domingo, 8 de marzo de 2026

III DOMINGO CUARESMA Dios tiene sed de que tú tengas sed de él .

Si conocieras el Don que Dios te quiere regalar. Jn.4,1.35
"Dame de Beber "
"En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. 
Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y 
Jesús le dijo: "Dame de beber" (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). 
La samaritana le contestó: "¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva".
La mujer le respondió:
"Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?".
 Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna".

La mujer le dijo: 
"Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla". 
Él le dijo: "Ve a llamar a tu marido y vuelve". 
La mujer le contestó:
 "No tengo marido".
 Jesús le dijo: "Tienes razón en decir 'No tengo marido'. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad".

Reflexión.
Nuestro corazón está sediento. Es la sed más grande que el hombre pueda tener. En ocasiones, desafortunadamente, buscamos apagarla con momentos de desenfreno y entrega a las pasiones. Pero una vez que han pasado, nos percatamos que todo sigue igual. La sed de nuestro corazón no puede ser satisfecha por lo material. 
Esta sed va más allá de la superficialidad y apela a lo más profundo e íntimo de nuestro corazón.
 El hombre tiene un hueco con la forma de Dios y sólo Él lo puede llenar. 
Nuestra sed infinita puede ser saciada sólo por su amor infinito.

Así como Cristo conoce a la samaritana, de igual forma conoce a cada uno de nosotros.
 Cristo sale a nuestro encuentro y, al conocerlo, nos conmociona su amor hacia nosotros, el cual nos da vida y vida en abundancia. Al igual que la samaritana, renovemos nuestro estupor por su grande amor y llevemos a las personas a la fuente de agua que sacia la sed de nuestro corazón. 
«Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (San Agustín).
«Dame de beber es lo que pide el Señor y es lo que nos pide que digamos nosotros. 
Y al decirlo, le abrimos la puerta a nuestra cansada esperanza 
para volver sin miedo al pozo fundante del primer amor, cuando Jesús pasó por nuestro camino, nos miró con misericordia, y nos eligió y nos pidió seguirlo; al decirlo recuperamos la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los nuestros,
 el momento en que nos hizo sentir que nos amaba, que me amaba, y no solo de manera personal, también como comunidad».
(Papa Francisco)

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