lunes, 2 de marzo de 2026

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.Lc 6, 36-38.


Lunes II de Cuaresma.

¿Qué significa tener un corazón compasivo?
Tener un corazón compasivo significa poseer una profunda sensibilidad emocional ante el sufrimiento propio y ajeno, combinada con un deseo sincero y una acción concreta para aliviarlo o prevenirlo.
Va más allá de la empatía; implica identificación con el dolor, bondad, solidaridad y un compromiso activo sin esperar nada a cambio.
Sensibilidad y empatía: Es la capacidad de percibir y conectar con la angustia o necesidad de los demás, tolerando incluso emociones incómodas.
Acción de alivio: No se limita a sentir lástima, sino que impulsa a actuar para remediar, ayudar o consolar a quien sufre.
Compromiso desinteresado: Implica un enfoque de servicio, apoyo en el entorno laboral o personal y, a menudo, voluntariado.
Aceptación y cero juicio: Incluye la capacidad de no juzgar a la persona que sufre.
Así es tu corazón, Jesús, compasivo; y a esto nos invitas: a ser compasivos como el Padre.
Un corazón compasivo no juzga, no condena, perdona y es generoso.
“Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida y rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros”.
Este es tu deseo, Jesús: que nuestro corazón sea como tu propio corazón, un corazón compasivo.
Ser generosos y siempre dar 
Qué no tengamos otra medida que la del amor desbordante con quien más lo necesite .

Reflexión – Papa Francisco
Tu palabra es luz para mi corazón, y hoy me explicas cómo deseas que sea, cómo esperas que viva el amor con mis hermanos.
Tus palabras, breves y al mismo tiempo claras, son un programa de vida para mí. ¡Cuánto me cuesta a veces recordarme y decirle a mi corazón que primero va la compasión hacia los demás, antes que juzgarlos, antes que condenarlos!
Compasión y perdón. A veces guardo en mi corazón juicios sobre otras personas y hago condenas que no corresponden a la verdad; incluso lo comparto con los demás, haciendo daño a mi prójimo con mis palabras. Hasta pueden ocasionarse peleas por esto.
Tú eres ejemplo de compasión y de perdón hacia mí, hacia cada uno de mis hermanos y hermanas. A ti quiero contemplarte en la cruz, entregado, amando hasta el extremo por compasión hacia nosotros, para perdonar nuestros pecados. Quiero aprender cada vez más de ti.
No es fácil compadecerse de quien te hace mal, de quien no comprendes en su forma de actuar; por eso te pido fuerza y fe, una gracia especial para amar a mis hermanos.
Quiero dar a los demás como nos recomiendas en este Evangelio: “dad y se os dará”. 
Me motivan tus palabras cuando me hablas de generosidad, de una medida rebosante.
Medito en este consejo que me das:
La medida que uséis, la usarán con vosotros”.
¡Jesús, así quiero que viva mi corazón, lleno de amor!
Cuando el corazón se endurece, se olvida la gracia de la salvación, se olvida la gratuidad.
 El corazón duro lleva a las peleas, lleva a las guerras, lleva al egoísmo, lleva a la destrucción del hermano, porque no hay compasión.
Y el mensaje de salvación más grande es que Dios ha tenido compasión de nosotros. 
Esa frase del Evangelio, cuando Jesús ve a una persona o una situación dolorosa: ‘tuvo compasión de ellos’. Jesús es la compasión del Padre”.

domingo, 1 de marzo de 2026

SEÑOR QUE BIEN SE ESTA AQUI


            LA TRANSFIGURACION




Hoy Jesús nuevamente nos encontramos aquí en la montaña solos  en el tabor  capilla del pesebre de Siete Aguas y nos haces participar de esta relación íntima con el Padre 

Transfigúrame,Señor, transfigúrame.

Quiero ser tu vidriera,

tu alta vidriera azul transparente  que irradie tu gloria en mi ,tu luz,tu amor Resucitado.

        !SEÑOR QUE BIEN SE ESTA AQUI!

 conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús

-«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:

-«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.(Mc 9,2-10)

Señor, ¡qué bien se está aquí!

Ciertamente, Pedro, en verdad

¡ qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí!, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.(Anastacio Sinaíta,obispo )

 El estar asolas contigo aquí en la montaña de la capilla del pesebre experimento lo mismo y puedo decir cómo Pedro que bien se está aquí  que bien se está contigo Jesús,  experimento paz, alegria, amor y es lo que le pasa a mucha gente cuando viene a la montaña de Siete Aguas en nuestro querido poblado donde hay 9 capillas y se encuentran contigo, pueden decir lo mismo que bien se está aquí .

En estos días han estado 160 jóvenes y vendrá la pascua dónde todo este poblado estará lleno de hijos de Dios y   que distinto es  cuando vienen a como se van,sus rostros son  resplandecientes,felices.Y es que la alegría más grande es estar contigo Jesús, buceando en las profundidades del corazón, mar adentro y poder

 presenciar tus maravillas  haciéndonos participes de estos diálogos íntimos con el Padre y vemos esa belleza espiritual en ti.Y es que la oración nos transfigura cuando escuchamos 

 la voz del Padre que dice Tu eres mi hijo amado escuchadle

Y después que ?

hay que bajar de la montaña  y vivir la realidad que nos toca vivir realizando la misión que nos has confiado esa misión donde encontramos que tú sigues padeciendo,sufriendo en muchos hermanos que no te conocen y hemos de anunciarles la Buena Nueva del encuentro contigo y llevarles a una experiencia del tabor en la montaña.

Que hermosa misión la que nos confías .Y que bien se está aquí.

 

 

Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas:


Domingo II de Cuaresma
Mateo 17, 1-9
«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto»

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta.
¡Qué regalo tan grande, Jesús, ser uno de tus amigos íntimos! Nos invitas a estar a solas contigo; nos llevas a la montaña, un lugar lleno de silencio y de presencia de Dios. Nos invitas a orar.
La oración es don, es llamada, es iniciativa tuya, y en nosotros es respuesta.
Hoy, Jesús, como los discípulos, oras delante de mí y te percibo en una oración contemplativa. Tu rostro resplandece, se transforma; nos transmites una experiencia única e irrepetible.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Los discípulos se quedan perplejos. 
Es una experiencia que humanamente no se puede expresar; solo se puede decir: ¡Qué bien se está aquí!
Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bien se está aquí!».
Yo también te digo, Señor: ¡qué bien se está en tu presencia!
Y así como Pedro te dijo:
«Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»,
yo te diría: si quieres, hacemos tres tiendas: una para ti, otra para el Padre y otra para el Espíritu.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo».
Sí, es la voz del Padre que nos dice que te escuchemos a ti, que te sigamos. Tú eres el Hijo predilecto del Padre.
Y hoy también me lo dices a mí.
Y nos lo dices a cada uno de tus discípulos amados.
¡Qué hermoso formar parte de esta comunidad de discípulos que podemos orar, escucharte y amarte!
Gracias, Jesús, por esta experiencia a solas contigo, donde podemos disfrutar de tu amor y dejar que transformes nuestro corazón, ensanchando la tienda para amar a todos como hijos de Dios y hermanos.
Que de tu mano, Jesús, Maestro de oración, nos lleves a esta experiencia con el Padre, que nos dice: tú eres mi hijo amado, en quien me complazco.

Reflexión – Papa Francisco
Subir contigo a la alta montaña, ver que me tomas aparte contigo y con tus tres apóstoles…
De primeras, estoy con la inquietud: ¿a dónde vamos?, ¿qué vamos a hacer?
Y de pronto, una experiencia fuerte de tu presencia en mi interior, frente a ti.
Sé que no soy una persona mística, pero sé que también quieres manifestarte a mí.
Quiero ser una persona atenta para verte transfigurado delante de mí: verte en tu grandeza, ver tu rostro resplandeciente, verte lleno de luz.
Escucho la voz del Padre:
«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo».
Y me siento con mucha seguridad porque voy de tu mano, y como Pedro te digo: «Hagamos tres tiendas», para quedarnos aquí contigo.
¡Qué hermoso es orar! Porque orar es estar contigo, Jesús, y eso es acercarme al cielo y ver desde tus ojos mi vida y el camino que aún me falta por recorrer.
Que quien me vea, vea el reflejo de tu corazón transfigurado.
«Transformados por la presencia de Cristo y por el ardor de su palabra, seremos signo concreto del amor vivificante de Dios para todos nuestros hermanos, especialmente para quien sufre, para los que se encuentran en soledad y abandono, para los enfermos y para la multitud de hombres y de mujeres que, en distintas partes del mundo, son humillados por la injusticia, la prepotencia y la violencia.
En la Transfiguración se oye la voz del Padre celeste que dice: “Este es mi Hijo amado, ¡escuchadle!”».

jueves, 26 de febrero de 2026

"Buscad y encontraréis llamad y se os abrirá" Mt 7, 7-12

26 Feb. 2026
Jueves I de Cuaresma

1. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten
Jesús, muchas gracias por mostrarnos en ti un corazón generoso, que desborda en darnos todo lo que te pedimos. Hoy nos dices:
«Pedid y se os dará».
¡Cuánto te he pedido y cuánto más he recibido! Porque sencillamente sabes lo que necesitamos; sabes cómo está nuestro corazón.
Y cuántos no te conocen, y por eso viven como mendigos necesitados de amor, de paz y de alegría. Pero basta un pequeño acto de fe para buscarte, y tú mismo nos lo dices:
«Buscad y encontraréis».
Cuando nos decidimos a buscarte y te hemos encontrado, es porque tú ya te has adelantado; la iniciativa viene de ti. En el hombre siempre es una respuesta.
Pero quizás nos pasa muchas veces que te buscamos fuera: en las actividades, en las personas, en las cosas buenas del mundo; pero en realidad donde te encontramos es dentro de nosotros mismos, donde tú habitas.
¡Ojalá todos los que te buscamos te encontremos y no sea demasiado tarde para amarte!
Como dice San Agustín:
«¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí y yo fuera,
y por fuera te buscaba; y deforme como era,
me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Me retenían lejos de ti aquellas cosas que,
si no estuviesen en ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera;
brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume y respiré, y ahora te anhelo;
gusté de ti, y siento hambre y sed de ti;
me tocaste y me abrasé en tu paz».
«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» 

Y eres tú, Jesús, quien te adelantas y nos llamas; nos hablas rompiendo nuestra sordera.
Necesitamos escuchar tu voz, porque tú hablas, tú respondes a todas nuestras necesidades:
«Llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre».
Si alguno de vosotros le pide pan a su hijo, ¿le dará una piedra? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente?
Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan!

En resumen: tratad a los demás como queréis que ellos os traten.

Yo te pido, Jesús, que me regales un corazón generoso en amar; en tratar bien a los que me rodean como tú me tratas, porque me tratas muy bien; en ser tolerante y paciente; en ser humilde para pedir perdón si he ofendido al otro, muchas veces sin mala intención.

Te pido poder vivir el Reino, porque este es tu deseo: vivir el Reino aquí en esta tierra, en el lugar donde estamos, y proclamarlo, anunciarlo, porque el Reino de Dios ya está entre nosotros.
El Reino no es un acontecimiento futuro espectacular ni un lugar físico concreto, sino una realidad espiritual presente y actuante a través de ti.

El Reino eres tú, Jesús.
Que podamos crear ambientes fraternos, de paz, de perdón y de acogida, porque tú estás presente.
Tú eres el Reino entre nosotros.

2.«Pide y se te dará, busca y encontrarás, invócame, que estoy cerca».
(Papa Francisco)

"Tu corazón siempre está dispuesto a dar.
¿Pero qué das?
Das, sobre todo, tu Reino
es lo que nos enseñaste a pedirte: que te hagas presente tú mismo, con tu gracia y tu voluntad, en todo lo que necesitamos, pues eso nos basta.
Pedir lo que la misma Iglesia pide constantemente:
«¡Ven, Señor!»
«¡Que venga tu Reino!».
Y si pido, recibo; y si recibo, me invitas a dar: darte a ti y dar tu Reino.
Dar bondad, misericordia, perdón, caridad, ayuda, esperanza, cercanía y alimento.
Quiero responder también a quien me pide; quiero dejarme encontrar por quien me busca; quiero interceder por todos aquellos con los que comparto mi vida y toco sus necesidades.
Porque no soy yo quien se provee de tu Reino para extenderlo; eres tú quien me lo da todo, 
porque antes me has invitado a pedirlo.
¡Qué hermosa vida la de quien recibe de Dios y da en nombre de Dios lo que ha recibido!"

Pide y se te dará, busca y encontrarás, invócame, que estoy cerca”.Papa Francisco

Jesús conoce el corazón del discípulo 

¿Qué veías, Jesús, en tus discípulos, para decirles estas palabras?

No las dices a toda la multitud de personas, se las dices a los que te van siguiendo más de cerca. Sabías y conocías sus necesidades, sabías y conocías también sus temores para pedir, sus titubeos para confiar. Pero, finalmente sabías que sus corazones están llenos de experiencias y necesidades, sus vidas llenas de retos y dolores, su entorno y sus conocidos plagados de necesidades.

Y así ves nuestra vida hoy, y así nos vuelves a decir hoy: 

“Pide y se te dará, busca y encontrarás, invócame, que estoy cerca”.

Tu Corazón siempre está dispuesto a dar. 
¿Pero qué das? 
Das, sobre todo, tu Reino, es lo que nos enseñaste a pedirte. Que te hagas presente Tú mismo, tu gracia y tu voluntad en todo lo que necesitamos, pues eso nos basta. Pedir lo que la misma Iglesia pide constantemente: “¡Ven Señor!”. “¡Que venga tu Reino!”.

Y si pido, recibo y si recibo, me invitas a dar. Darte a ti y a dar tu Reino. A dar bondad, misericordia, perdón, caridad, ayuda, esperanza, cercanía, alimento…

Quiero responder también a quien me pide, quiero dejarme encontrar por quien me busca, quiero interceder por todos aquellos con los que comparto mi vida y toco sus necesidades. Porque no soy yo quien me proveo de tu Reino para extenderlo, eres Tú quien me lo das todo, porque antes me has invitado a pedirlo.

Qué hermosa vida la de quien recibe de Dios, y da a nombre de Dios lo que ha recibido.

«Hermana, hermano, ¿quieres una prueba de que Dios ha tocado tu vida? Comprueba si te inclinas ante las heridas de los demás. Hoy es el día para preguntarnos: “Yo, que tantas veces recibí la paz de Dios, que tantas veces recibí su perdón y su misericordia, ¿soy misericordioso con los demás? Yo, que tantas veces me he alimentado con el Cuerpo de Jesús, ¿qué hago para dar de comer al pobre?”. No permanezcamos indiferentes. No vivamos una fe a medias, que recibe, pero no da, que acoge el don, pero no se hace don».

(S.S. Francisco, Homilía del 11 de abril de 2021).

miércoles, 25 de febrero de 2026

Miércoles I de Cuaresma. La única señal que se os dará.Lucas 11, 29-32.

Jesús  la única señal para la gente de este tiempo 

Reflexión Papa Francisco
"Hace algunos años me encerré en mi cuarto y, con mucho dolor por lo que estaba pasando, le pedí ayuda a Dios después de mucho tiempo sin hablarle. Nada pasó, nada se resolvió, todo fue peor y me preguntaba, ¿por qué no pasó nada? ¿Acaso no era Dios?

Muchas veces nos acercamos a Dios porque es Dios; lo rodeamos pidiéndole que nos arregle la vida pues sólo así podremos creerle, sólo así podremos ser sus discípulos, o al menos a mí me pasaba, que sólo lo buscaba cuando lo necesitaba. Nos olvidamos que Dios tiene algo mucho más grande que darnos, su amor.

El saber y experimentar que Dios nos ama es el mejor regalo que podemos tener. Este amor es más grande que cualquier cosa que nos pueda dar; su amor es más grande que una buena vida sin dolor o padecimiento.

Nuestra vida debe ser una completa experiencia del amor de Dios.Con cada cosa que nos pasa debemos ver el cariño que Dios nos tiene. Experimentar un amor real, que no se queda escrito en un libro de muchas páginas sino que vive en el corazón; un amor que nunca cambia sino que siempre existe. Un amor intenso, apasionado, personal hacia cada uno de nosotros, un amor que sólo vive y se consume para nosotros. Un amor puro que no tiene intereses, un amor que sabe amar porque siempre se da a sí mismo.

Si algo hemos de pedir no son pruebas de su cercanía, no son bienes para una vida sin problemas.Lo único que debemos pedir es el poder tener la experiencia de Dios, el poder vivir el amor que Dios nos tiene, y sólo eso bastará en nuestra vida, sólo eso nos hará felices.

«A esta eucaristía traemos también ese momento tan difícil que cuestiona y pone muchas veces en duda nuestra fe. Queremos unirnos a Jesús. Él conoce el dolor y las pruebas; Él atravesó todos los dolores para poder acompañarnos en los nuestros. Jesús en la cruz quiere estar cerca de cada situación dolorosa para darnos su mano y ayudar a levantarnos. Porque Él entró en nuestra historia, quiso compartir nuestro camino y tocar nuestras heridas. No tenemos un Dios ajeno a lo que sentimos y sufrimos, al contrario, en medio del dolor nos entrega su mano».

(Homilía del papa Francisco, 20 de enero de 2018).

Martes I de Cuaresma. Mt. 6, 7-15. EL PADRE SABE TODO LO QUE NECESITAS .

    ¡ABBA !  PAPAÍTO 
Jesús, nos invitas a no hablar mucho cuando oramos, pensando que por nuestras muchas palabras seremos escuchados por el Padre (Mt 6,7-8).
Nos invitas a hacer de la oración un diálogo de amor y de escucha. Escuchamos a Dios cuando leemos su Palabra, y en ella contemplamos el corazón del Padre, que nos conoce profundamente, conoce el fondo de nuestro corazón  y sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos.
Jesús, como los discípulos te pedimos: enséñanos a orar como Tú orabas con el Padre (Lc 11,1).
Gracias por enseñarnos la familiaridad que tienes con el Padre, tu Abbá, Papá querido (Mc 14,36).
Regálanos una actitud contemplativa, de descanso en los brazos del Padre que nos ama, que nos conoce y que nos ofrece el pan de  tu amor, del Perdón  de cada día (Mt 6,11).
Que podamos orar al Padre no solamente desde una dimensión personal, sino también comunitaria.
Dirigirnos al Padre para pedirle el pan de cada día es una actitud de humildad que nos enseña a alimentarnos del Pan del Amor que nos hace sentirnos  perdonados y nos invita también a perdonar cualquier ofensa o melestia con el hermano y amar como somos amados (Mt 6,12; Jn 13,34).
Perdonar Padre que difícil cuando somos ofendidos y calumniados  y que paz profunda cuando paramos la cadena de ofensas callando sin responder con otra ofensa ,más bien activando el amor que es tolerante,que lo soporta todo perdonando de corazón , parar la cadena .El como pararla ? Tú nos dirás cómo.
Acercándonos al corazón del Padre dejándonos amar .
Que hoy podamos vivir todo el día en el abrazo del Padre, sabiendo que no estamos huérfanos, porque tenemos un Padre que cuida de nosotros las veinticuatro horas del día:
"No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros" (Jn 14,18).
Gracias, Padre, por ser nuestro Creador.
Has creado y modelado mi corazón y mis entrañas; me tejiste en el vientre de mi madre (Sal 139,13-14).
Gracias por este universo tan precioso que has creado para nosotros: las estrellas, los océanos, la naturaleza y toda la humanidad, para que podamos convivir y relacionarnos como hermanos, hijos de un mismo Padre (Ef 4,6).
Quiero escuchar hoy lo que me dices:
"Eres precios@ a mis ojos, eres estimad@ y yo te amo" (Is 43,4).
"Tú eres mi hij@ amad@ " 
(Mt 3,17).
Tú me dices también:
"Tú eres mí@, yo te he llamado por tu nombre" (Is 43,1).
"Mira que estoy contigo todos los días" (Mt 28,20).
"Pídeme y te daré en herencia las naciones" (Sal 2,7-8).
Padre, gracias porque soy tu hij@ amad@.
Gracias porque puedo llamarte Abbá, Papá (Rom 8,15).
Hoy quiero vivir como hij@ tuy@, confiando en tu amor y descansando en tu presencia.

Me gusta esta oración del Papa Francisco 
"Padre... Así me invita el Evangelio a llamarte.
Tú, el creador de todas las estrellas y planetas; Tú que me pensaste con amor desde toda la eternidad. Tú, que pase lo que pase, haga lo que haga, nunca dejarás de ser mi Padre.

Eres mi Padre aun cuando yo no me comporte como tu hijo. Tú te mantienes fiel en la cruz con los brazos abiertos para acoger siempre a todos tus hijos.
 Eres Padre y sufres al ver que tantas veces yo no sé ser hermano de los demás. 
No hay dolor más grande para un padre que ver como sus hijos se pelean como animales, se usan como a cosas y se matan como a enemigos.
Padre, perdóname por no haberme comportado siempre como un verdadero hijo tuyo; por haber pasado tantas veces indiferente ante mi hermano que sufre pidiendo limosna por la calle o que me ha reclamado un poco de atención y cariño en mi propio hogar. Enséñame a ser un verdadero hijo tuyo, un hermano de mi hermano.
Ayúdame, Padre, a saber recibir tu infinito amor y dame la gracia de aprender a recibir el amor que Tú me tienes."

«Jesús deja de lado esta oración de solamente palabras, y dice: "Vosotros, pues, orad así". Él nos indica el exactamente el espacio de la oración con una palabra: "Padre".
 Dios, sabe qué cosas necesitamos, antes de que se las pidamos; este Padre que nos escucha a escondidas, en secreto, como Él, Jesús, aconseja rezar: en secreto. Un Padre que nos da precisamente la identidad de hijos. Así, cuando yo digo "Padre", llego hasta las raíces de mi identidad: mi identidad cristiana es ser hijo y esta es una gracia del Espíritu. […] Él habla con el Padre: es el camino de la oración y, por eso, yo me permito decir, es el espacio de la oración».