miércoles, 13 de mayo de 2026

Misión en Atenas


Hch 17, 15.22 - 18, 1 • Eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio
Cuando Pablo llegó a Atenas, observó que la ciudad estaba llena de ídolos y templos paganos. Entonces comenzó a hablar con filósofos y habitantes de la ciudad sobre Jesucristo.
Los filósofos lo llevaron al Areópago, un lugar donde se debatían ideas religiosas y filosóficas.
"Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: 
«Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: "Al Dios desconocido".
Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo."

 Intencionalidad del Apostol
Dar a conocer a Cristo Resucitado. 

Actitudes del Apóstol 
Valentía, Intrepidez,Riesgo,Confianza .

Pablo en su predicación comienza hablar sobre el único Dios en el que creemos .
*Existe un solo Dios verdadero, creador del cielo y de la tierra.
*Lo buscamos  a tientas, y no está lejos de ninguno de nosotros.
*En él vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: "Somos estirpe suya".
* Dios no vive en templos hechos por manos humanas
*no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre.
* Dios llama ahora a todos a la conversión 
* Pablo habla de La Resureccion 
Cuando Pablo habló de la resurrección, algunos se burlaron, otros quisieron escucharlo nuevamente y algunos creyeron en su mensaje.
Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos. 
El Espíritu Santo es quien da el verdadero conocimiento para anunciar a Cristo y actúa en los corazones que le escuchan .

Comentario al Evangelio
Necesitamos 
La «llave del conocimiento» (Lc 11, 52) no es otra cosa que la gracia del Espíritu Santo. 
Se da por la fe. 
Por la iluminación, produce realmente el conocimiento y hasta el conocimiento pleno. 
Despierta nuestro espíritu encerrado y oscurecido, a menudo con parábolas y símbolos, pero también con afirmaciones más claras hechas atenciones en el sentido espiritual de la palabra. 
Si la llave no es buena, la puerta no se abre. Porque, dice el Buen Pastor,» es a él a quien el portero abre » (Jn 10, 3). Pero si la puerta no se abre, nadie entra en la casa del Padre, porque Cristo dijo: «Nadie va al Padre sin pasar por mí» (Jn 14, 6).
Por tanto, es el Espíritu Santo, el primero, que despierta nuestro espíritu y nos enseña lo que concierne al Padre y el Hijo. Cristo nos dice esto también:
 «Cuando venga, él, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, dará testimonio en mi favor, y os guiará hacia la verdad plena» (Jn 15, 26; 16, 13). 
Ved cómo, por el Espíritu o más bien en el Espíritu, el Padre y el Hijo se dan a conocer, inseparablemente.
Si se llama llave al Espíritu Santo, es porque, por él y en él primero, tenemos el espíritu iluminado. 
Una vez purificados, somos iluminados por la luz del conocimiento.
 Somos bautizados desde lo alto, recibimos un nuevo nacimiento y llegamos a ser hijos de Dios, como dice san Pablo: «El Espíritu Santo clama por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8, 26). 
Y todavía más: «Dios derramó su Espíritu en nuestros corazones que grita: ‘Abba, Padre'» (Ga 4, 6). Es pues él quien nos muestra la puerta, puerta que es luz, y la puerta nos enseña que, aquel que habita en la casa, es él también luz inaccesible."

Simeón el Nuevo Teólogo, monje místico griego (s. X) • 

lunes, 11 de mayo de 2026

Misión en salida

Experiencia de Pablo en Filipos.


«Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios» (1 Co 1,1).
Un corazón misionero, a tiempo y a destiempo.
La misión no es turismo; es un encargo recibido por voluntad de Dios. Y Pablo es fiel a esa llamada: la misión de predicar la Palabra.
Es también la llamada que nosotros hemos recibido:
«Como el Padre me envió, así os envío yo».
La misión se vive en comunidad. 
Y este encargo no es solo para hablar a multitudes, que quizá nunca tengamos delante, sino también a aquellos que están abiertos a escuchar la Palabra.
Y siempre la oración prepara el corazón para anunciarla.
Pablo nos cuenta su experiencia:
«Nos embarcamos en Tróada y fuimos derechos a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis; 
de allí pasamos a Filipos, una de las principales ciudades de Macedonia y colonia romana.
 En esta ciudad nos detuvimos algunos días.
El sábado salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un lugar de oración».
La predicación nace de un corazón enamorado de Dios.
Así sucede con Pablo: buscan un lugar tranquilo para orar, la orilla de un río.
«Nos sentamos».
Es decir, comenzaron a orar.
¡Cómo disfrutamos esos momentos de oración a solas con quien sabemos que nos ama! Como decía santa Teresa:
«La oración es estar a solas con quien sabemos que nos ama».
¡Cuánta sed tenemos de orar! Aunque muchos aún no lo descubren, 
aquellas mujeres que fueron a la orilla del río tenían sed, no solo de agua, sino también de la Palabra de Dios.
Ojalá nosotros también tuviéramos esa sed y buscáramos al Señor para saciar el alma.
Y esa agua limpia y transparente, que es el amor de Dios, no podemos retenerla; debemos dejar que corra hacia otros. 
Eso hace Pablo cuando dice:
«Y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido».
La Palabra abre el corazón, sacia nuestra sed, afina el oído para la escucha y transforma la vida. 
Esa fue la experiencia de Lidia:
«Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura, natural de Tiatira y adoradora de Dios, escuchaba atentamente. 
El Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo».
La acogida de la Palabra nos lleva a la misión, comenzando por nuestra propia casa y nuestra familia.
Lidia no recibió sola el bautismo; también lo recibieron los de su casa:
«Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, nos suplicó: “Si consideráis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa”. Y nos obligó a ir»
 (Hch 16,1-15).
La misión comienza en la familia.
Y qué hermosa invitación:
«Venid a mi casa».
Es la acogida a Jesús. 
Es aceptar la fe y convertir el hogar en lugar de encuentro y de misión.
Eso es vivir una misión en salida.
El papa Francisco define la «Iglesia en salida» 
como una Iglesia en estado permanente de misión,
que abandona la comodidad para llevar el Evangelio a todas las periferias humanas y geográficas.
No se trata de proselitismo, sino de un testimonio incansable de alegría y amor.
La misión no es tarea de unos pocos especialistas, sino de cada bautizado, llamado a compartir su vida y su fe.
Como recuerda Evangelii Gaudium:
Una Iglesia que no sale, se enferma.
La misión se vive con alegría, no como una carga.
Evangelizar es salir al encuentro del otro.
La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción y testimonio de vida.

Te amaré predicando tú nombre


La predicación es fruto del amor a Jesús.

"En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
(Hechos de los Apóstoles 8, 5-8)

la predicación nace de una experiencia viva del amor de Dios. 
“¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho?
Te amaré predicando, dando a conocer todo el amor que he recibido.”
Esa es la actitud del discípulo: no anunciar por obligación, sino como respuesta agradecida al amor recibido.
 El amor verdadero siempre quiere compartirse.
 Cuando alguien ha experimentado la misericordia de Dios, nace el deseo de que otros también conozcan esa alegría.

¿Quién era Felipe?
Felipe fue uno de los siete hombres elegidos para atender a las viudas que quedaban desatendidas en el servicio cotidiano. 
Los Doce convocaron a todos los discípulos y dijeron:
“No es justo que nosotros descuidemos la Palabra de Dios para servir a la mesa. 
Por tanto, hermanos, elegid entre vosotros siete hombres respetados, llenos de espíritu y de prudencia, y los encargaremos de esa tarea.”
(Hechos de los Apóstoles 6, 1-3)

Felipe no predicaba solo con palabras, sino desde una vida llena del Espíritu Santo y de servicio humilde.
Primero fue elegido para servir a las viudas, una tarea sencilla y silenciosa, y desde esa fidelidad Dios lo llevó a anunciar a Cristo con poder en Samaria.
Felipe era un hombre lleno del Espíritu Santo.
 Predicaba la Palabra de Dios porque el Espíritu se lo insinuaba en lo profundo del corazón.
 Fue fiel a esa voz interior, y todos los que escuchaban y veían las señales realizadas quedaban admirados: paralíticos y lisiados eran curados, y la ciudad rebosaba de alegría al escuchar la Palabra de Dios.

¡Qué frutos tan maravillosos podemos percibir cuando somos fieles a la voz del amor!
Es la fuerza del amor la que nos lleva a proclamar la Palabra. Cuando hemos experimentado la misericordia y la ternura de Dios, nace en nosotros el deseo de que otros también puedan encontrar esa misma alegría.

Felipe nos enseña
 a servir con humildad, 
a escuchar la voz del Espíritu Santo 
y a anunciar a Cristo con obras y palabras. 
Y el fruto de esa fidelidad siempre será la alegría, la esperanza y la sanación de muchos corazones.

Te amaré predicando tu nombre para que muchos te reciban con alegría.”

domingo, 10 de mayo de 2026

"Ámense como yo los he Amado".Juan 15, 12-17

      "Nos amó hasta el extremo" 


 “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado.”
Este es tu deseo, y parece ser lo único que nos mandas: amar.
¡Qué sencilla sería la vida si no tuviéramos otra ocupación que amar!
Como decía San Juan de la Cruz:
“Ya no tengo otro oficio más que amar; es mi ejercicio.”
No tengo otra ocupación.
Y es curioso: somos muy intelectuales, estamos llenos de conocimientos, de títulos, de sabiduría humana… pero hemos descuidado la única asignatura de la que se nos examinará: si hemos amado.
Y comprendo que necesitamos aprender a amar.
Y se aprende amando, como a nadar se aprende nadando.
Esta asignatura del verbo amar se adquiere comprendiendo lo amados que hemos sido y dejándonos amar. Y esto es posible, porque hemos sido profundamente amados, aunque muchas veces vivimos como si no lo fuéramos.
Pero reconozco, Jesús, lo amado que hemos sido por Ti.
Tú has dado la vida por cada uno de nosotros.
Tú mismo lo dices:
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.”
Fueron estas palabras las que brotaron de tu corazón.
El único deseo, la única ilusión que querías realizar con tu venida al mundo, era que comprendiéramos cuánto nos amabas.
“Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.”
Si este es tu deseo —que amemos, pero con tu mismo amor—, entonces cuánta dedicación, cuántos momentos de perdón, de paciencia, de tolerancia, de esperanza, de detalles de amor has derramado sobre nosotros.
Nos has tratado como amigos, dándonos a conocer al Padre. Nos lo has enseñado todo, capacitándonos en esta misión con un único encargo: amar.
Y nunca nos trataste como siervos.
Nos diste a conocer todo: tus sueños, tus sufrimientos, tu pasión y tu resurrección.
Y caminas no solo a nuestro lado, sino habitando en nuestro corazón.
Estas palabras me quedan grabadas:
“No los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre.”
Si esto es verdad, cuántas enseñanzas sobre nuestro Padre nos has dado. Cuánto nos has mostrado su amor.
Hoy me invitas a renovar la experiencia de este amor, de tu misericordia, de la entrega en el servicio al prójimo, de vivir el día a día con alegría en tu presencia y de darte a conocer.
Nos has elegido por puro amor, no nosotros a Ti. 
Por eso sé que esta elección es para siempre, y que nunca nos dejarás, aunque nuestra respuesta de amor sea tan pequeña comparada con todo el amor que recibimos.
Hoy vuelves a decirnos:
“No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido, y los ha destinado para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca…”
Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros.”

Oración (inspirada en el Papa Francisco)
Señor Jesús,
soy un alma pobre e indigna de tu amor, pero Tú me has elegido por pura misericordia.
Tú no me escogiste por mis méritos, sino para que experimente tu amor y dé fruto que permanezca.
Si alguna vez lo olvido, hazme volver a la cruz, donde se revela tu misericordia.
Y enséñame siempre a cumplir tu mandamiento:
que nos amemos unos a otros como Tú nos has amado.
Amén.

sábado, 9 de mayo de 2026

Yo os he elegido."Jn.15,16

Nos ha elegido porque nos ama

"Porque tú eres un pueblo consagrado a Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra."Dt.7,6
Que privelijiados somos todos un Dios se ha fijado en mi que soy una criatura pequeña,sin muchos méritos ,pero así y todo me ha elegido y me ha consagrado para El.
Gracias Jesús porque no hay más razones que la del Amor sencillamente ,porque me amas.
Y así como dijo el profeta Isaías estás palabras 
Dios dijo: «¡Miren a mi elegido, al que he llamado a mi servicio! Él cuenta con mi apoyo; yo mismo lo elegí, y él me llena de alegría. »He puesto en él mi espíritu, y hará justicia entre las naciones. Mi fiel servidor .Is.42,1
Hoy estas palabras nos la diriges a nosotros  tus elegidos.
En ti Jesús estás palabras se cumplen el elegido ,servidor fiel del Padre 
Y hoy nos eleges a nosotros  llamándonos a tí servicio ,olala Jesús te llenemos de alegría siendo fiel a la misión que nos has encomendado.
Que podamos saborear esas palabras tuyas Jesús Yo os he escogido hay mucho de amor en estas palabras .

Dice el Papa Francisco :
¡Yo os he escogido! Hermosas palabras que no podemos olvidar, y que deben de hacer eco poco a poco en nuestro corazón. son palabras que ocultan una elección libre, personal y amorosa de Jesucristo a cada uno de sus hijos.
Jesús nos ha escogido personalmente y debemos sentir alegría de ello, pues hoy más que nunca Él nos ha escogido libremente porque nos ama; y no nos ama como lo hace el mundo, basándose muchas veces en situaciones, condiciones sociales, o cargos y responsabilidades que podamos tener, no, al contrario, Jesús nos ama tal y como somos, pero hay que recordar también que el amor debe de ser correspondido con amor.
Es seguro que Él se alegra cuando el amor le es correspondido, no solo con grandes gestos, sino con pequeños detalles en nuestra vida cotidiana, pequeños detalles que hacen la diferencia, pues ante el amor es necesario tener pequeños detalles con aquél o aquellas personas a las cuales amamos.

Lo  importante es sentirnos amados y poder amar sin medida, no como lo hace el mundo, sino como la hacen aquellos que han podido experimentar el amor de Dios en su vida".


jueves, 7 de mayo de 2026

Permanecer en el Amor

         "Permanecer en mi Amor "


"Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, 
como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Vale la pena detenerse un poco más en esa palabra clave que repite Jesús: 
permanecer en mi amor ”.
No es algo puntual ni emocional. Permanecer en el amor de Cristo es una decisión continua, una especie de “habitar” en su amor incluso cuando no lo sentimos.
 no es solo recibir amor, sino vivir de él y transmitirlo.
Jesús en Evangelio no separa nunca el amor de la obediencia:
"Si cumplen  mis mandamientos, permanecen en mi amor”.
Amar no es  un sentimiento, es una forma de vivir.
es amar como Él ama. Jn 13,34
Eso implica:
Amar cuando es fácil… y cuando no lo es
Perdonar cuando cuesta
Servir sin esperar recompensa
Elegir el bien del otro incluso por encima del propio orgullo
Ahí es donde el amor se vuelve verdadero.
Jesús nos hace una Promesa 
“para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”.
No habla de una alegría superficial, sino de la misma alegría de Cristo. 
Una alegría que,resiste la cruz. No depende de que todo vaya bien, sino de estar unidos a Él.

 El Papa Francisco
nos recordaba que  la caridad no es un gesto aislado, sino una vocación.
Es decir, no se trata de “hacer cosas buenas de vez en cuando”, sino de convertirse en alguien
 que ama constantemente.

👉 Permanezco en el amor de Cristo cuando elijo amar como Él, hoy, en lo concreto.

Os doy mi Paz


«La paz les dejo, mi paz les doy».

Qué hermoso mensaje nos regala Jesús: una paz que no viene del mundo, sino del amor profundo al Padre. Un amor que Él vivió y nos enseñó, y que hoy sigue vivo entre nosotros.
Estamos llamados a anunciar cuánto somos amados. Ese amor no se guarda, se comparte. Basta una pequeña “gota” de amor para que el mundo comience a cambiar.
¿Qué necesita hoy nuestro mundo?
Paz. Y Jesús mismo se nos ofrece como esa paz.
Ser constructores de paz empieza en lo sencillo: en nuestras palabras, en nuestras relaciones, en una mirada más compasiva y sin prejuicios.
No estamos solos.
 Él camina a nuestro lado, se hace presente en la Eucaristía y cumple su promesa: “volveré”.
Como nos recuerda el Papa Francisco: la paz es un don de Dios, un deseo profundo de toda la humanidad.
Que podamos acoger esa paz y convertirnos en sembradores de ella en el mundo.