martes, 14 de abril de 2026

Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Juan 3, 7-15.

Jesús dijo a Nicodemo: «No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que nacer de lo alto’
El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. 
Así pasa con quien ha nacido del Espíritu».  
Reflexión.
"Jesús quiere regalarnos el cielo, pero para hacerlo nos pide renacer del agua y del Espíritu. 
Nicodemo se extraña ante esta petición. Nosotros, junto a Nicodemo, podemos preguntarle: ¿Cómo puede ser esto? O, ¿qué quieres decir, Señor?

Por el bautismo, ciertamente, morimos al pecado y nos volvemos hijos de Dios. Renacemos del agua, dando espacio al Espíritu Santo para que entre en nuestras almas y nos transforme en hombres nuevos, hombres según su corazón.
 Casi imperceptiblemente y en silencio, Dios obra en nosotros, gracias a la resurrección de Cristo, inspirándonos buenas acciones, dándonos la fuerza necesaria para hacer el bien, alentándonos en los momentos difíciles, sin abandonarnos ni un solo momento en la construcción del hombre nuevo.

Sin embargo, por las distracciones y tentaciones de lo pasajero, no siempre escuchamos o le dejamos hablar. 
Su inspiración y motivaciones caen en saco roto.
 Dios, que nos ama tanto, no se desanima.
 Aun cuando nos hacemos sordos a su voz y le damos la espalda, Él espera pacientemente que le escuchemos y le abramos nuestra mente y corazón y le cedamos libremente la dirección de nuestras vidas, pues como dice san Agustín: «Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti».

«“El viento sopla donde quiere y escuchas su voz, pero no sabes de dónde vienen ni a dónde va.
 Así es cualquiera que ha nacido del Espíritu”. 
Quien ha nacido del Espíritu escucha su voz, sigue el viento, sigue la voz del Espíritu sin conocer dónde terminará.
 Porque ha tomado la opción de la concreción de la fe y el renacimiento en el Espíritu.
 Que el Señor nos dé a todos nosotros este Espíritu pascual, de ir por los caminos del Espíritu sin compromisos, sin rigidez, con la libertad de anunciar a Jesucristo como Él vino: en carne».
papa Francisco

El Espíritu Sopla donde quiere. Jn 3, 8)

San Pablo VI, papa (s. XX) 
Hacer sitio al Espíritu
"El Espíritu sopla donde quiere», dice Jesús en su conversación con Nicodemo (Jn 3, 8). 
No podemos trazar pues, sobre el plan doctrinal y práctico, normas que conciernen exclusivamente a las intervenciones del Espíritu Santo en la vida de los hombres. Puede manifestarse bajo las formas más libres y más imprevistas: «jugaba con la bola de la tierra» (cf. Pr 8, 31);
  para los que quieren captar las ondas sobrenaturales del Espíritu Santo, hay una regla, una exigencia que se impone de modo ordinario:
  la vida interior. 
Dentro del alma es donde se encuentra con este 
huésped indecible: 
«dulce huésped del alma», dice el maravilloso himno litúrgico de Pentecostés. 
El hombre se hace «templo del Espíritu Santo», nos repite san Pablo (1Co 3, 16; 6, 19).
El hombre de hoy, y también el cristiano muy a menudo, incluso los que están consagrados a Dios, tienden a secularizarse.
 Pero no podrá, jamás deberá olvidar esta exigencia fundamental de la vida interior si quiere que su vida sea cristiana y esté animada por el Espíritu Santo. 

El silencio interior es necesario para oír la palabra de Dios, para sentir su presencia, para oír la llamada de Dios.
Hoy, nuestro espíritu está demasiado volcado hacia el exterior; no sabemos meditar, no sabemos orar; no sabemos acallar todo el ruido que hacen en nosotros los intereses exteriores, las imágenes, los humores. 
No hay en el corazón el espacio tranquilo y consagrado para recibir el fuego de Pentecostés.

  Hay que darle a la vida interior un sitio en el programa de nuestra ajetreada vida; un sitio privilegiado, silencioso y puro; debemos encontrarnos a nosotros mismos para que pueda vivir en nosotros el Espíritu vivificante y santificante,si no, 
¿cómo vamos a escuchar el testimonio que el Espíritu da a nuestro espíritu?
 (Cfr. Jn 15, 26; Rom 8, 7).

Nicodemo Buscador de la Verdad Juan 3,1-11

 Encuentro de Jesús y Nicodemo

Nicodemo recorre un camino de conversión.
¿ Quién era Nicodemo?
Era un hombre del partido fariseo,era una autoridad entre los judíos .
Un día decide buscar a Jesús de noche,reconoce que Jesús es Maestro ,reconoce las acciones que Jesús hace y que vienen de  Dios .
 el encuentro entre Jesús y Nicodemo permite descubrir bastante sobre la personalidad de Nicodemo.
 No se describe físicamente, pero sus acciones, preguntas y actitud revelan rasgos profundos.
1. Buscador sincero de la verdad
Nicodemo no se conforma con lo que ya sabe como maestro religioso. 
Aunque tiene formación y prestigio, siente que le falta algo y va a buscar a Jesús. 
Esto muestra una persona inquieta interiormente, abierta a aprender.

2. Inteligente y reflexivo
Era fariseo y miembro del Sanedrín, lo que indica preparación intelectual.
 En el diálogo con Jesús hace preguntas profundas, tratando de comprender el significado de “nacer de nuevo”.
3. Prudente, pero temeroso
Va de noche a ver a Jesús. Esto suele interpretarse como señal de cautela o miedo al juicio de otros líderes religiosos. 
No actúa impulsivamente; mide los riesgos.
4. Humilde para aprender
A pesar de ser maestro en Israel, acepta ponerse en posición de discípulo frente a Jesús. Esto revela humildad interior.
5. Honesto consigo mismo
No aparenta tener todas las respuestas.
 Reconoce sus dudas y las expresa. 
Una persona falsa habría fingido entender.
6. En proceso de transformación
Nicodemo no aparece como un hombre acabado, sino como alguien que está cambiando. 
Más adelante en el Evangelio lo vemos defendiendo a Jesús y finalmente ayudando en su sepultura. 
Su fe madura poco a poco 

En su dimensión espiritual
Representa a muchas personas que buscan una experiencia viva de Dios.
Pero pueden encontrarse con un conflicto interior de miedo,o de instalarse en lo que desde siempre cree
Nicodemo podría ser alguien así  con un conflicto interior entre:
lo que siempre creyó,
lo nuevo que descubre en Jesús,
el miedo social,
el deseo auténtico de verdad.
Pero ese conflicto no lo destruye; lo impulsa a crecer.
Y esto es lo que nosotros  podemos experimentar, miedo a la búsqueda de la verdad, miedo a creer .
¿Y tú eres Buscador
 de la verdad ?
¿Acojes está vida nueva en Jesús?
 En este encuentro con Nicodemo Jesús  nos invita a una auténtica conversión, nacer de nuevo .
¿Que significa nacer de nuevo?
 Jesús lo  declara con solemnidad es necesario nacer de nuevo para ver el reino de Dios, no se trata de un simple cambio o conversión, sino de hacer algo nuevo nacer de nuevo.
Gracias Jesús por entender que por tu Resurreccion,hemos nacido a una nueva vida ,no se trata de entender por la razón,sino de creer que  está vida nueva en la que hemos nacido, ha sido por tú entrega y muerte en una cruz por la que hemos sido salvados,
y ahora nos toca vivir como hombres y mujeres Resucitados .


domingo, 12 de abril de 2026

El Resucitado nos invita a tener experiencia de su Amor Misericordioso.Juan 20, 19-31.

Jesús nos cura de la herida de la incredulidad 

Jesús le dijo a Tomás: 
"Aquí están mis manos; acerca tu dedo.
 Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". 
Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". 
Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto.

 " Sin las llagas de Cristo santo Tomás apóstol jamás hubiera creído.
Todo lo que hace Cristo lo hace para nuestro bien, y el bien de santo Tomás fue meter los dedos en la mano de Cristo, fue meter la mano en el costado de Cristo para poder decir: ¡Señor mío, Dios mío! Sólo así Tomás se convirtió en creyente.
Yo soy otro Tomás; en este día Cristo me regala su costado abierto para que meta mi mano y pueda reconocerlo como mi Señor y mi Dios. 
No debo de tener miedo a tocarlo; no debo tener miedo de experimentar los frutos del amor de Dios, porque las llagas de Cristo solamente son el resultado del amor infinito de Dios que me tiene. 
No debo temer hacer la experiencia del amor de Cristo y confesar el amor que me tiene y el amor que le tengo.

¿Qué espero para meter mi mano en su costado? ¿Qué espero para hacer la experiencia del amor de Cristo y gritar que Él es mi Señor, que Él es mi Dios

Doy gracias a Dios por todo lo que hace por mí, porque todos los días se me aparece con su costado abierto y me dice,
 "Ven aquí"; porque todos los días puedo hacer la experiencia de su amor.

«Jesús nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tomás, para sanar nuestra incredulidad. 
Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, que es el misterio de su amor misericordioso».
papa Francisco

viernes, 10 de abril de 2026

"Es el Señor." Juan 21, 1-14.

Encuentro con sus amigos ,Junto al lago de Tiberíades. 
" Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "También nosotros vamos contigo". Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
 Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. 
Jesús les dijo: 
"Muchachos, ¿han pescado algo?". Ellos contestaron: "No". Entonces él les dijo: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces". 
Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados. 
Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: 
"Es el Señor". 
Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros. Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar". Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: "Vengan a almorzar". 
Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: '¿Quién eres?', porque ya sabían que era el Señor. 

Reflexión.

"Voy a  pescar" - dijo Pedro.
 Casi se puede escuchar el tono de alguien que regresa a la rutina, en donde se hace lo que se tiene que hacer porque se tiene que hacer y nada más.
Parece que Pedro experimentó el aburrimiento del hombre que ha estado en la cima de una montaña y ha contemplado el paisaje; y ahora se tiene que contentar con ver ese mismo paisaje en una fotografía.

Voy a pescar, es decir, vuelvo a mi trabajo, vuelvo a hacer lo que en sí me gusta hacer pero... ya no es lo mismo... no encuentra el sentido.

Pedro había conocido a Cristo. Vivió con Él, comió junto a Él; lo escuchó..., lo traicionó, lo amó; era su amigo. 
De repente se ve sin Él, se ve sin el amigo que a su vida le dio sentido; el amigo que alguna vez le dijo: "desde ahora ya no solo serás pescador sino que serás pescador de hombres..., 
uno de los apóstoles, mi discípulo, mi amigo."
"Es el Señor". Pedro no piensa nada, simplemente actúa y lo primero que hace es dirigirse hacia lo único que le hace falta, hacia lo único importante..., se dirigió hacia el Amigo.
De la nada, la rutina de la vida desaparece. 
El aburrimiento se olvida.
 No es una fotografía..., es el verdadero paisaje.

Esto es lo que significa la resurrección. La vida verdaderamente cobra un sentido; aparece un horizonte hacia dónde dirigir la vida. Un horizonte que tiene un nombre específico:
Cristo

«El relato se sitúa en el marco de la vida cotidiana de los discípulos, que habían regresado a su tierra y a su trabajo de pescadores, después de los días tremendos de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Era difícil para ellos comprender lo que había sucedido. 
Pero, mientras que todo parecía haber acabado, Jesús va nuevamente a "buscar" a sus discípulos. Es Él quien va a buscarlos.
Esta vez los encuentra junto al lago, donde ellos habían pasado la noche en las barcas sin pescar nada. 
Las redes vacías se presentan, en cierto sentido, como el balance de su experiencia con Jesús: 
lo habían conocido, habían dejado todo por seguirlo, llenos de esperanza... 
¿y ahora? Sí, lo habían visto resucitado, pero luego pensaban: "Se marchó y nos ha dejado... Ha sido como un sueño...».
papa Francisco


jueves, 9 de abril de 2026

Pensaron que era un Fantasma Lucas 24, 35-48.

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
 Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".

 Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo:
 "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo:
 "¿Tienen aquí algo de comer?". Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos. 
Reflexión.
Una de las experiencias más enriquecedoras que podemos tener, como seres humanos, es el poder experimentar la verdadera paz en el corazón, una paz que nos da serenidad, tranquilidad, alegría, goce; pero que a su vez es una paz difícil de encontrar.
Muchas veces nos parece ajena, imposible en los momentos de dificultad, sentimos temor, nos encontramos desconcertados como lo estuvieron también los apóstoles, nos surgen preguntas, ya que no tenemos las seguridades humanas y, por tanto, no sabemos qué sucederá.

Ante estos momentos, de incertidumbre o de pérdida de paz, 
el Señor hoy nos quiere mostrar dos maneras de vivir que nos pueden ayudar.
 En primer lugar,hay que poner en práctica la visión sobrenatural de fe, lo cual quiere decir que, si Jesucristo murió y resucitó por cada uno de nosotros, Él es la fuente de la paz;
 lo único que tenemos que hacer es confiar más en Él pues su muerte es redención de aquello que nos quita la paz, el pecado.

En segundo lugar, para no perder la paz, tenemos que conservar en todo momento la esperanza, pues por Dios hemos sido creados y, por ende, nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Él como nos enseña san Agustín.

"La paz os dejo, mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da" (Juan 14, 27).

«En la Cruz, ha cargado con todo el mal del mundo, también con los pecados que generan y fomentan las guerras: la soberbia, la avaricia, la sed de poder, la mentira... 
Jesús ha vencido todo esto con su resurrección. 
Cuando se apareció en medio de sus amigos les dijo: 
"Paz a vosotros" (Jn 20,19.21.26). Nos lo repite también a nosotros aquí, en esta noche:
 "Paz a vosotros". 
Sin ti, Señor, vana sería nuestra oración y engañosa nuestra esperanza de paz. Pero tú estás vivo y obras para nosotros y con nosotros; tú, nuestra paz».

(Homilía del papa Francisco, 23 de noviembre de 2017).

miércoles, 8 de abril de 2026

Lo reconocieron al partir el pan."Lucas 24, 13-35.

Experiencia de los discípulos de Emaús 

 "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció.
 Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!".
 Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón".
 Entonces ellos contaron lo que les ha­bía pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión.

Podemos vivir la Semana Santa y el Domingo de Resurrección, como si nada importante haya pasado. Podemos continuar viviendo como estamos acostumbrados, pero todo lo que pasó no es un cuento para asustarnos, es un hecho verdadero lleno de amor.

Cristo ha padecido, ha muerto y ha resucitado, pero se ha quedado junto a nosotros en la Eucaristía, 
que es el lugar donde reconocemos su victoria sobre la muerte.
 Cristo Eucaristía es Cristo vivo, es Cristo resucitado.

Un cristiano que sabe que Cristo está presente en la hostia, no puede ser un cristiano triste, pues un santo triste es un triste santo. La Eucaristía es signo de alegría, de paz y de amor.
 Vemos en este pasaje sobre los discípulos de Emaús, que fue en el momento de partir el pan, cuando reconocieron a Cristo.

Su tristeza pasó a ser una gran alegría, tanto así que, en ese momento, regresaron a Jerusalén para transmitirles a los apóstoles aquello que habían vivido.

Nosotros, después de haber vivido la Pascua, y saber que Cristo Eucaristía ha llenado mi corazón de alegría, ¿estamos transmitiendo aquello que vivimos en la Vigilia Pascual? 

No dejemos pasar esta Pascua sin recordar en cada momento que la Santa Eucaristía es la garantía del amor de Dios hacia nosotros.

«Partir: 
esta es la otra palabra que explica el significado del "haced esto en memoria mía".
 Jesús se ha dejado "partir",
se parte por nosotros.
 Y pide que nos demos, que nos dejemos partir por los demás. Precisamente este "partir el pan" se ha convertido en el icono, en el signo de identidad de Cristo y de los cristianos. 
Recordemos Emaús: lo reconocieron "al partir el pan". Recordemos la primera comunidad de Jerusalén: "Perseveraban [...] en la fracción del pan". Se trata de la Eucaristía, que desde el comienzo ha sido el centro y la forma de la vida de la Iglesia».
(Homilía del papa Francisco, 26 de mayo de 2016).