martes, 3 de marzo de 2026

Si conocieras el don de Dios “Señor, dame de esa agua para no tener más sed”

"Dame  de Beber" 
Dice San Agustín: 
La oración es el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre 
La oración es un diálogo íntimo con la Palabra .Jaime Bonet
  Es el espacio donde aprendemos a escuchar a Dios y conocerlo 
 Dei Verbum 25 del Concilio Vaticano II, escuchamos a Dios al leer la Biblia porque se establece un diálogo de amor: hablamos a Dios cuando oramos y le escuchamos al leer sus Palabras
La Palabra de Dios es una declaración de amor 
Cuenta una historia que había en un pueblo una muchacha muy linda, que tenía dos pretendientes. Uno de ellos era trabajador, pero era tímido y callado. El otro, tenía roce social, amigos, era hablador y algo fanfarrón. Este último, siempre contaba a todos lo orgulloso que se sentía de ser el prometido de la mujer más hermosa del pueblo, y que pronto se casaría con ella. 
Sin embargo, luego de unos meses, la chica se casó con el pretendiente tímido y callado. Le preguntaron al pretendiente hablador qué había pasado. A manera de autocrítica contestó: “es que mientras yo me la pasaba hablando DE ella, él hablaba CON ella”.

¿No nos pasará lo mismo con el Señor? ¿No estaremos hablando DE Dios en vez de hablar CON Dios?
 Si no hablamos con Él, no podrá conquistar nuestro corazón, no nos seducirá su vida, ni su evangelio. 

¿Y porque tiene que ser esta oración a través de su Palabra?.
Leemos en Juan 1, 14: “Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros”. En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios (Juan 1, 1). 
Jesús ES la Palabra de Dios, la sabiduría de Dios, que viene del Padre y nos lleva al Padre. 
a través de la Palabra de Dios, llegamos al conocimiento profundo de Dios. 

La oración es un proceso, sólo se aprende a orar, orando. 
 Jesús es como ese enamorado que insiste una y otra vez hasta que le abramos la puerta. 
Él nos está esperando. 
Él da el primer paso, es Él quien sale a nuestro encuentro.

 La oración tiene su propio   dinamismo, la Palabra que leemos, oramos, y meditamos, actúa sobre nosotros. 
La Palabra es viva y eficaz Hb.4,12
I.Para orar necesitamos un ambiente de 
PREPARACIÓN:
Busca un lugar, separa tu horario,  pide  fe, abriéndote a su presencia, con confianza.
 Acalla todos los ruidos exteriores e interiores (que son los más difíciles).  empiesa el día con el Señor, que su Palabra oriente todo tu día.

ESCUCHA. 
 a Dios se le escucha con el corazón. Acoge su Palabra con fe. Escucha el plan de Dios para con tu vida. Recuerda que Él es el Maestro, y que puede llevar la conversación por donde Él quiera hablar contigo: ¡de eso se trata!.

 Meditación de la Palabra .
  Consiste en dialogar cariñosamente con el Señor. 

Una buena asimilación genera convicciones. Lo que te diga el mismo Jesús, tiene mucho más peso que lo que te digan los demás,cuándo la Palabra genera convicciones en ti, Jesús te va enamorando, y va transformando tu vida.
VIVENCIA:
 Si nuestra oración no nos conduce a cosas concretas, sólo sería una linda poesía.
 Al orar, pregunta al Señor: ¿cómo hacer esto que me pides?  Aterriza en algo concreto  
Vivir la Palabra, no debe significar una obligación, sino que debe brotar como respuesta generosa al amor de un Dios que dio el primer paso y nos salió al encuentro.

ANUNCIO: Utiliza los minutos finales de tu rato de oración para pensar ¿cómo compartir aquella Palabra que el Señor te dirigió? ¿a quiénes? ¿cuál es el mejor momento? 
Ten por seguro que mientras Dios te vaya hablando, se te vendrán a la mente nombres de muchas personas que necesitan escuchar lo que Dios te está diciendo.
 La oración sólo se completa cuando se comparte. 
Práctica del dinamismo de la Palabra 
Encuentro de Jesús y la Samaritana.

La historia empieza ubicándonos en el lugar de los hechos, en una ciudad de Samaria, llamada Sicar. Hemos dicho que para orar, lo mejor es ponernos en el lugar de los protagonistas, y meternos en la historia. Podríamos cambiar esa introducción quizás de la siguiente forma: “Jesús llegó a un pueblo  Este llamado So Pobla , (era alrededor del mediodía 3, 30 pm . En plena siesta donde no encontramos a nadie y el recorrido del camino muy caluroso
Ubicados en el tiempo y en el espacio, es bueno presenciar al protagonista principal: 
Jesús. 
Dice la historia que Jesús, fatigado del camino se sentó junto al pozo
Contempla a Jesús y pregúntale: ¿Señor, por qué te has fatigado? ¿Será que se cansa de mi indiferencia? ¿Se estará cansando de que yo siempre le diga: “más tarde, Señor, ahora estoy ocupado”? Tal vez esté cansado, porque toda la semana te estuvo esperando para hablar contigo al menos 15 minutos. 
Escucha su respuesta.
 Sin embargo, por muy cansado que esté, Él sigue creyendo en tu vida y propicia un encuentro.
 Es más, Jesús ha deseado tanto encontrarse a solas con la samaritana, que envió a sus discípulos a la ciudad a comprar comida, Hoy también Jesús ha propiciado un encuentro contigo, ¡que sea a solas!

2.Ahora veamos al otro personaje: la Samaritana. 
Ella iba al mediodía, a pesar del calor, porque, como veremos más adelante, había cosas de su vida que le daban vergüenza, y prefería no encontrarse con nadie.
 Tal vez en tu vida también hay cosas quisieras ocultar; sin embargo, Jesús quiere encontrarse contigo para transformar tus defectos, tus debilidades, tus pecados.
 “Dame de beber”, 
en este contexto es una forma de romper el hielo. 
Ella buscaba agua y Jesús le pide agua; al pedirle exactamente lo contrario a lo que ella buscaba, logra sacarla de cuadro y llamar su atención. Sin embargo, la Palabra de Dios es viva, y mañana nos puede decir algo muy diferente de lo que dijo hoy.
 Si oramos esta misma cita en otro momento, ese “dame de beber”, de Jesús puede significar “mis hermanos tienen hambre y sed”, o “tengo sed de justicia”.

PREPARACIÓN: abrirse a la Palabra de Dios.
Actitud abrirse a Dios 
Tal vez la respuesta de la Samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?», no nos parezca muy amistosa, ni que se éste abriendo mucho a la presencia de Jesús
Sin embargo teniendo en cuenta el contexto, en que los judíos no se trataban con los samaritanos (algo así como palestinos e israelíes hoy en día), en el simple hecho de responder y seguir de la conversación ya le está dando entrada a Jesús. 
Si a lo anterior le sumamos, en esa época estaba mal visto que un hombre y una mujer conversaron solos en un lugar público, tal es la respuesta más lógica hubiera sido algo como: “¡sal de acá, judío!”. Si la mujer lo hubiera mandado a rodar, Jesús nunca hubiera podido transformar su corazón. Veremos cómo poco a poco, Jesús va cambiando la actitud de la mujer.

ESCUCHA: Escuchar atentamente el proyecto de Dios para tu vida.
«Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». Mientras que ella sólo buscaba agua, Jesús le ofrece mucho más: le ofrece agua viva. El proyecto de Dios siempre es mucho más grande que nuestros proyectos limitados.

Prestemos atención a lo que dice Jesús: “Si conocieras quién te pide de beber…”. Quizás nuestra primera reacción sea: “¡pero Señor, yo ya te conozco!”. ¿Estás seguro que conoces todo sobre un Dios que es infinito? En este momento necesitamos más humildad, de lo contrario cortamos la comunicación, Jesús no podría seguir hablándonos. Tampoco es humilde la actitud de: “esta cita ya la conozco, esa misma de todos los años”, etc. ¡dejemos que Jesús siga hablando!

“Si conocieras QUIÉN ES el que te pide de beber…”: date cuenta QUIÉN ES el que te habla. Su consejo no es un consejo más entre los que te pueden dar el psicólogo, el cura, tus amigos, etc. Jesús no es uno más entre ellos, Él es Aquel puede darte agua viva que calme tu sed de amor.

 ASIMILACIÓN: Meditar y dialogar, el plan de Dios, a través de su Palabra.
Luego de escuchar el plan de Dios para con su vida, empieza el proceso de asimilación. Aunque la samaritana siguió el diálogo educadamente; lo primero que hace es sacar todos sus “peros”: 

Señor, no tienes con qué sacarla: Muchas veces nosotros también pensamos el Señor no tiene con qué sacar de nuestro corazón las cosas que nos hacen daño, ni cómo llegar a nuestro corazón. Es una forma de decirle: “no creo que tengas lo que yo busco, o lo que yo necesito”.

El pozo es hondo: Señor, entiendo que tienes buena voluntad; pero mi dolor, mi tristeza, o mi pecado, es muy grande. ¿Queremos convencer al Señor que somos un imposible para Él?.

¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob?: Muchos han tratado de ayudarme y no han podido, ¿qué más puedes hacer tú?. O tal vez, signifique: “así lo hemos hecho siempre, porque tendríamos que cambiar nuestra forma de orar, nuestra forma de dirigirnos a Dios”.

Antes de continuar analizando la cita, les cuento el testimonio de una pareja del grupo de matrimonio misioneros de la comunidad Verbum Dei, (a la que pertenezco). Primero habló el esposo, contando que hace algunos años tuvo un buen trabajo por San Isidro (para los de Internet, San Isidro es el centro financiero de Lima, y uno de los distritos más ricos de todo el Perú). Económicamente le iba bien; pero, influenciado por los compañeros de trabajo, cogió la costumbre de ir a los nigth clubs de la zona, ya se imaginan para qué. No se daba cuenta que su mujer estaba destrozada y que su hija empezaba meterse en drogas. Por insistencia de su mujer, este hombre empezó a ir a la comunidad y a escuchar la Palabra de Dios. Poco a poco el Señor fue cambiando su vida. Se sintió amado, empezó descubrir el verdadero valor de las personas, el tesoro que tenía en casa y que estaba perdiendo, pudo sentirse perdonado tanto por Dios como por su esposa, y ambos vieron renacer su hogar. Ahora puede viajar solo a Pucallpa (por trabajo), y no tiene ningún problema. “Y no tengo que reprimirme”, nos cuenta, “ya no representa una tentación para mí, Cristo me ha transformado”. (Para los de Internet, Pucallpa es una ciudad de la Selva peruana donde las chicas son más guapas y “cariñosas”). Terminó su historia diciendo que en su casa ahora son realmente felices, más felices que nunca. Incluso su hija, se alejó de las drogas, volvió estudiar como siempre, y que todos están más unidos.

La esposa de este hombre, también contó su experiencia. Llegó a la comunidad por invitación de una amiga que la veía sufrir mucho (no es la comunidad la que hizo el milagro, sino la Palabra de Dios que le enseñaron en la comunidad). Allí descubrió, que ella también tenía muchas cosas que transformar en su interior: había mucho rencor, mucho dolor, mucha amargura. Descubrió que su carácter espantaba, que era muy hiriente, que ella también estaba haciendo mucho daño. Y gracias a la Palabra, aprendió a amar de verdad, a perdonar de verdad, a confiar en su esposo. Esta pareja, aprendió a escuchar la Palabra de Dios, y hoy en día no sólo son felices, sino que ahora enseñan la Palabra de Dios a otros matrimonios. Ellos enseñan, por experiencia, que no hay problema, por muy grande que sea, que la Palabra de Dios no puede solucionar, porque “para Dios no hay NADA imposible” (Lucas 1, 37).

Volviendo con historia de la samaritana, luego de soltaro todos sus “peros”, se queda a escuchar la respuesta de Jesús. «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed». ¿En que fuentes estás buscando la felicidad? ¿Con qué agua estás tratando de saciar tu sed de amor? ¿Acaso es posible encontrar la felicidad permanente en un sinnúmero de felicidades pasajeras? ¿No te das cuenta que si sigues así nunca podrás saciar tu corazón y seguirás buscando eternamente? Nuestro gran error es buscar la felicidad en las cosas, en el dinero, en los títulos, en los honores, en las personas, los hijos, en la pareja, etc. Aunque nos alegren en determinado momento, ninguno de ellos llena realmente nuestro corazón. Un error que cometen muchos esposos, es creer que su cónyuge los hará feliz. ¡Falso! La capacidad de amor de nuestro corazón es tan grande, que sólo un amor infinito lo puede llenar. Por ello decía San Agustín. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en ti”.

…pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás». Nos diría Jesús: quien me encuentra, ya no tiene que buscar más. Te puede faltar dinero, salud, familia, pareja, pero nunca te faltará paz, nunca te faltará el amor de Dios que llena tu corazón.

El agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna. No sólo calmarás tu propia sed, sino que serás como un manantial, donde brote el agua viva de Cristo, que puede a su vez llenar el corazón de los demás. Que puedan dar alegría y felicidad a tu familia, a tus vecinos, a tus compañeros, a tus colegas, etc. ¿Oye, pero no que las personas no podemos llenar el corazón humano?. Correcto. Es que no es con tu amor limitado, sino con el amor infinito de Dios, con el que puedes llenar de alegría felicidad y paz a los demás.

Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla, dice la samaritana. Señor, dame de tu amor porque mi corazón no tiene paz, porque mi corazón tiene sed, porque buscar cansa, desgasta y no tengo paz. Dame tu agua viva para que mi corazón descanse y no tener que seguir buscando.

Nótese el dinamismo de la Palabra. Al principio la mujer estaba reacia a conversar con Jesús. Luego entra a la conversación aunque con muchas dudas, y finalmente termina pidiendo a Jesús que le dé el agua viva de la que le habló. Todo esto gracias a que escuchó su Palabra, la meditó y la asimiló. Vemos que la asimilación, la va convenciendo. Jesús podría haber terminado la conversación aquí; sin embargo Él no hace las cosas a medias, sino que le gustan las transformaciones profundas, y por ello va hasta el fondo de su corazón.

Llama a tu marido y vuelve acá. ¿A quién representa el marido? Aquí el “marido” representa a todo ello que es dueño de tu corazón. Pregúntate quién es tu marido. Puede ser el dinero, la belleza física, las modas, el prestigio, tu pareja, tus hijos, tu propio orgullo.

No tengo marido. Ya no sé a quién entregar mi corazón, porque todos me han fallado. Me sirvieron durante un tiempo, me dieron alegrías pasajeras, pero finalmente estoy vacía.

Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad. Prácticamente, le dice abiertamente lo que la mujer sentía, pero no quería admitir. ¿Por qué es que tratamos nuestros problemas con todos, menos con el único que realmente nos conoce, porque nos ha creado?

Señor, veo que eres un profeta. Se da cuenta que ésta con alguien que realmente la conoce, y la comprende mejor como nunca nadie la había comprendido.

Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Va aflorando una esperanza, un norte, hay alguien que no la va defraudar, hay alguien en que sí puede confiar. Cuando venga, nos lo explicará todo. Se da cuenta que aunque hay muchas cosas que ella no entiende, hay alguien una sabiduría superior que gobierna todas las cosas.

Jesús le dijo: «Yo soy, el que te está hablando». Ya no sigas buscando, convéncete que yo soy el que buscas, que yo soy el que te puede cambiar, transformar, y saciar la sed de amor que tiene tu corazón. Escucha mis Palabras porque son vida para ti, y para los demás. Con estas Palabras el Señor, como buen galán, la terminó de conquistar.

4.- VIVIR: La Palabra nos transforma en Cristo, Palabra viva.
El diálogo con Jesús, fue capaz de transformar el corazón de la mujer. Nos dice la Palabra que dejando su cántaro, corrió a la ciudad y llamó a la gente. El cántaro es el instrumento utilizado para sacar agua, por lo tanto aquí simboliza todas aquellas cosas a las que se aferraba, y con eso quería calmar su sed. Simboliza su vida antigua, sus miedos, sus complejos, sus temores, su dolor, su búsqueda, su sed. Soltar el cántaro, (que probablemente se rompería al caer), quiere decir dejar toda su vida anterior, y empezar una vida nueva transformada por Jesús. Pregunta al Señor, ¿qué cántaro tienes que romper?

Analicemos la profundidad este cambio. Ella fue por agua, pero termina dejando el cántaro y el agua. Ella iba al mediodía porque le daba vergüenza encontrarse con la gente; sin embargo, va corriendo a la ciudad a llamar a la gente del pueblo. Es que la Palabra de Jesús le ha transformado completamente, y ya no le importan sus motivaciones anteriores.

Y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. El encuentro con Jesús le devuelve la dignidad, ahora ya aceptó su pasado, lo cuenta sin temor: Jesús le enseñó a aceptarse a sí misma.

5.- ANUNCIAR: Transmitir a Cristo con el ejemplo de vida y la Palabra.
La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»

La mujer  quién es el que te pide de beber,

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