Jesús cura a un ciego de nacimiento
"Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte en la piscina de Siloé (que significa 'enviado'). Él fue, se lavó y volvió con vista.
Los fariseos no creen en Jesús por eso el que era ciego les dice:
"Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento.
Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder".
Le replicaron: "Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?". Y lo echaron fuera.
Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo:
"¿Crees tú en el hijo del hombre?". Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?".
Jesús le dijo: "Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es".
Él dijo: "Creo, Señor". Y postrándose, lo adoró.
Entonces le dijo Jesús: "Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos".
Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: "¿Entonces, también nosotros estamos ciegos?". Jesús les contestó: "Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado".
Reflexión.
Esta es la experiencia de cada uno de nosotros, que en cierta medida estamos ciegos, nuestra condición débil no nos deja ver con claridad y andamos por la vida a tientas. ¡Esta condición no es para siempre!
Hay una gran esperanza aún cuando no la vemos
y es Jesús que se acerca, toca el lodo del que estamos hechos y nos devuelve la condición para la que estamos hechos, para caminar en la luz y la verdad.
Pero no todo queda ahí. Jesús tocó los ojos del ciego, pero lo envió para que se lavara en un sitio muy específico.
El ciego no tenía nada que perder si se echaba un poco de agua, pero después de haber recibido quizás tantos desprecios y bromas en su vida, por la cultura de la época ¿qué le garantizaba que esta vez sería distinto?
La grandeza de este hombre consiste en que tuvo fe e hizo lo que el Señor le pedía.
El Señor cada día nos toca de diversas maneras, nos llama, nos “primerea”.
No obstante, nuestra poca fe a veces constituye el obstáculo que no deja que Dios actúe como Dios. Él respeta nuestra libertad y lo único que nos pide a cambio para obrar su grandeza es un poco de fe.
Los fariseos estaban furiosos por tan grande prodigio. No querían dar crédito a lo que sus ojos veían, pero en el espíritu ellos eran los verdaderamente ciegos según lo dice el mismo Jesús.
Ellos eran la gente religiosa, los que siempre cumplen, los que siempre están supuestamente cerca de Dios.
Eso no era lo malo, sino que su corazón estaba tan endurecido y lleno de soberbia que no eran capaces de reconocer el obrar de Dios.
Creían que todo lo sabían, que todo lo podían enseñar, y así juzgar a los demás con sus parámetros.
Jesús viene a romper esquemas. ¿Qué tipo de ciego soy? Respondámonos esta pregunta con toda sinceridad frente a Dios. ¿Soy el ciego que juzga, o soy el ciego que busca?
El Señor hoy nos quiere devolver la vista, escuchemos su voz y démosle gloria con nuestra vida que empieza a renacer en el Espíritu que nos da la luz.
«Nuestra vida, algunas veces, es semejante a la del ciego que se abrió a la luz, que se abrió a Dios, que se abrió a su gracia.
A veces, lamentablemente, es un poco como la de los doctores de la ley:
desde lo alto de nuestro orgullo juzgamos a los demás, incluso al Señor.
Hoy, somos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para dar fruto en nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos; comportamientos que son pecados.
Debemos arrepentirnos de esto, eliminar estos comportamientos para caminar con decisión por el camino de la santidad, También nosotros, en efecto, hemos sido «iluminados» por Cristo en el Bautismo, a fin de que, como nos recuerda san Pablo, podamos comportarnos como «hijos de la luz» (Ef 5, 9), con humildad, paciencia, misericordia. Estos doctores de la ley no tenían ni humildad ni paciencia ni misericordia» Papa Francisco,
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