Señor Jesús, abre nuestro corazón para acoger tu venida en lo sencillo y cotidiano. En medio de nuestras dudas y cansancios, repítenos como a José cuando el ángel en sueños le dijo: “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. No temas”.
Que esta palabra, pronunciada en el silencio de la noche, encienda en nosotros la confianza y desate nuestros miedos.
Enséñanos a reconocer tus pasos en el taller de cada día, en lo pequeño, en lo que no luce, allí donde tu amor se hace humilde y fiel.
Que, al estilo de José y de María, aprendamos a acoger tus sorpresas y a custodiar tu presencia, para que tu voluntad se cumpla en nosotros hoy y siempre.
José enseña en el camino del Adviento a escuchar, discernir y obedecer a Dios.
No entiende todo, pero confía y acoge a María y al Niño. Así, la promesa se hace historia concreta y “Dios-con-nosotros” entra en su casa. También nosotros vivimos dudas, planes rotos y miedos; el Espíritu susurra en medio de ellos: “no temas”
Acoger a Jesús hoy es abrir espacio en la familia, en el trabajo y en la comunidad, para la fidelidad, la ternura y la justicia. Cuando obedecemos a Dios en lo pequeño, el mundo recibe al Salvador y nuestra vida se convierte en hogar para la esperanza.
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