domingo, 12 de abril de 2026

El Resucitado nos invita a tener experiencia de su Amor Misericordioso.Juan 20, 19-31.

Jesús nos cura de la herida de la incredulidad 

Jesús le dijo a Tomás: 
"Aquí están mis manos; acerca tu dedo.
 Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". 
Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". 
Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto.

 " Sin las llagas de Cristo santo Tomás apóstol jamás hubiera creído.
Todo lo que hace Cristo lo hace para nuestro bien, y el bien de santo Tomás fue meter los dedos en la mano de Cristo, fue meter la mano en el costado de Cristo para poder decir: ¡Señor mío, Dios mío! Sólo así Tomás se convirtió en creyente.
Yo soy otro Tomás; en este día Cristo me regala su costado abierto para que meta mi mano y pueda reconocerlo como mi Señor y mi Dios. 
No debo de tener miedo a tocarlo; no debo tener miedo de experimentar los frutos del amor de Dios, porque las llagas de Cristo solamente son el resultado del amor infinito de Dios que me tiene. 
No debo temer hacer la experiencia del amor de Cristo y confesar el amor que me tiene y el amor que le tengo.

¿Qué espero para meter mi mano en su costado? ¿Qué espero para hacer la experiencia del amor de Cristo y gritar que Él es mi Señor, que Él es mi Dios

Doy gracias a Dios por todo lo que hace por mí, porque todos los días se me aparece con su costado abierto y me dice,
 "Ven aquí"; porque todos los días puedo hacer la experiencia de su amor.

«Jesús nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tomás, para sanar nuestra incredulidad. 
Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, que es el misterio de su amor misericordioso».
papa Francisco

viernes, 10 de abril de 2026

"Es el Señor." Juan 21, 1-14.

Encuentro con sus amigos ,Junto al lago de Tiberíades. 
" Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "También nosotros vamos contigo". Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
 Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. 
Jesús les dijo: 
"Muchachos, ¿han pescado algo?". Ellos contestaron: "No". Entonces él les dijo: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces". 
Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados. 
Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: 
"Es el Señor". 
Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros. Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar". Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: "Vengan a almorzar". 
Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: '¿Quién eres?', porque ya sabían que era el Señor. 

Reflexión.

"Voy a  pescar" - dijo Pedro.
 Casi se puede escuchar el tono de alguien que regresa a la rutina, en donde se hace lo que se tiene que hacer porque se tiene que hacer y nada más.
Parece que Pedro experimentó el aburrimiento del hombre que ha estado en la cima de una montaña y ha contemplado el paisaje; y ahora se tiene que contentar con ver ese mismo paisaje en una fotografía.

Voy a pescar, es decir, vuelvo a mi trabajo, vuelvo a hacer lo que en sí me gusta hacer pero... ya no es lo mismo... no encuentra el sentido.

Pedro había conocido a Cristo. Vivió con Él, comió junto a Él; lo escuchó..., lo traicionó, lo amó; era su amigo. 
De repente se ve sin Él, se ve sin el amigo que a su vida le dio sentido; el amigo que alguna vez le dijo: "desde ahora ya no solo serás pescador sino que serás pescador de hombres..., 
uno de los apóstoles, mi discípulo, mi amigo."
"Es el Señor". Pedro no piensa nada, simplemente actúa y lo primero que hace es dirigirse hacia lo único que le hace falta, hacia lo único importante..., se dirigió hacia el Amigo.
De la nada, la rutina de la vida desaparece. 
El aburrimiento se olvida.
 No es una fotografía..., es el verdadero paisaje.

Esto es lo que significa la resurrección. La vida verdaderamente cobra un sentido; aparece un horizonte hacia dónde dirigir la vida. Un horizonte que tiene un nombre específico:
Cristo

«El relato se sitúa en el marco de la vida cotidiana de los discípulos, que habían regresado a su tierra y a su trabajo de pescadores, después de los días tremendos de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Era difícil para ellos comprender lo que había sucedido. 
Pero, mientras que todo parecía haber acabado, Jesús va nuevamente a "buscar" a sus discípulos. Es Él quien va a buscarlos.
Esta vez los encuentra junto al lago, donde ellos habían pasado la noche en las barcas sin pescar nada. 
Las redes vacías se presentan, en cierto sentido, como el balance de su experiencia con Jesús: 
lo habían conocido, habían dejado todo por seguirlo, llenos de esperanza... 
¿y ahora? Sí, lo habían visto resucitado, pero luego pensaban: "Se marchó y nos ha dejado... Ha sido como un sueño...».
papa Francisco


jueves, 9 de abril de 2026

Pensaron que era un Fantasma Lucas 24, 35-48.

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
 Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".

 Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo:
 "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo:
 "¿Tienen aquí algo de comer?". Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos. 
Reflexión.
Una de las experiencias más enriquecedoras que podemos tener, como seres humanos, es el poder experimentar la verdadera paz en el corazón, una paz que nos da serenidad, tranquilidad, alegría, goce; pero que a su vez es una paz difícil de encontrar.
Muchas veces nos parece ajena, imposible en los momentos de dificultad, sentimos temor, nos encontramos desconcertados como lo estuvieron también los apóstoles, nos surgen preguntas, ya que no tenemos las seguridades humanas y, por tanto, no sabemos qué sucederá.

Ante estos momentos, de incertidumbre o de pérdida de paz, 
el Señor hoy nos quiere mostrar dos maneras de vivir que nos pueden ayudar.
 En primer lugar,hay que poner en práctica la visión sobrenatural de fe, lo cual quiere decir que, si Jesucristo murió y resucitó por cada uno de nosotros, Él es la fuente de la paz;
 lo único que tenemos que hacer es confiar más en Él pues su muerte es redención de aquello que nos quita la paz, el pecado.

En segundo lugar, para no perder la paz, tenemos que conservar en todo momento la esperanza, pues por Dios hemos sido creados y, por ende, nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Él como nos enseña san Agustín.

"La paz os dejo, mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da" (Juan 14, 27).

«En la Cruz, ha cargado con todo el mal del mundo, también con los pecados que generan y fomentan las guerras: la soberbia, la avaricia, la sed de poder, la mentira... 
Jesús ha vencido todo esto con su resurrección. 
Cuando se apareció en medio de sus amigos les dijo: 
"Paz a vosotros" (Jn 20,19.21.26). Nos lo repite también a nosotros aquí, en esta noche:
 "Paz a vosotros". 
Sin ti, Señor, vana sería nuestra oración y engañosa nuestra esperanza de paz. Pero tú estás vivo y obras para nosotros y con nosotros; tú, nuestra paz».

(Homilía del papa Francisco, 23 de noviembre de 2017).

miércoles, 8 de abril de 2026

Lo reconocieron al partir el pan."Lucas 24, 13-35.

Experiencia de los discípulos de Emaús 

 "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció.
 Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!".
 Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón".
 Entonces ellos contaron lo que les ha­bía pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión.

Podemos vivir la Semana Santa y el Domingo de Resurrección, como si nada importante haya pasado. Podemos continuar viviendo como estamos acostumbrados, pero todo lo que pasó no es un cuento para asustarnos, es un hecho verdadero lleno de amor.

Cristo ha padecido, ha muerto y ha resucitado, pero se ha quedado junto a nosotros en la Eucaristía, 
que es el lugar donde reconocemos su victoria sobre la muerte.
 Cristo Eucaristía es Cristo vivo, es Cristo resucitado.

Un cristiano que sabe que Cristo está presente en la hostia, no puede ser un cristiano triste, pues un santo triste es un triste santo. La Eucaristía es signo de alegría, de paz y de amor.
 Vemos en este pasaje sobre los discípulos de Emaús, que fue en el momento de partir el pan, cuando reconocieron a Cristo.

Su tristeza pasó a ser una gran alegría, tanto así que, en ese momento, regresaron a Jerusalén para transmitirles a los apóstoles aquello que habían vivido.

Nosotros, después de haber vivido la Pascua, y saber que Cristo Eucaristía ha llenado mi corazón de alegría, ¿estamos transmitiendo aquello que vivimos en la Vigilia Pascual? 

No dejemos pasar esta Pascua sin recordar en cada momento que la Santa Eucaristía es la garantía del amor de Dios hacia nosotros.

«Partir: 
esta es la otra palabra que explica el significado del "haced esto en memoria mía".
 Jesús se ha dejado "partir",
se parte por nosotros.
 Y pide que nos demos, que nos dejemos partir por los demás. Precisamente este "partir el pan" se ha convertido en el icono, en el signo de identidad de Cristo y de los cristianos. 
Recordemos Emaús: lo reconocieron "al partir el pan". Recordemos la primera comunidad de Jerusalén: "Perseveraban [...] en la fracción del pan". Se trata de la Eucaristía, que desde el comienzo ha sido el centro y la forma de la vida de la Iglesia».
(Homilía del papa Francisco, 26 de mayo de 2016).

EXPERIENCIA DE MISERICORDIA CON EL RESUCITADO

Se levantaron y volvieron a Jerusalén”
Los dos discípulos de Emaus experimentando el amor de Jesús se levantaron y volvieron a Jerusalén. 
 La misericordia: 
Significa levantarse, significa volver a la casa del Padre , volver a Jerusalén, es experimentarse amado, pero no solamente esto , es dejar entrar en nuestro corazón la vida nueva, la vida del resucitado. 
 Después de haber desandado el camino que parecía un retroceso; en la experiencia personal con Jesús él nos acompaña, para darnos sentido a todo lo vivido, para resucitar todo lo que en nuestro corazón no está vivo.
 Lo único que hace resucitar un corazón apagado es el amor de Cristo es el amor que va iluminando cada paso en el camino.
 Porque el amor de Jesús es como lámpara que alumbra nuestro caminar,es el amor que ilumina nuestras experiencias y las transforma dándoles un sentido nuevo. 
 Esto ha sido la misericordia de Jesús, adaptarse a cada uno de los discípulos a la situación concreta a la que estaban viviendo.
Sea la decisión que tomemos Jesús acoge libre mente nuestras decisiones , saliendo a nuestro encuentro , curándonos con su Palabra, nuestras desesperanzas, desánimos, pesimismos, soledades .
 La misericordia de Jesús hace que reemprendamos el camino ya no como vivíamos antes, sino resucitados, viviendo ya la vida nueva.
 Gracias Jesús por el regalo de esta vida nueva, que no viene por nuestros meritos, ni por nuestras buenas obras, sino porque tú muriendo en la cruz, el Padre te resucitó y con tu resurrección todos estamos llamados a resucitar. 
 “Se levantaron y volvieron a Jerusalén”
resucitados porque el Resucitado ya vivía en su corazón. 
Y esta es la misericordia que Jesús ha tenido con nosotros,  que ya no vivimos solos,  sino que vivimos en una eterna compañía  con el que vive .
Entonces podemos volver a Jerusalén donde estás tú esperándonos en cada hermano,  en la comunidad,  en las personas que no conocen esta experiencia y nos invitas a comunicarla.LevJEP

domingo, 5 de abril de 2026

Encontré el Amor que buscaba . Mateo 28, 1-10.

Experiencia de las dos Mujeres
            Ha Resucitado
"El primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.
 De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. 
Su rostro brillaba y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
 Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. 
El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado
como lo había dicho.
 Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. 
Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. 

Reflexión.

El corazón de estas dos mujeres estaba inquieto, querían ver al Señor. 
Corriendo de mañana, y a toda prisa, van buscarlo. 
El corazón del hombre está inquieto, pues tiene sed de Dios.
 Y no lo encontrará a menos de que se ponga en marcha, a menos de que lo busque.
 Estas mujeres salen la primeras y lo encuentran resucitado, 
ahí encuentran la paz.
 Pero esta alegría no es para ellas, pues quien se ha encontrado con el Señor tiene la misión de llevarlo a los demás; de guiarlos y de conducirlos por el verdadero camino.

Los apóstoles, unos se habían quedado en casa, sentados, en la oscuridad, acongojados por la tristeza.
 Otros habían partido en busca de nuevas aventuras, como los discípulos de Emaús.
 Y es a ellos a quienes el Señor manda sus mensajeras para sacarlos de la tristeza y de la oscuridad. 
Ellas hubieran preferido quedarse ahí, adorando al Señor, contemplando su gloria, pero el Señor las envía con una misión muy grande. 
Llevar la luz a los necesitados.
  Hoy, el mundo está inquieto buscando la felicidad por todas partes. 
Unos al no encontrarla se quedan sentados en la oscuridad, otros la buscan en mil aventuras por caminos equivocados y con vanas esperanzas.
 Pero he ahí que nosotros la hemos encontrado y hemos contemplado el amor. 
Tal vez, porque hemos sido un poco más madrugadores y hemos tenido un poco de valentía. 
Pero sin duda, la hemos encontrado porque es Jesús quien ha salido a nuestro encuentro. 
Y es Él quien nos pide llevarlo a las periferias, donde falta el amor y donde se busca la felicidad equivocadamente en el placer o en el dinero.
 Es ahí donde nos manda para llevar la luz.

«Fue también la [nostalgia] que experimentó María Magdalena la mañana del domingo para salir corriendo al sepulcro y encontrar a su Maestro resucitado.
 La nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar. La nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometerse por ese cambio que anhelamos y necesitamos
La nostalgia de Dios tiene su raíz en el pasado pero no se queda allí: va en busca del futuro. Al igual que los magos, el creyente “nostalgioso” busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera el Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar».

(Homilía del papa Francisco, 6 de enero de 2017).

viernes, 3 de abril de 2026

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42.



Apresaron a Jesús y lo ataron
Llevaron a Jesús primero ante Anás.
Mi Reino no es de este mundo.
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. 
Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?». 
Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído». Pilato les dijo: «Pues llévenselo y júzguenlo según su ley».
 Los judíos le respondieron: «No estamos autorizados a dar muerte a nadie». 
Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. 
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
 «¿Eres Tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: 
«¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?». 
Pilato le respondió: «¿Acaso soy yo judío? 
Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí.
  ¿Qué es lo que has hecho?». Jesús le contestó: «Mi Reino no es de este mundo.
Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí».

" Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!», y le daban de bofetadas. 
Pilato salió otra vez y les dijo: «Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa». Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre»

En este Viernes Santo, me quisiera detener a meditar en las palabras que Pilato pronuncia cuando presenta a Cristo después de ser flagelado, con una corona de espinas y un manto color púrpura: «Aquí está el hombre». 
Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.
 En los Evangelios vemos que Juan el Bautista lo reconoce como el cordero de Dios «Ecce agnus Dei», nos revela su naturaleza divina; en cambio Pilato lo reconoce como verdadero hombre «Ecce homo», y nos revela su naturaleza humana.

La pregunta que me surge en este momento es: 
¿Por qué Pilato lo reconoce como verdadero hombre bajo ese aspecto? 
Pues sabemos que Juan lo reconoció mientras estaba bautizándolo.

Cristo, flagelado, es la imagen del hombre herido por el pecado.
 No tiene apariencia humana, es una llaga de pies a cabeza y es una llaga de puro amor.
 Sabemos que toda herida, toda llaga deja una marca difícil de borrar. 
Cristo sufre por mí y me muestra las consecuencias del pecado en mi vida. 
Es el hombre quien le causa semejante daño a Cristo, pero también es el hombre quien sufre. Jesús conoce el sufrimiento de cada hombre y toma sobre sí todo el peso, todo el sufrimiento sólo por amor. 
Dios no es indiferente ante el dolor del hombre, Él mismo decide sufrir con nosotros y por nosotros. Sufrir por amor muestra la grandeza y veracidad de ese amor.
 «No hay amor más grande, que aquel que da la vida por sus amigos». (Jn 16,14)

Tomemos conciencia de que Jesús sufre por mí y me dice: «Esto es lo que hace el pecado en tu alma y lo que me haces a mí, pero mira que todo esto lo acepto y lo sufro sólo por amor a ti. Aunque me hayas ofendido y me sigas ofendiendo, nunca te dejaré de amar y cada vez te amaré más».

Yo sólo le puedo decir: «soy el culpable de este aspecto que tienes. 
Soy yo quien te hirió, te escupió, quien se burló de Ti, quien te ofendió. 
Te pido perdón por lo que te he hecho y te pido me ayudes a nunca más volverte a ofender»..

«Señor, ¿quién es el hombre para que de él te acuerdes, para que te hagas semejante a él?» (Salmo 8).

«¿Cuándo Jesús se ha revelado rey? 
¡En el evento de la Cruz! Quien mira la Cruz de Cristo no puede no ver la sorprendente gratuidad del amor. 
Alguno de vosotros puede decir: “ esto ha sido un fracaso!”. Es precisamente en el fracaso del pecado —el pecado es un fracaso—, en el fracaso de la ambición humana, donde se encuentra el triunfo de la Cruz, ahí está la gratuidad del amor. 
En el fracaso de la Cruz se ve el amor, este amor que es gratuito, que nos da Jesús.
 Hablar de potencia y de fuerza, para el cristiano, significa hacer referencia a la potencia de la Cruz y a la fuerza del amor de Jesús: un amor que permanece firme e íntegro, incluso ante el rechazo, y que aparece como la realización última de una vida dedicada a la total entrega de sí en favor de la humanidad».
 papa Francisco