamos que cambiar nuestra forma de orar, nuestra forma de dirigirnos a Dios”.
Volviendo con historia de la samaritana, luego de soltar todos sus “peros”, se queda a escuchar la respuesta de Jesús. 
«Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed». 
¿En que fuentes estás buscando la felicidad? ¿Con qué agua estás tratando de saciar tu sed de amor? ¿Acaso es posible encontrar la felicidad permanente en un sinnúmero de felicidades pasajeras? ¿No te das cuenta que si sigues así nunca podrás saciar tu corazón y seguirás buscando eternamente? 
Nuestro gran error es buscar la felicidad en las cosas, en el dinero, en los títulos, en los honores, en las personas,  Aunque nos alegren en determinado momento, ninguno de ellos llena realmente nuestro corazón.
 decía San Agustín. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en ti”.

pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás». Nos diría Jesús: quien me encuentra, ya no tiene que buscar más. Te puede faltar dinero, salud, familia,  pero nunca te faltará paz, nunca te faltará el amor de Dios que llena tu corazón.

El agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.
No sólo calmarás tu propia sed, sino que serás como un manantial, donde brote el agua viva de Cristo, que puede a su vez llenar el corazón de los demás. Que puedan dar alegría y felicidad a tu familia, a tus vecinos, a tus compañeros,  etc. ¿Oye, pero no que las personas no podemos llenar el corazón humano?. Correcto. Es que no es con tu amor limitado, sino con el amor infinito de Dios, con el que puedes llenar de alegría felicidad y paz a los demás.

Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla, dice la samaritana. Señor, dame de tu amor porque mi corazón no tiene paz, porque mi corazón tiene sed, porque buscar cansa, desgasta y no tengo paz. Dame tu agua viva para que mi corazón descanse y no tener que seguir buscando.

Mirad  el dinamismo de la Palabra. 
Al principio la mujer estaba reacia a conversar con Jesús. 
Luego entra a la conversación aunque con muchas dudas, y finalmente termina pidiendo a Jesús que le dé el agua viva de la que le habló. 
Todo esto gracias a que escuchó su Palabra, la meditó y la asimiló. Vemos que la asimilación, la va convenciendo. 
Jesús podría haber terminado la conversación aquí; sin embargo Él no hace las cosas a medias, sino que le gustan las transformaciones profundas, y por ello va hasta el fondo de su corazón.

Llama a tu marido y vuelve acá. ¿A quién representa el marido? Aquí el “marido” representa a todo ello que es dueño de tu corazón. Pregúntate quién es tu marido. Puede ser el dinero, la belleza,los títulos  , las modas, el prestigio, tu  tu propio orgullo.

No tengo marido. 
Ya no sé a quién entregar mi corazón, porque todos me han fallado.
 Me sirvieron durante un tiempo, me dieron alegrías pasajeras, pero finalmente estoy vacía.

Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.
Prácticamente, le dice abiertamente lo que la mujer sentía, pero no quería admitir.
 ¿Por qué es que tratamos nuestros problemas con todos, menos con el único que realmente nos conoce, porque nos ha creado?

Señor, veo que eres un profeta. Se da cuenta que ésta con alguien que realmente la conoce, y la comprende mejor como nunca nadie la había comprendido.

Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo.
 Va aflorando una esperanza, un norte, hay alguien que no la va defraudar, hay alguien en que sí puede confiar. Cuando venga, nos lo explicará todo. 
Se da cuenta que aunque hay muchas cosas que ella no entiende, hay alguien una sabiduría superior que gobierna todas las cosas.

Jesús le dijo: «Yo soy, el que te está hablando». Ya no sigas buscando, convéncete que yo soy el que buscas, que yo soy el que te puede cambiar, transformar, y saciar la sed de amor que tiene tu corazón. 
Escucha mis Palabras porque son vida para ti, y para los demás. Con estas Palabras el Señor, como buen galán, la terminó de conquistar.

4.- VIVIR: La Palabra nos transforma en Cristo, Palabra viva.
El diálogo con Jesús, fue capaz de transformar el corazón de la mujer. 
Nos dice la Palabra que dejando su cántaro, corrió a la ciudad y llamó a la gente. 
El cántaro es el instrumento utilizado para sacar agua, por lo tanto aquí simboliza todas aquellas cosas a las que se aferraba, y con eso quería calmar su sed. 
Simboliza su vida antigua, sus miedos, sus complejos, sus temores, su dolor, su búsqueda, su sed. 
Soltar el cántaro, (que probablemente se rompería al caer), quiere decir dejar toda su vida anterior, y empezar una vida nueva transformada por Jesús.

Pregunta al Señor, ¿qué cántaro tienes que romper?

Analicemos la profundidad este cambio. 
Ella fue por agua, pero termina dejando el cántaro y el agua.
 Ella iba al mediodía porque le daba vergüenza encontrarse con la gente; sin embargo, va corriendo a la ciudad a llamar a la gente del pueblo. 
Es que la Palabra de Jesús le ha transformado completamente, y ya no le importan sus motivaciones anteriores.

Y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. 
El encuentro con Jesús le devuelve la dignidad, ahora ya aceptó su pasado, lo cuenta sin temor: Jesús le enseñó a aceptarse a sí misma.

5.- ANUNCIAR: Transmitir a Cristo con el ejemplo de vida y la Palabra.
La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»
La mujer salió corriendo de ahí, porque había encontrado el Amor que su corazón buscaba. 
Pero ese convencimiento sólo fue posible a través de un encuentro con Jesús, de escucharlo, de asimilar sus Palabras y de dejarse transformar por Él. 
Dijimos que no hay persona ni cosa que pueda llenar nuestro corazón; sin embargo la oración sí nos llena de una alegría tan grande, que DESBORDA nuestro propio ser, y por ello la necesidad de compartirla.

Sigue el ejemplo de la samaritana, que lo único que hizo por contar lo que Dios había hecho en su vida. (“Me ha dicho todo lo que he hecho”). 
Empieza por lo más sencillo, por cosas pequeñas. 
Puedes empezar hoy, compartiendo en casa un versículo, una Palabra sencilla que Él Señor haya hablado a tu corazón. 
 Tú puedes compartir a Cristo, HOY. Y también como la samaritana, llévalos a Cristo.

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las Palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»

¿Crees que tu experiencia o tu encuentro con Jesús no es importante, ni espectacular? 
Dios no te pide grandezas, sino cosas sencillas. 
Seguramente si estuviéramos en el lugar de la samaritana, lo hubiéramos pensado un poco más, y no contaríamos lo que nos daba vergüenza, quizás contaríamos la historia de otra forma. 
Humanamente, a mí me parece que contó la parte más tonta de todo su encuentro con Cristo; sin embargo eso fue lo que a ella la convirtió, y lo que a ella le tocó el corazón.
 Y precisamente eso es lo que debes compartir. 
Si la samaritana hubiera pensado como yo, muchos de sus paisanos nunca hubieran conocido a Cristo. Gracias a su testimonio “tonto”, muchos creyeron en Él.

Y fueron muchos más los que creyeron en Él al oír su Palabra. Es que finalmente, la obra es que Él, la Palabra que cura y transforma es la de Él, no la nuestra.

Ya no creemos por tus Palabras; pues nosotros mismos lo hemos oído y estamos convencidos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.

 La samaritana hizo su parte, pero finalmente ellos tuvieron que hacer su parte: tener su propio encuentro, su propia escucha, su propia oración con la Palabra de Jesús.
 El testimonio de los demás es una ayuda, pero para creer en Cristo, hay que tener un encuentro personal, que es el que te invito a tener ahora diariamente a través de la Palabra.


Domingo III de Cuaresma. "DAME DE BEBER".Juan 4, 5-42.


Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: "Dame de beber" (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). 
La samaritana le contestó: "¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva".

La mujer le respondió:
"Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?".
 Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna".

La mujer le dijo: 
"Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla". 
Él le dijo: "Ve a llamar a tu marido y vuelve". 
La mujer le contestó:
 "No tengo marido".
 Jesús le dijo: "Tienes razón en decir 'No tengo marido'. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad".

La mujer le dijo: 
"Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén". 
Jesús le dijo: 
"Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos.
Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.

La mujer le dijo:
 "Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo".
 Jesús le dijo: "Soy yo, el que habla contigo".

En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?".
 Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el mesías?". Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.

Mientras tanto, sus discípulos le insistían: "Maestro, come". Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen". 
Los discípulos comentaban entre sí: "¿Le habrá traído alguien de comer?". Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna.
De esto es verdadero el dicho: 'Uno es el que siembra y otro el que cosecha'. 
Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto".

Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: 'Me dijo todo lo que he hecho'. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo".

Reflexión.

Nuestro corazón está sediento. Es la sed más grande que el hombre pueda tener. En ocasiones, desafortunadamente, buscamos apagarla con momentos de desenfreno y entrega a las pasiones. Pero una vez que han pasado, nos percatamos que todo sigue igual. La sed de nuestro corazón no puede ser satisfecha por lo material. 
Esta sed va más allá de la superficialidad y apela a lo más profundo e íntimo de nuestro corazón.
 El hombre tiene un hueco con la forma de Dios y sólo Él lo puede llenar. 
Nuestra sed infinita puede ser saciada sólo por su amor infinito.

Así como Cristo conoce a la samaritana, de igual forma conoce a cada uno de nosotros.
 Cristo sale a nuestro encuentro y, al conocerlo, nos conmociona su amor hacia nosotros, el cual nos da vida y vida en abundancia. Al igual que la samaritana, renovemos nuestro estupor por su grande amor y llevemos a las personas a la fuente de agua que sacia la sed de nuestro corazón. «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (San Agustín).

«Dame de beber es lo que pide el Señor y es lo que nos pide que digamos nosotros. Y al decirlo, le abrimos la puerta a nuestra cansada esperanza para volver sin miedo al pozo fundante del primer amor, cuando Jesús pasó por nuestro camino, nos miró con misericordia, y nos eligió y nos pidió seguirlo; al decirlo recuperamos la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los nuestros, el momento en que nos hizo sentir que nos amaba, que me amaba, y no solo de manera personal, también como comunidad».

(Homilía de SS Francisco, 26 de enero de 2019).

lunes, 2 de marzo de 2026

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.Lc 6, 36-38.


Lunes II de Cuaresma.

¿Qué significa tener un corazón compasivo?
Tener un corazón compasivo significa poseer una profunda sensibilidad emocional ante el sufrimiento propio y ajeno, combinada con un deseo sincero y una acción concreta para aliviarlo o prevenirlo.
Va más allá de la empatía; implica identificación con el dolor, bondad, solidaridad y un compromiso activo sin esperar nada a cambio.
Sensibilidad y empatía: Es la capacidad de percibir y conectar con la angustia o necesidad de los demás, tolerando incluso emociones incómodas.
Acción de alivio: No se limita a sentir lástima, sino que impulsa a actuar para remediar, ayudar o consolar a quien sufre.
Compromiso desinteresado: Implica un enfoque de servicio, apoyo en el entorno laboral o personal y, a menudo, voluntariado.
Aceptación y cero juicio: Incluye la capacidad de no juzgar a la persona que sufre.
Así es tu corazón, Jesús, compasivo; y a esto nos invitas: a ser compasivos como el Padre.
Un corazón compasivo no juzga, no condena, perdona y es generoso.
“Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida y rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros”.
Este es tu deseo, Jesús: que nuestro corazón sea como tu propio corazón, un corazón compasivo.
Ser generosos y siempre dar 
Qué no tengamos otra medida que la del amor desbordante con quien más lo necesite .

Reflexión – Papa Francisco
Tu palabra es luz para mi corazón, y hoy me explicas cómo deseas que sea, cómo esperas que viva el amor con mis hermanos.

Tus palabras, breves y al mismo tiempo claras, son un programa de vida para mí. ¡Cuánto me cuesta a veces recordarme y decirle a mi corazón que primero va la compasión hacia los demás, antes que juzgarlos, antes que condenarlos!

Compasión y perdón. 
A veces guardo en mi corazón juicios sobre otras personas y hago condenas que no corresponden a la verdad; incluso lo comparto con los demás, haciendo daño a mi prójimo con mis palabras. Hasta pueden ocasionarse peleas por esto.

Tú eres ejemplo de compasión y de perdón hacia mí, hacia cada uno de mis hermanos y hermanas. A ti quiero contemplarte en la cruz, entregado, amando hasta el extremo por compasión hacia nosotros, para perdonar nuestros pecados. Quiero aprender cada vez más de ti.

No es fácil compadecerse de quien te hace mal, de quien no comprendes en su forma de actuar; por eso te pido fuerza y fe, una gracia especial para amar a mis hermanos.
Quiero dar a los demás como nos recomiendas en este Evangelio:
  “Dad y se os dará”. 
Me motivan tus palabras cuando me hablas de generosidad, de una medida rebosante.
Medito en este consejo que me das:
La medida que uséis, la usarán con vosotros”.
¡Jesús, así quiero que viva mi corazón, lleno de amor!
Cuando el corazón se endurece, se olvida la gracia de la salvación, se olvida la gratuidad.
 El corazón duro lleva a las peleas, lleva a las guerras, lleva al egoísmo, lleva a la destrucción del hermano, porque no hay compasión.

Y el mensaje de salvación más grande es que Dios ha tenido compasión de nosotros. 
Esa frase del Evangelio, cuando Jesús ve a una persona o una situación dolorosa: ‘tuvo compasión de ellos’. Jesús es la compasión del Padre”.

domingo, 1 de marzo de 2026

SEÑOR QUE BIEN SE ESTA AQUI


            LA TRANSFIGURACION




Hoy Jesús nuevamente nos encontramos aquí en la montaña solos  en el tabor  capilla del pesebre de Siete Aguas y nos haces participar de esta relación íntima con el Padre 

Transfigúrame,Señor, transfigúrame.

Quiero ser tu vidriera,

tu alta vidriera azul transparente  que irradie tu gloria en mi ,tu luz,tu amor Resucitado.

        !SEÑOR QUE BIEN SE ESTA AQUI!

 conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús

-«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:

-«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.(Mc 9,2-10)

Señor, ¡qué bien se está aquí!

Ciertamente, Pedro, en verdad

¡ qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí!, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.(Anastacio Sinaíta,obispo )

 El estar asolas contigo aquí en la montaña de la capilla del pesebre experimento lo mismo y puedo decir cómo Pedro que bien se está aquí  que bien se está contigo Jesús,  experimento paz, alegria, amor y es lo que le pasa a mucha gente cuando viene a la montaña de Siete Aguas en nuestro querido poblado donde hay 9 capillas y se encuentran contigo, pueden decir lo mismo que bien se está aquí .

En estos días han estado 160 jóvenes y vendrá la pascua dónde todo este poblado estará lleno de hijos de Dios y   que distinto es  cuando vienen a como se van,sus rostros son  resplandecientes,felices.Y es que la alegría más grande es estar contigo Jesús, buceando en las profundidades del corazón, mar adentro y poder

 presenciar tus maravillas  haciéndonos participes de estos diálogos íntimos con el Padre y vemos esa belleza espiritual en ti.Y es que la oración nos transfigura cuando escuchamos 

 la voz del Padre que dice Tu eres mi hijo amado escuchadle

Y después que ?

hay que bajar de la montaña  y vivir la realidad que nos toca vivir realizando la misión que nos has confiado esa misión donde encontramos que tú sigues padeciendo,sufriendo en muchos hermanos que no te conocen y hemos de anunciarles la Buena Nueva del encuentro contigo y llevarles a una experiencia del tabor en la montaña.

Que hermosa misión la que nos confías .Y que bien se está aquí.

 

 

Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas:


Domingo II de Cuaresma
Mateo 17, 1-9
«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto»

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta.
¡Qué regalo tan grande, Jesús, ser uno de tus amigos íntimos! Nos invitas a estar a solas contigo; nos llevas a la montaña, un lugar lleno de silencio y de presencia de Dios. Nos invitas a orar.
La oración es don, es llamada, es iniciativa tuya, y en nosotros es respuesta.
Hoy, Jesús, como los discípulos, oras delante de mí y te percibo en una oración contemplativa. Tu rostro resplandece, se transforma; nos transmites una experiencia única e irrepetible.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Los discípulos se quedan perplejos. 
Es una experiencia que humanamente no se puede expresar; solo se puede decir: ¡Qué bien se está aquí!
Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bien se está aquí!».
Yo también te digo, Señor: ¡qué bien se está en tu presencia!
Y así como Pedro te dijo:
«Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»,
yo te diría: si quieres, hacemos tres tiendas: una para ti, otra para el Padre y otra para el Espíritu.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo».
Sí, es la voz del Padre que nos dice que te escuchemos a ti, que te sigamos. Tú eres el Hijo predilecto del Padre.
Y hoy también me lo dices a mí.
Y nos lo dices a cada uno de tus discípulos amados.
¡Qué hermoso formar parte de esta comunidad de discípulos que podemos orar, escucharte y amarte!
Gracias, Jesús, por esta experiencia a solas contigo, donde podemos disfrutar de tu amor y dejar que transformes nuestro corazón, ensanchando la tienda para amar a todos como hijos de Dios y hermanos.
Que de tu mano, Jesús, Maestro de oración, nos lleves a esta experiencia con el Padre, que nos dice: tú eres mi hijo amado, en quien me complazco.

Reflexión – Papa Francisco
Subir contigo a la alta montaña, ver que me tomas aparte contigo y con tus tres apóstoles…
De primeras, estoy con la inquietud: ¿a dónde vamos?, ¿qué vamos a hacer?
Y de pronto, una experiencia fuerte de tu presencia en mi interior, frente a ti.
Sé que no soy una persona mística, pero sé que también quieres manifestarte a mí.
Quiero ser una persona atenta para verte transfigurado delante de mí: verte en tu grandeza, ver tu rostro resplandeciente, verte lleno de luz.
Escucho la voz del Padre:
«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo».
Y me siento con mucha seguridad porque voy de tu mano, y como Pedro te digo: «Hagamos tres tiendas», para quedarnos aquí contigo.
¡Qué hermoso es orar! Porque orar es estar contigo, Jesús, y eso es acercarme al cielo y ver desde tus ojos mi vida y el camino que aún me falta por recorrer.
Que quien me vea, vea el reflejo de tu corazón transfigurado.
«Transformados por la presencia de Cristo y por el ardor de su palabra, seremos signo concreto del amor vivificante de Dios para todos nuestros hermanos, especialmente para quien sufre, para los que se encuentran en soledad y abandono, para los enfermos y para la multitud de hombres y de mujeres que, en distintas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia.
En la Transfiguración se oye la voz del Padre celeste que dice: “Este es mi Hijo amado, ¡escuchadle!”».

jueves, 26 de febrero de 2026

"Buscad y encontraréis llamad y se os abrirá" Mt 7, 7-12

26 Feb. 2026
Jueves I de Cuaresma

1. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten
Jesús, muchas gracias por mostrarnos en ti un corazón generoso, que desborda en darnos todo lo que te pedimos. Hoy nos dices:
«Pedid y se os dará».
¡Cuánto te he pedido y cuánto más he recibido! Porque sencillamente sabes lo que necesitamos; sabes cómo está nuestro corazón.
Y cuántos no te conocen, y por eso viven como mendigos necesitados de amor, de paz y de alegría. Pero basta un pequeño acto de fe para buscarte, y tú mismo nos lo dices:
«Buscad y encontraréis».
Cuando nos decidimos a buscarte y te hemos encontrado, es porque tú ya te has adelantado; la iniciativa viene de ti. En el hombre siempre es una respuesta.
Pero quizás nos pasa muchas veces que te buscamos fuera: en las actividades, en las personas, en las cosas buenas del mundo; pero en realidad donde te encontramos es dentro de nosotros mismos, donde tú habitas.
¡Ojalá todos los que te buscamos te encontremos y no sea demasiado tarde para amarte!
Como dice San Agustín:
«¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí y yo fuera,
y por fuera te buscaba; y deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Me retenían lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume y respiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y siento hambre y sed de ti;
me tocaste y me abrasé en tu paz».
«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» 

Y eres tú, Jesús, quien te adelantas y nos llamas; nos hablas rompiendo nuestra sordera.
Necesitamos escuchar tu voz, porque tú hablas, tú respondes a todas nuestras necesidades:
«Llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre».
Si alguno de vosotros le pide pan a su hijo, ¿le dará una piedra? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente?
Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan!

En resumen: tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

Yo te pido, Jesús, que me regales un corazón generoso en amar; en tratar bien a los que me rodean como tú me tratas, porque me tratas muy bien; en ser tolerante y paciente; en ser humilde para pedir perdón si he ofendido al otro, muchas veces sin mala intención.

Te pido poder vivir el Reino, porque este es tu deseo: vivir el Reino aquí en esta tierra, en el lugar donde estamos, y proclamarlo, anunciarlo, porque el Reino de Dios ya está entre nosotros.
El Reino no es un acontecimiento futuro espectacular ni un lugar físico concreto, sino una realidad espiritual presente y actuante a través de ti.

El Reino eres tú, Jesús.
Que podamos crear ambientes fraternos, de paz, de perdón y de acogida, porque tú estás presente.
Tú eres el Reino entre nosotros.

2.«Pide y se te dará, busca y encontrarás, invócame, que estoy cerca».
(Papa Francisco)

"Tu corazón siempre está dispuesto a dar.
¿Pero qué das?
Das, sobre todo, tu Reino
es lo que nos enseñaste a pedirte: que te hagas presente tú mismo, con tu gracia y tu voluntad, en todo lo que necesitamos, pues eso nos basta.
Pedir lo que la misma Iglesia pide constantemente:
«¡Ven, Señor!»
«¡Que venga tu Reino!».
Y si pido, recibo; y si recibo, me invitas a dar: darte a ti y dar tu Reino.
Dar bondad, misericordia, perdón, caridad, ayuda, esperanza, cercanía y alimento.
Quiero responder también a quien me pide; quiero dejarme encontrar por quien me busca; quiero interceder por todos aquellos con los que comparto mi vida y toco sus necesidades.
Porque no soy yo quien se provee de tu Reino para extenderlo; eres tú quien me lo da todo, 
porque antes me has invitado a pedirlo.
¡Qué hermosa vida la de quien recibe de Dios y da en nombre de Dios lo que ha recibido!"

Pide y se te dará, busca y encontrarás, invócame, que estoy cerca”.Papa Francisco

Jesús conoce el corazón del discípulo 

¿Qué veías, Jesús, en tus discípulos, para decirles estas palabras?

No las dices a toda la multitud de personas, se las dices a los que te van siguiendo más de cerca. Sabías y conocías sus necesidades, sabías y conocías también sus temores para pedir, sus titubeos para confiar. Pero, finalmente sabías que sus corazones están llenos de experiencias y necesidades, sus vidas llenas de retos y dolores, su entorno y sus conocidos plagados de necesidades.

Y así ves nuestra vida hoy, y así nos vuelves a decir hoy: 

“Pide y se te dará, busca y encontrarás, invócame, que estoy cerca”.

Tu Corazón siempre está dispuesto a dar. 
¿Pero qué das? 
Das, sobre todo, tu Reino, es lo que nos enseñaste a pedirte. Que te hagas presente Tú mismo, tu gracia y tu voluntad en todo lo que necesitamos, pues eso nos basta. Pedir lo que la misma Iglesia pide constantemente: “¡Ven Señor!”. “¡Que venga tu Reino!”.

Y si pido, recibo y si recibo, me invitas a dar. Darte a ti y a dar tu Reino. A dar bondad, misericordia, perdón, caridad, ayuda, esperanza, cercanía, alimento…

Quiero responder también a quien me pide, quiero dejarme encontrar por quien me busca, quiero interceder por todos aquellos con los que comparto mi vida y toco sus necesidades. Porque no soy yo quien me proveo de tu Reino para extenderlo, eres Tú quien me lo das todo, porque antes me has invitado a pedirlo.

Qué hermosa vida la de quien recibe de Dios, y da a nombre de Dios lo que ha recibido.

«Hermana, hermano, ¿quieres una prueba de que Dios ha tocado tu vida? Comprueba si te inclinas ante las heridas de los demás. Hoy es el día para preguntarnos: “Yo, que tantas veces recibí la paz de Dios, que tantas veces recibí su perdón y su misericordia, ¿soy misericordioso con los demás? Yo, que tantas veces me he alimentado con el Cuerpo de Jesús, ¿qué hago para dar de comer al pobre?”. No permanezcamos indiferentes. No vivamos una fe a medias, que recibe, pero no da, que acoge el don, pero no se hace don».

(S.S. Francisco, Homilía del 11 de abril de 2021).