domingo, 1 de febrero de 2026

¿Quieres ser Feliz? Mateo 5, 1-12.


BIENAVENTURANZAS              Mateo 5, 1-12.
Jesús nos ofrece un programa  para ser Feliz

En aquel tiempo, Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. 
Entonces se le acercaron sus discípulos. 
Enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo:
 “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
 Dichosos los que lloran, porque serán consolados. 

Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
 Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

Reflexión.Papa Francisco

¿Dónde está la felicidad? ¡Cuántas veces no preguntamos interiormente dónde está! Vamos de un lado a otro buscando la felicidad, y muchas veces nos damos cuenta que toda pasa, que el placer pasajero no dura mucho y que en el fondo tenemos sed de algo más. 

Nuestro corazón está inquieto y busca siempre más, parece que es un pozo sin fondo en donde siempre puede echarse más… 

Y aquí el Señor nos presenta un programa para alcanzar la felicidad. 

Y, ¿qué nos propone? Nos propone vivir la pobreza de espíritu, el sufrimiento por causa de la justicia, vivir la misericordia, la pureza del corazón, la persecución, la injuria…

Al escuchar las palabras podemos pensar que son demasiado fuertes, que es demasiada la exigencia del Señor, ¿no se da cuenta que no podemos? Pero Jesús no nos propone un camino fácil, al contrario, nos invita a entrar por la puerta estrecha, a morir a nosotros mismos, a tomar la cruz… creo que con un programa así lo único que podía conseguir era perder discípulos. Pero ¿qué prometía? ¡La felicidad eterna! ¡La verdadera felicidad!

Nos prometió el consuelo, la misericordia, la visión de Dios, un premio grande en la vida eterna.

Nos invita a dejarlo todo y al mismo tiempo a ganarlo todo, porque: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma?» (Mt, 16).

«En el Evangelio hemos escuchado a Jesús que enseña a sus discípulos y a la gente reunida en la colina cercana al lago de Galilea. 
La palabra del Señor resucitado y vivo nos indica también a nosotros, hoy, el camino para alcanzar la verdadera beatitud, el camino que conduce al Cielo. 
Es un camino difícil de comprender porque va contra corriente, pero el Señor nos dice que quien va por este camino es feliz, tarde o temprano alcanza la felicidad».


sábado, 31 de enero de 2026

Filtra en mis pobres pupilas dos gotas frescas de fe


«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».

Mi Credo


Yo creo en ti, Jesús, pero aumenta mi fe.
Creo que has subido a mi barca y estás presente de día y de noche; que eres mi guardián y no duermes, aunque a veces te sintamos dormido.

Yo creo en tí, Jesús, que tienes la fuerza y el poder de transformar las tempestades de las situaciones del mundo —guerras, violencia, divisiones, peleas— en una gran bonanza, en comunión, armonía y paz.

Yo creo que estás aquí presente en la Eucaristía y estás vivo

alimentando al mundo desde este trozo de pan, transformando nuestro corazón.
Convierte, Jesús, mi pobre fe en certezas, siendo perseverante en la fe y sin tambalear ante las tormentas de la vida.

Yo creo en ti, Jesús, en tu resurrección; que tú estás vivo y que has vencido la muerte.

Yo creo que Tú sigues dando vida abundante y nos conviertes en canales de vida.
Yo creo en tí, Trinidad
que habitas en mi corazón y en el corazón del mundo, sosteniendo nuestra vida.
Creo en ti, Padre bueno y misericordioso, que eres padre y madre, abrazando nuestra vida.

Creo que tú eres el autor de todo lo creado: la belleza de la naturaleza.
Un atardecer, un amanecer, una noche estrellada, un cielo azul, los pájaros de colores que cantan, las flores multicolores, las montañas, el mar… Toda esta belleza del universo entero es una manifestación de tu amor.

Creo en ti, Padre creador, que estamos en tus manos y que estás constantemente creando, haciendo todo nuevo.

Creo que ninguna criatura está acabada y tú nos vas perfeccionando día a día.

Creo en ti, Jesús, camino y meta, compañero de mi vida, Esposo, Amigo, Peregrino, Maestro, que me acompañas, me abres camino, me llevas de tu mano y me guías a mi destino.
Yo creo en la vida eterna, que estás vivo y resucitado, que nos estás salvando constantemente; creo que estás en mí y que un día estaré sentada junto a tí en el lugar que el Padre me ha asignado.
Yo creo en tu fuerza y en tu poder de transformar la muerte en vida.


Creo en la fuerza de la Palabra
que cura, salva y despliega, llevándonos a un cambio total de vida.
Creo que tú nos vas transformando desde dentro.

Yo creo que en ti está el poder, la fuerza y la victoria, y no según el mundo, sino desde lo oculto, sencillo y pequeño; desde este trozo de pan que está aquí en la Eucaristía alimentando al mundo entero, siendo yo la primera alimentada.
Yo creo, Jesús, que tú, ya desde la cruz, has salvado al mundo entero; has bajado a lo más hondo de nuestra vida, al abismo profundo, y nos rescataste; y ahora estás dentro de nuestro corazón.
Yo creo en ti, Espíritu Santo, huésped y motor del alma, que nos haces testigos y santos.

Yo creo en los ángeles
 que nos cuidan, nos sostienen y nos alertan de los peligros.

 Creo en la comunión de los santos.
Yo creo que tú vas preparando nuestro camino de santidad desde ahora.

Creo también en los santos de la puerta de al lado, 
en aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios.

Creo en nuestra Madre la Virgen y en San José.

Yo creo en ti, Jesús, que llegaremos juntos a una única morada, el cielo, y allí tú nos sentarás a la mesa, te pondrás el delantal y nos servirás.

Yo creo en el poder de tu Palabra, que es capaz de transformar el caos del mundo en luz.

Gracias por tener en quién creer: en ti, Jesús, Padre, Espíritu Santo y María, nuestra Madre del cielo. Amén.
LevJPE

¿Quien es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”. Mc.4, 35-41.



Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

 De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. 
Lo despertaron y le dijeron:
“Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.
 Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: 

“Cállate, enmudece!”. 
Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. 
Jesús les dijo: 
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: 
Quien es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”.

Reflexión.Papa Francisco

Jesús, Tú duermes en medio de una tormenta.
 No sé cómo puedes hacerlo. Es como si yo viajara en un avión, el piloto dijera que acaba de perder el control de la nave y que es posible que nos estrellemos, y yo pidiera a la azafata un par de audífonos para ver una película… ¿es que no te importa que se hundan? 
La misma pregunta me surge muy a menudo Señor, veo tanto mal en el mundo, tanta violencia, tanta injusticia… y Tú callas, casi como si durmieses…
 ¿Es que no te importa a dónde vaya a parar este mundo?, ¿o acaso duermes y no te enteras que vamos a la deriva? 

Te miro en silencio, allí, en el sagrario y me pregunto si duermes, si no te importa tanto dolor… 


Tú despertaste, Señor, e increpaste al mar y al viento… y te obedecieron. En un segundo cambiaste la tempestad en calma
y la incredulidad de tus discípulos, en fe.

Miro alrededor, Señor, y me doy cuenta que de ninguna manera duermes, que trabajas. 
Tantos misioneros, tantos sacerdotes y almas consagradas, tantos laicos que, en silencio, transforman las peores tempestades en paz, portando tu palabra a los hospitales, pan a los hambrientos y consuelo a los tristes… 

No duermes, Jesús. Trabajas…
sí, pero en silencio. 
Y yo ni escucho tu voz ni veo tus obras porque estoy más ocupado viendo y escuchando el mar y el viento.

 Que mirando tus obras
Jesús, me miras allí, hablando en lo profundo de mi corazón, y me invitas a dejarme de lamentos estériles y a ponerme a trabajar por la extensión de tu Reino.

Confío en ti, Jesús. ¡Aumenta mi confianza! 
Yo también quiero trabajar por tu Reino y por mis hermanos. 
Lo haré.
 Dame la fuerza que necesito.

«Prometemos que nunca los olvidaremos. Nunca vamos a dejar de hablar por vosotros .
Haremos todo lo posible para abrir los ojos y los corazones del mundo.
 La paz no es el fin de la historia. La paz es el inicio de una historia ligada al futuro.
 Europa debería saber esto mejor que cualquier otro continente. Esta hermosa isla, donde nos encontramos ahora, es sólo un punto en el mapa.
 Para domar el viento y el mar agitado Jesús ordenó al viento que cesase justo cuando la barca en el que estaban él y sus discípulos estaba en peligro. Luego la calma siguió a la tormenta».


viernes, 30 de enero de 2026

La semilla que por si sola va produciendo fruto.Mc.4, 26-34.



En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: 
que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto:

 primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

 Les dijo también:
 “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar?
Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. 



Reflexión. Papa Francisco 

La sencillez de Dios es un gran y hermoso misterio. Un misterio que parece siempre ir en contra de la forma en que vivimos .
Una vida en donde el tiempo no espera; donde parece no haber tiempo para la paciencia.

Nos acostumbramos a una seguridad que sólo llega cuando presionamos el botón de «enviar» seguido de la confirmación «listo»… sólo así nos envuelve la paz.

La sencillez de Dios nos lleva por el camino de la confianza… de la paciencia y de la esperanza.

Hacemos y no vemos; no vemos y desesperamos. Jesús nos dice, haz y aunque no veas… sigue haciendo… confía. 
Paciencia, que aquello que se siembra en tierra buena tiende a crecer. Esperanza, pues la cosecha será más de la que puedes imaginar.

Nos invita a confiar en la grandeza de su amor. Nos invita a esperar, no pasivamente, sino movidos por ese mismo amor.

 Nos invita a no olvidar que aquél que cree en Él tendrá vida eterna.

Nos invita a no olvidar que aquél que permanece en Él, ése verdaderamente dará fruto, y fruto en abundancia.

 Nos invita a creer en la sencillez de su amor. 
A creer aun cuando no veamos… a esperar lo que se nos será dado… a amar… simplemente a amar.

Señor, creo en ti… aumenta mi fe.

«Ningún ingreso triunfal, ninguna manifestación grandiosa del Omnipotente: él no se muestra como un sol deslumbrante, sino que entra en el mundo en el modo más sencillo, como un niño dado a luz por su madre, con ese estilo que nos habla la Escritura: como la lluvia cae sobre la tierra, como la más pequeña de las semillas que brota y crece. Así,
contrariamente a lo que cabría esperar y quizás desearíamos, el Reino de Dios, ahora como entonces, “no viene con ostentación”, sino en la pequeñez, en la humildad».


La semilla del Reino

Un día colocaste una semilla muy pequeña en mí, Señor.
Muchos sembradores han pasado por mi vida. 
Tantas semillas han caído en mi corazón.
 Algunas han crecido sin yo darme cuenta. 
Otras las he cultivado yo mismo. Otras más ,han sido otros , quienes las han hecho crecer.
 A veces son semillas de esperanza, semillas de ilusiones, semillas de Amor, de paz, de deseos. 
Unas han dado árboles frondosos,

 otras espinas. 

Algunas han muerto ya, otras están naciendo. 
Entre todas las semillas, sin embargo, hay una especial.
 Es la mejor
Incluso  aún es pequeña, se llama la semilla del Reino.
 De un Reino de Amor,Cristo
Ella no es sólo deseo, no es sólo ilusión, no es sólo incertidumbre; es todo eso y mucho más.
 Es aquella que da vida. 
Es aquella que pide mucha agua, mucho esfuerzo, mucho espacio en el corazón… pues es la única que lo llenará plenamente. La semilla es verdadera.
  Existe en mí, Dios la ha colocado.
Señor, ¿cómo la he cultivado?, ¿cómo te he dejado cultivarla? Una vez más renuevo mi confianza en ti y me entrego nuevamente a ti sabiendo que harás fructificar la semilla del Reino que has sembrado en mí.

DINAMISMO DE LA PALABRA

ESCUCHA LA PALABRA.
  • Relee las pautas y pide el fruto que deseas.
¿Qué cita, o qué quieres que dialogue contigo?
¿Cuál es el tema, el argumento, la verdad que necesito profundizar?
¿Qué fruto tendría que sacar de este tiempo de diálogo?
¿De qué quieres hablarme Señor?
Preparar mi tierra para acoger tu Palabra
¡Habla Señor, que tu siervo escucha!

  • Lee la cita: Escúchale
¿Qué me llama la atención de manera especial?
  • Ponte de protagonista y escribe.
  • Discierne lo que vas a cambiar

-       Frente lo que me dice la Palabra de Dios  ¿Qué me dice el mundo o que digo yo?

VIVE LA PALABRA
  • Ponla en práctica y serás feliz
-       ¿Qué me invitas a practicar para ser felíz?

ASIMILA LA PALABRA.
  • Contrasta el Pensar de Dios con tu pensar.
¿Qué piensa Jesús? ¿Qué pienso yo?
¿Qué siente Jesús y qué siento yo?
¿Cómo actúa Jesús y cómo actúo yo?
ANUNCIA LA PALABRA
¿Cuál ha sido la buena noticia que he recibido con tu Palabra?
¿Cómo puedo comunicarles tu Palabra?
¿Cuándo?  ¿Dónde? ¿A pesar de qué?
¿Cómo puedo permanecer en tu Palabra para que dé mucho fruto en mí y en los demás?

Agradece todo lo que en esta vigilia el Sr. Te ha dado para que no se pierda nada de lo que el Sr. Te ha dado

La Fe como un granito de mostaza .



El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera :"Arrancate de raíz y plántate en el mar."
Y os obedecería.»
Cómo discípulos de Jesús estamos llamados a realizar las mismas obras que realizó Jesús y la obra más grande es la del amor y un amor de perdonar siempre y es lo que más nos cuesta, y sentimos que no podemos por nuestra falta de fe.
Jesús como me gustaría poder tener está fe aunque sea  como un grano de mostaza, por eso así como los discípulos te dijeron: "Señor auméntamos  la fe " Yo también te  pido lo mismo, para realizar tus mismas obras que es Amar y realizar todo lo que es impensable , imposible en la misión .
Me animan  estas palabras del Papa Francisco:
"La semilla de mostaza es pequeñisima,pero Jesús dice que basta tener una fe así,pequeña,pero auténtica,sincera,para hacer cosas humanamente imposible,impensables . 
Y es verdad  todos conocemos personas sencillas ,humildes,pero con una fe muy firme que de verdad mueve montañas ."
Cómo San Martín de Porres,se ejercitaba intensamente en la caridad para con sus hermanos,caridad que era fruto  de su fe íntegra  y de su humildad.
Cómo Santa Teresita del niño Jesús que creyó que su vocación era el amor.
"Llena de alegría exclamé oh Jesús,amor mío ,por fin he encontrado mi vocación:
Mi vocación es el amor . En el corazón de la iglesia, que es mi madre,yo seré el amor;de este modo lo seré todo,y mi deseo se verá colmado".
 hoy son mis dos modelos en humildad y sencillez  San Martín y santa Teresita del niño Jesús Su misión se concretó  En la única obra de la que se nos examinara el amor.
Te pido Jesús una gota de fe para realizar la misión que nos confías porque nada es imposible para el que cree .
LevJEp