miércoles, 8 de abril de 2026

EXPERIENCIA DE MISERICORDIA CON EL RESUCITADO

Se levantaron y volvieron a Jerusalén”
Los dos discípulos de Emaus experimentando el amor de Jesús se levantaron y volvieron a Jerusalén. 
 La misericordia: Significa levantarse, significa volver a la casa del Padre , volver a Jerusalén, es experimentarse amado, pero no solamente esto , es dejar entrar en nuestro corazón la vida nueva, la vida del resucitado. 
 Después de haber desandado el camino que parecía un retroceso; en la experiencia personal con Jesús él nos acompaña, para darnos sentido a todo lo vivido, para resucitar todo lo que en nuestro corazón no está vivo.
 Lo único que hace resucitar un corazón apagado es el amor de Cristo es el amor que va iluminando cada paso en el camino.
 Porque el amor de Jesús es como lámpara que alumbra nuestro caminar,es el amor que ilumina nuestras experiencias y las transforma dándoles un sentido nuevo. 
 Esto ha sido la misericordia de Jesús adaptarse a cada uno de los discípulos a la situación concreta a la que estaban viviendo.
Sea la decisión que tomemos Jesús acoge libre mente nuestras decisiones , saliendo a nuestro encuentro , curándonos con su Palabra,
 nuestras desesperanzas, desánimos, pesimismos, soledades .
 La misericordia de Jesús hace que reemprendamos el camino ya no como vivíamos antes, sino resucitados, viviendo ya la vida nueva.
 Gracias Jesús por el regalo de esta vida nueva, que no viene por nuestros meritos, ni por nuestras buenas obras, sino porque tu muriendo en la cruz, el Padre te resucitó y con tu resurrección todos estamos llamados a resucitar. 
 “Se levantaron y volvieron a Jerusalén” resucitados porque el resucitado ya vivía en su corazón. Y esta es la misericordia que Jesús ha tenido con nosotros que ya no vivimos solos sino que vivimos en una eterna compañía  con el que vive ,entonces podemos volver a Jerusalén donde estás tú esperándonos en cada hermano,  en la comunidad,  en las personas que no conocen esta experiencia y nos invitas a comunicarla.LevJEP

Lo reconocieron al partir el pan."Lucas 24, 13-35.

Experiencia de los discípulos de Emaús 


 "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció.
 Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!".
 Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: "De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón".
 Entonces ellos contaron lo que les ha­bía pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión.

Podemos vivir la Semana Santa y el Domingo de Resurrección, como si nada importante haya pasado. Podemos continuar viviendo como estamos acostumbrados, pero todo lo que pasó no es un cuento para asustarnos, es un hecho verdadero lleno de amor.

Cristo ha padecido, ha muerto y ha resucitado, pero se ha quedado junto a nosotros en la Eucaristía, 
que es el lugar donde reconocemos su victoria sobre la muerte.
 Cristo Eucaristía es Cristo vivo, es Cristo resucitado.

Un cristiano que sabe que Cristo está presente en la hostia, no puede ser un cristiano triste, pues un santo triste es un triste santo. La Eucaristía es signo de alegría, de paz y de amor.
 Vemos en este pasaje sobre los discípulos de Emaús, que fue en el momento de partir el pan, cuando reconocieron a Cristo.

Su tristeza pasó a ser una gran alegría, tanto así que, en ese momento, regresaron a Jerusalén para transmitirles a los apóstoles aquello que habían vivido.

Nosotros, después de haber vivido la Pascua, y saber que Cristo Eucaristía ha llenado mi corazón de alegría, ¿estamos transmitiendo aquello que vivimos en la Vigilia Pascual? 

No dejemos pasar esta Pascua sin recordar en cada momento que la Santa Eucaristía es la garantía del amor de Dios hacia nosotros.

«Partir: 
esta es la otra palabra que explica el significado del "haced esto en memoria mía".
 Jesús se ha dejado "partir",
se parte por nosotros.
 Y pide que nos demos, que nos dejemos partir por los demás. Precisamente este "partir el pan" se ha convertido en el icono, en el signo de identidad de Cristo y de los cristianos. 
Recordemos Emaús: lo reconocieron "al partir el pan". Recordemos la primera comunidad de Jerusalén: "Perseveraban [...] en la fracción del pan". Se trata de la Eucaristía, que desde el comienzo ha sido el centro y la forma de la vida de la Iglesia».
(Homilía del papa Francisco, 26 de mayo de 2016).

domingo, 5 de abril de 2026

Encontré el Amor que buscaba . Mateo 28, 1-10.

Experiencia de las dos Mujeres
            Ha Resucitado
"El primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.
 De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. 
Su rostro brillaba y sus vestiduras eran blancas como la nieve.
 Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. 
El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado
como lo había dicho.
 Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. 
Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. 

Reflexión.

El corazón de estas dos mujeres estaba inquieto, querían ver al Señor. 
Corriendo de mañana, y a toda prisa, van buscarlo. 
El corazón del hombre está inquieto, pues tiene sed de Dios.
 Y no lo encontrará a menos de que se ponga en marcha, a menos de que lo busque.
 Estas mujeres salen la primeras y lo encuentran resucitado, 
ahí encuentran la paz.
 Pero esta alegría no es para ellas, pues quien se ha encontrado con el Señor tiene la misión de llevarlo a los demás; de guiarlos y de conducirlos por el verdadero camino.

Los apóstoles, unos se habían quedado en casa, sentados, en la oscuridad, acongojados por la tristeza.
 Otros habían partido en busca de nuevas aventuras, como los discípulos de Emaús.
 Y es a ellos a quienes el Señor manda sus mensajeras para sacarlos de la tristeza y de la oscuridad. 
Ellas hubieran preferido quedarse ahí, adorando al Señor, contemplando su gloria, pero el Señor las envía con una misión muy grande. 
Llevar la luz a los necesitados.
  Hoy, el mundo está inquieto buscando la felicidad por todas partes. 
Unos al no encontrarla se quedan sentados en la oscuridad, otros la buscan en mil aventuras por caminos equivocados y con vanas esperanzas.
 Pero he ahí que nosotros la hemos encontrado y hemos contemplado el amor. 
Tal vez, porque hemos sido un poco más madrugadores y hemos tenido un poco de valentía. 
Pero sin duda, la hemos encontrado porque es Jesús quien ha salido a nuestro encuentro. 
Y es Él quien nos pide llevarlo a las periferias, donde falta el amor y donde se busca la felicidad equivocadamente en el placer o en el dinero.
 Es ahí donde nos manda para llevar la luz.

«Fue también la [nostalgia] que experimentó María Magdalena la mañana del domingo para salir corriendo al sepulcro y encontrar a su Maestro resucitado.
 La nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar. La nostalgia de Dios es la actitud que rompe aburridos conformismos e impulsa a comprometerse por ese cambio que anhelamos y necesitamos
La nostalgia de Dios tiene su raíz en el pasado pero no se queda allí: va en busca del futuro. Al igual que los magos, el creyente “nostalgioso” busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera el Señor. Va a la periferia, a la frontera, a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con su Señor; y lejos de hacerlo con una postura de superioridad lo hace como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar».

(Homilía del papa Francisco, 6 de enero de 2017).

viernes, 3 de abril de 2026

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42.



Apresaron a Jesús y lo ataron
Llevaron a Jesús primero ante Anás.
Mi Reino no es de este mundo.
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. 
Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?». 
Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído». Pilato les dijo: «Pues llévenselo y júzguenlo según su ley».
 Los judíos le respondieron: «No estamos autorizados a dar muerte a nadie». 
Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. 
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
 «¿Eres Tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: 
«¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?». 
Pilato le respondió: «¿Acaso soy yo judío? 
Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí.
  ¿Qué es lo que has hecho?». Jesús le contestó: «Mi Reino no es de este mundo.
Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí».

" Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!», y le daban de bofetadas. 
Pilato salió otra vez y les dijo: «Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa». Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre»

En este Viernes Santo, me quisiera detener a meditar en las palabras que Pilato pronuncia cuando presenta a Cristo después de ser flagelado, con una corona de espinas y un manto color púrpura: «Aquí está el hombre». 
Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.
 En los Evangelios vemos que Juan el Bautista lo reconoce como el cordero de Dios «Ecce agnus Dei», nos revela su naturaleza divina; en cambio Pilato lo reconoce como verdadero hombre «Ecce homo», y nos revela su naturaleza humana.

La pregunta que me surge en este momento es: 
¿Por qué Pilato lo reconoce como verdadero hombre bajo ese aspecto? 
Pues sabemos que Juan lo reconoció mientras estaba bautizándolo.

Cristo, flagelado, es la imagen del hombre herido por el pecado.
 No tiene apariencia humana, es una llaga de pies a cabeza y es una llaga de puro amor.
 Sabemos que toda herida, toda llaga deja una marca difícil de borrar. 
Cristo sufre por mí y me muestra las consecuencias del pecado en mi vida. 
Es el hombre quien le causa semejante daño a Cristo, pero también es el hombre quien sufre. Jesús conoce el sufrimiento de cada hombre y toma sobre sí todo el peso, todo el sufrimiento sólo por amor. 
Dios no es indiferente ante el dolor del hombre, Él mismo decide sufrir con nosotros y por nosotros. Sufrir por amor muestra la grandeza y veracidad de ese amor.
 «No hay amor más grande, que aquel que da la vida por sus amigos». (Jn 16,14)

Tomemos conciencia de que Jesús sufre por mí y me dice: «Esto es lo que hace el pecado en tu alma y lo que me haces a mí, pero mira que todo esto lo acepto y lo sufro sólo por amor a ti. Aunque me hayas ofendido y me sigas ofendiendo, nunca te dejaré de amar y cada vez te amaré más».

Yo sólo le puedo decir: «soy el culpable de este aspecto que tienes. 
Soy yo quien te hirió, te escupió, quien se burló de Ti, quien te ofendió. 
Te pido perdón por lo que te he hecho y te pido me ayudes a nunca más volverte a ofender»..

«Señor, ¿quién es el hombre para que de él te acuerdes, para que te hagas semejante a él?» (Salmo 8).

«¿Cuándo Jesús se ha revelado rey? 
¡En el evento de la Cruz! Quien mira la Cruz de Cristo no puede no ver la sorprendente gratuidad del amor. 
Alguno de vosotros puede decir: “ esto ha sido un fracaso!”. Es precisamente en el fracaso del pecado —el pecado es un fracaso—, en el fracaso de la ambición humana, donde se encuentra el triunfo de la Cruz, ahí está la gratuidad del amor. 
En el fracaso de la Cruz se ve el amor, este amor que es gratuito, que nos da Jesús.
 Hablar de potencia y de fuerza, para el cristiano, significa hacer referencia a la potencia de la Cruz y a la fuerza del amor de Jesús: un amor que permanece firme e íntegro, incluso ante el rechazo, y que aparece como la realización última de una vida dedicada a la total entrega de sí en favor de la humanidad».
 papa Francisco

jueves, 2 de abril de 2026

Meditación de monseñor Van Thuân al Papa

LA ECUCARISTA CAMBIO LA VIDA EN EL CAMPO DE REEDUCACION COMUNISTA
Meditación de monseñor Van Thuân al Papa

CIUDAD DEL VATICANO, 16 mar (ZENIT.org).- La Eucaristía fue el tema de la primera meditación que hoy predicó el arzobispo vietnamita François Xavier Nguyên Van Thuân al Papa y a sus colaboradores, quienes en esta semana se encuentran haciendo Ejercicios Espirituales. Comenzó con una conmovedora evocación de las Misas que celebró en los trece años de cárcel que tuvo que soportar en su país.

«Cuando me encarcelaron en 1975 --recordó el prelado vietnamita--, me vino una preguntaangustiosa: "¿Podré celebrar la Eucaristía?"».El prelado explicó que, dado que al ser detenido no le permitieron llevarse ninguno de sus objetos personales, al día siguiente le permitieron escribir a su familia para pedir bienes de primera necesidad: ropa, pasta dental, etc. «Por favor, enviadme algo de vino, como medicina para el dolor de estómago»
Los fieles entendieron muy bien lo que quería y le mandaron una botella pequeña de vino con una etiqueta en la que decía: «Medicina para el dolor de estómago».
 Entre la ropa escondieron también algunas hostias
La policía le preguntó: «¿Le duele el estómago?». «Sí», respondió monseñor Van Thuân, quien entonces era arzobispo de Saigón. «Aquí tiene su medicina».

«No podré expresar nunca mi alegría: celebré cada día la Misa con tres gotas de vino y una de agua en la palma de la mano. Cada día pude arrodillarme ante la Cruz con Jesús, beber con él su cáliz más amargo.
 Cada día, al recitar la consagración, confirmé con todo mi corazón y con toda mi alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, a través de su sangre mezclada con la mía. 
Fueron las Misas más bellas de mi vida».

Más tarde, cuando le internaron en un campo de reeducación, al arzobispo le metieron en un grupo de cincuenta detenidos.
 Dormían en una cama común. Cada uno tenía derecho a cincuenta centímetros. 
«Nos las arreglamos para que a mi lado estuvieran cinco católicos --cuenta--. A las 21,30 se apagaban las luces y todos tenían que dormir. 
En la cama, yo celebraba la Misa de memoria y distribuía la comunión pasando la mano por debajo del mosquitero.
 Hacíamos sobres con papel de cigarro para conservar el santísimo Sacramento. 
Llevaba siempre a Cristo Eucaristía en el bolso de la camisa».

Dado que todas las semanas tenía lugar una sesión de adoctrinamiento en la que participaban todos los grupos de cincuenta personas que componían el campo de reeducación, el arzobispo aprovechaba los momentos de pausa para pasar con la ayuda de sus compañeros católicos la Eucaristía a los otros cuatro grupos de prisioneros. 
«Todos sabían que Jesús estaba entre ellos, y él cura todos los sufrimientos físicos y mentales. De noche, los prisioneros se turnaban en momentos de adoración; Jesús Eucaristía ayuda de manera inimaginable con su presencia silenciosa: 
muchos cristianos volvieron a creer con entusiasmo; su testimonio de servicio y de amor tuvo un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros; incluso algunos budistas y no cristianos abrazaron la fe. 
La fuerza de Jesús es irresistible. La obscuridad de la cárcel se convirtió en luz pascual».

 «Jesús comenzó una revolución en la cruz. La revolución de la civilización del amor tiene que comenzar en la Eucaristía y desde aquí tiene que ser impulsada».

«Concluyo con un sueño --dijo monseñor Van Thuân--: en él la Curia romana es como una gran hostia, en el seno de la Iglesia, que es como un gran Cenáculo. Todos nosotros somos como granos de trigo que se dejan moler por las exigencias de la comunión para formar un solo cuerpo, plenamente solidarios y plenamente entregados, como pan de vida para el mundo, como signo de esperanza para la humanidad. Un solo pan y un solo cuerpo».ZS00031605--------------------------------------------------------

EL SECRETO DEL LA SANTIDAD: VIVIR CADA DIA COMO SI FUERA EL ULTIMO
Monseñor Van Thuân: «En la cárcel comprendí que el momento presente

CIUDAD DEL VATICANO, 14 mar (ZENIT.org).- «La aventura de la esperanza», este fue el tema que afrontó el monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân al predicar hoy los Ejercicios Espirituales a Juan Pablo II y a sus colaboradores.
Como ya hizo en otras meditaciones, las reflexiones del arzobispo vietnamita se inspiraron en su experiencia de trece años de cárcel en Vietnam. «Después de que me arrestaran en agosto de 1975 --confesó-- dos policías me llevaron en la noche de Saigón hasta Nhatrang, un viaje de 450 kilómetros. Comenzó entonces mi vida de encarcelado, sin horarios. Sin noches ni días. En nuestra tierra hay un refrán que dice: "Un día de prisión vale por mil otoños de libertad". Yo mismo pude experimentarlo. En la cárcel todos esperan la liberación, cada día, cada minuto. Me venían a la mente sentimientos confusos: tristeza, miedo, tensión. Mi corazón se sentía lacerado por la lejanía de mi pueblo. En la oscuridad de la noche, en medio de ese océano de ansiedad, de pesadilla, poco a poco me fui despertando: "Tengo que afrontar la realidad. Estoy en la cárcel. ¿No es acaso este el mejor momento para hacer algo realmente grande? ¿Cuántas veces en mi vida volveré a vivir una ocasión como ésta? Lo único seguro en la vida es la muerte. Por tanto, tengo que aprovechar las ocasiones que se me presentan cada día para cumplir acciones ordinarias de manera extraordinaria"».

«En las largas noches de presión --continua revelando el quien entonces era arzobispo de Saigón-- me convencí de que vivir el momento presente es el camino más sencillo y seguro para alcanzar la santidad. Esta convicción me sugirió una oración: "Jesús, yo no esperaré, quiero vivir el momento presente llenándolo de amor. La línea recta está hecha de millones de pequeños puntos unidos unos a otros. También mi vida está hecha de millones de segundos y de minutos unidos entre sí. Si vivo cada segundo la línea será recta. Si vivo con perfección cada minuto la vida será santa. El camino de la esperanza está empedrado con pequeños momentos de esperanza. La vida de la esperanza está hecha de breves minutos de esperanza. Como tú Jesús, quien has hecho siempre lo que le agrada a tu Padre. En cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo, mi verdad es siempre una nueva y eterna alianza contigo. Cada minuto quiero cantar con toda la Iglesia: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo...».

Mensajes escritos en un calendario«En los meses sucesivos, cuando me tenían encerrado en el pueblo de Cay Vong, --continuó explicando Van Thuân--, bajo el control continuo de la policía, día y noche, había un pensamiento que me obsesionaba: "¡El pueblo al que tanto quiero, mi pueblo, se ha quedado como un rebaño sin pastor! ¿Cómo puedo entrar en contacto con mi pueblo, precisamente en este momento en el que tienen tanta necesidad de un pastor?". Las librerías católicas habían sido confiscadas; las escuelas cerradas; los maestros, las religiosas, los religiosos desperdigados; algunos habían sido mandados a trabajar a los campos de arroz, otros se encontraban en las "regiones de nueva economía" en las aldeas. La separación era un "shock" que destruía mi corazón».
«Yo no voy a esperar --me dije--. Viviré el momento presente, llenándolo de amor. Pero, ¿cómo?». Una noche lo comprendí: "François, es muy sencillo, haz como san Pablo cuando estaba en la cárcel: escribe cartas a las comunidades". Al día siguiente, en octubre de 1975, con un gesto pude y llamar a un niño de cinco años, que se llamaba Quang, era cristiano. «Dile a tu madre que me compre calendarios viejos». Ese mismo día, por la noche, en la oscuridad, Quang me trajo los calendarios y todas las noches de octubre y de noviembre de 1975 escribí a mi pueblo mi mensaje desde el cautiverio. Todas las mañanas, el niño venía para recoger las hojas y se las llevaba a su casa. Sus hermanos y hermanas copiaban los mensajes. Así se escribió el libro "El camino de la esperanza", que ahora ha sido publicado en once idiomas».

Monseñor Van Thuân no lo dijo, sus pensamientos pasaron de mano en mano entre los vietnamitas. Eran trozos de papel que salieron del país con los «boat people» que huían de la dictadura comunista.
El camino hacia la santidad«Cuando salí recibí una carta de la Madre Teresa de Calcuta con estas palabras --recuerda el predicador de los Ejercicios del Papa--: "Lo que cuenta no es la cantidad de nuestras acciones, sino la intensidad del amor que ponemos en cada una". Aquella experiencia reforzó en mi interior la idea de que tenemos que vivir cada día, cada minuto de nuestra vida como si fuera el último; dejar todo lo que es accesorio; concentrarnos sólo en lo esencial. Cada palabra, cada gesto, cada llamada por teléfono, cada decisión, tienen que ser el momento más bello de nuestra vida. Hay que amar a todos, hay que sonreír a todos sin perder un solo segundo».________________________________________________________________
 N. B.: Monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân recogió en el libro «El camino de la esperanza» («The Road of Hope») experiencias y reflexiones tras trece años de cárcel en Vietnam.
El libro está disponible en castellano enEDICEP C.BAlmirante Cadarso, 11
46005 VALENCIA
España Tel: (34) 96 395 20 45 
Fax: (34) 96 395 22 97

En inglés puede pedirse enFederation of Vietnamese Catholics in The U.S.A4827 N. Kenmore Ave.Chicago, IL. 60640 USATel: (321) 784- 1932ZS00031904


Semana Santa un Amor sin medida Mateo 26, 14-27, 66.


Domingo de Ramos


obras son amores y no buenas razones».

Hoy inician los días del amor.
 El amor que no se queda en las palabras, en los sentimientos y emociones. 
Es el amor más concreto, más sincero, más real.
Es el amor de las obras. 
Cristo, con este pasaje de tu Pasión me enseñas a amar sin medidas y con obras. 

En efecto, se podría aplicar hoy el refrán:
 «obras son amores y no buenas razones».
Las obras de amor se miran, se reciben, se hacen, no se analizan ni se estudian. 
Como es un amor de obras lo más justo en este rato de oración es contemplar, mirar, escuchar, acompañar. 
No quieres en este momento que razone, que estudie, que discurra con la inteligencia.
 Quieres que me deje amar. Quieres que contemple los actos que sufres por amor a mí…
porque me amas. 

Concédeme, en estos días, el don de la contemplación que me permita profundizar en los misterios de mi salvación.

Este Evangelio, Señor, me presenta el fin para el que habías venido a este mundo: 
salvarme y demostrarme tu amor. Es lo que vas a realizar esta Semana Santa:
 Salvarme de los lazos del enemigo, de la muerte, del sinsentido, del pecado; y demostrarme que eres Amor y, por lo mismo, que me amas con pasión, con locura, que me amas hasta el extremo de dar la vida por mí.
Puede ser, Señor, que ya me haya acostumbrado a leer o escuchar los relatos de tu Pasión, pero ayúdame a revivir esos momentos contigo. 
Adentrarme en lo que sentías (hambre, sed, sueño, cansancio, dolor, pena, vergüenza…), en lo que pensabas, en lo que hacías.
 No es este relato una fábula terrible o un mito milenario.
 Esto es verdad. 
Tú padeciste por mí la traición, el abandono, la flagelación, un juicio injusto, una corrupta condena, un martirio espantoso, una muerte ignominiosa.

Permíteme acompañarte en estos momentos y descubrir en ellos las enseñanzas que me quieras dar para mi vida.
Jamás permitas que me acostumbre a verte crucificado y ayúdame a vivir esta Semana Santa no como una más, sino como la ocasión propicia para conocerte y dejarme amar.

«Nos pude parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos. 
Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. 
Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “catedra de Dios”. 
Os invito en esta semana a mirar a menudo esta “Catedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama. Con su humillación, Jesús nos invita a caminar por su camino» papa Francisco.

Les Amo hasta el extremo .Jh.13,1-15


" Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo."

«Los amó hasta el extremo»… ¿qué me dicen estas palabras? Los amó hasta el extremo… No sólo me amas; sino que me amas como nadie jamás me ha amado, me ama y me amará. 
No sé si soy consciente de tu amor hacia mí, Señor; no sé si soy consciente de que todo lo que anhelo, sólo en Ti lo encuentro…no sé si me lo creo.

"Se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido."

Te levantas de la mesa sabiendo perfectamente qué quieres hacer; te quitas el manto, te pones a los pies de tus discípulos para lavarlos… te pones a mis pies.
"Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?”. 
Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. 
De igual manera me sorprendo ante este gran y sencillo gesto de amor; no puedo permitir que el Dios creador, el Dios omnipotente, el todopoderoso venga hacía mí… se humille, se incline ante mí en posición de siervo y limpie mis pies.

Lo haces tan decidido y con amor desmedido que te das cuenta lo difícil que es entender… pues el amor es difícil de entender. Sólo viviéndolo es como se llega a comprender.
Se nos es difícil de entender y por ello pides que veamos con atención… 

Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”.
Pides que más que tratar de entender, de resistirnos a su amor, nos dejemos amar… me deje transformar.
 
"Hoy, Señor, en este jueves santo no quiero decir nada…
ni poner resistencia a tu amor. Sólo quiero estar contigo y amarte dejándome amar por ti, para que sea ese amor, tu amor, el que me lleve a amar los demás. Sea ese amor que veo, que contemplo en ti, el que me transforme y, dejándome transformar, pueda amar de verdad.

«Pero, ¿qué es el servicio? Es posible pensar que consista sólo en ser fieles a nuestros deberes o en hacer alguna obra buena. 
Pero para Jesús es mucho más. En el Evangelio de hoy, él nos pide, incluso con palabras muy fuertes, radicales, una disponibilidad total, una vida completamente entregada, sin cálculos y sin ganancias. 

¿Por qué Jesús es tan exigente? Porque él nos ha amado de ese modo, haciéndose nuestro siervo “hasta el extremo”, viniendo “para servir y dar su vida”. 
Y esto sucede aún hoy cada vez que celebramos la Eucaristía: el Señor se presenta entre nosotros y, por más que nosotros nos propongamos servirlo y amarlo, es siempre él quien nos precede, sirviéndonos y amándonos más de cuanto podamos imaginar y merecer» papa Francisco,