martes, 2 de julio de 2013

"Hay que tener la valentía de rezar con insistencia" EL PAPA FRANCISCO


Santa Teresa "habla de la oración como un negociar con el Señor"
Francisco: "Orar es alabar al Señor por sus cosas bellas y pedirle que nos mande esas cosas bellas"
 Pero existe también el valor ante al Señor. Aquella parresia ante el Señor: ir al Señor con valor para pedirle cosas 
orar es también "negociar con el Señor", volverse hasta inoportunos como nos enseña Jesús. .
Abraham habla al Señor con coraje e insistencia para defender a Sodoma de la destrucción.   "Abraham es un valiente y ora con valor". Abraham,  "siente la fuerza de hablar cara a cara con el Señor y trata de defender aquella ciudad". Y lo hace con insistencia. En la Biblia,  "la oración debe ser valiente":"Cuando hablamos de coraje siempre pensamos en el coraje apostólico, ir a predicar el Evangelio, estas cosas... Pero existe también el valor ante al Señor. Aquella parresia ante el Señor: ir al Señor con valor para pedirle cosas. Esto hace un poco sonreír, está bien pero hace reír porque Abraham habla con el Señor en una manera especial, con este coraje y uno no sabe: si estamos ante un hombre que reza o ante un ‘comerciante fenicio', porque regatea el precio, va, va... E insiste: de cincuenta logra bajar el precio a diez. Él sabía que no era posible. Sólo había un justo: su nieto, su sobrino... Pero con aquel coraje, con aquella insistencia, ¡iba adelante!".A veces, , se recurre al Señor para "pedir algo por una persona", se pide esto y aquello y despues   uno se olvida. "Pero aquella - - no es oración", porque "si quieres que el Señor conceda una gracia, debes ir con valor y hacer aquello que hizo Abraham con su insistencia". es el mismo Jesús quien nos dice que debemos orar como la viuda con el juez, como aquel que va de noche a tocar la puerta del amigo. Con insistencia: "Jesús nos lo enseña así ". Y de hecho, observó, Jesús elogia a la mujer sirio-fenicia que con insistencia pide la curación de su hija. Insistencia,también si esta nos agota, y "es verdaderamente Agotador". "es una actitud de la oración". Santa Teresa, recordó, "habla de la oración como un negociar con el Señor" y esto "es posible sólo cuando hay familiaridad con el Señor". "Es Agotador, es verdad  pero ésta es la oración, esto es recibir una gracia de Dios".  el argumento que Abraham utiliza en su oración: "Toma los argumentos, las motivaciones del mismo corazón de Jesús":"¡Convencer al Señor con las virtudes propias del Señor!¡Eso es bello! La exposición de Abraham va al corazón del Señor y Jesús nos enseña lo mismo: ‘El Padre sabe las cosas. El Padre - no se preocupen - manda la lluvia sobre los justos y sobre los pecadores, el sol para los justos y para los pecadores'. Con aquel argumento Abraham va adelante. Yo me detendré aquí: orar es negociar con el Señor, también volverse inoportuno con el Señor. Orar es alabar al Señor por sus cosas bellas y pedirle que nos mande esas cosas bellas. Y si Él es tan misericordioso, tan bueno, ¡que nos ayude!"Yo - concluyó Francisco - quisiera que todos nosotros, durante la jornada, por cinco minutos, no más, tomemos la Biblia y leamos lentamente el Salmo 102", recitado hoy entre las dos Lecturas:"‘Bendice al Señor, Alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura...'. Y con esto aprenderemos las cosas que debemos decir al Señor cuando pidamos una gracia. ‘Tú que eres misericordioso, Tú que perdonas, concédeme esta gracia': como hizo Abraham y como hizo Moisés. Vayamos adelante en la oración, valientes, y con estos argumentos que vienen directamente al corazón de Dios".



jueves, 28 de febrero de 2013

Última audiencia de Benedicto XVI: No abandono la cruz y acompañaré a la Iglesia en oración


El Santo Padre pidió también a los fieles "recordarme ante Dios, y sobre todo rezar por los cardenales llamados a una tarea tan relevante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu".
"En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa no por mi bien, sino por el bien de la Iglesia. He dado este paso en la plena conciencia de su gravedad e incluso de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de tomar decisiones difíciles, sufrientes, teniendo siempre primero el bien de la Iglesia y no el de uno mismo".
Benedicto XVI recordó que cuando fue elegido Papa "las palabras que resonaron en mi corazón fueron: ‘¿Señor, qué cosa me pides?’ Es un peso grande el que me pones sobre la espalda, pero si Tú me lo pides, en tu palabra lanzaré las redes, seguro que Tú me guiarás".
El Papa afirmó que "el Señor verdaderamente me ha guiado, ha estado cercano a mí, he podido percibir cotidianamente su presencia. Ha sido un trato de camino de la Iglesia que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca sobre el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; y ha habido también momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir".
"Pero siempre he sabido que en aquella barca está el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse; es Él quien la conduce ciertamente también a través de hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza que nada puede ofuscar. Y es por esto que hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no ha dejado nunca que le falte a la Iglesia y también a mí su consuelo, su luz y su amor".
"Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar nuestra fe en Dios en un contexto que parece ponerlo siempre más en segundo plano. Quisiera invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, certeros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que permite caminar cada día también en la fatiga. Quisiera que cada uno se sintiese amado por aquel Dios que nos ha dado a su Hijo a nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites".
El Papa también agradeció a todos los que en estos días le han escrito y señaló que estas muestras de afecto, de personas sencillas de todo el mundo también, permiten reconocer "qué cosa es la Iglesia: no es una organización ni una asociación de fines religiosos o humanitarios; sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos".
"Experimentar la Iglesia de este modo y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es motivo de alegría, en un tiempo en el que tantos hablan de su declive".
Para concluir el Papa confió a todos a la Virgen María y señaló que "Dios guía a su Iglesia, la levanta siempre también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única y verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la alegre certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, es cercano y nos rodea con su amor. ¡Gracias!"

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2013


Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2013
Viernes 1 de febrero de 2013«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4, 16)
Queridos hermanos y hermanas:






La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la Fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.
1. La fe como respuesta al amor de Dios
En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» {1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento'', sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» [Deus cantas est, 1). La fe constituye la adhesión personal –que incluye todas nuestras facultades– a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor.
Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por "concluido" y completado» {ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a).
El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor –«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14) –, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.
«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz -en el fondo la única- que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).
2. La caridad como vida en la fe
Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido.
Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).
Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad.
Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).
La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17).
En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).
3. El lazo indisoluble entre fe y caridad
A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica».
Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.
La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios.
En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Le 10,38-42).
La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria.
En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana.
Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Cantas en veritate, 8).
En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto –indispensable– con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.
A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de San Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10).
Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad.
Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente.
La Cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.
4. Prioridad de la fe, primado de la caridad
Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).
La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud.
Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).
La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano.
Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela germina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).
Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de Cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.
Vaticano, 15 de octubre de 2012

jueves, 31 de enero de 2013

CATEQUESIS SANTO PADRE EN EL AÑO DE LA FE



Anno della Fede 2012-2013



CATEQUESIS DEL SANTO PADRE EN EL AÑO DE LA FE


Palabras del Santo Padre (Vídeo)[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 30 de enero de 2013
 
«Creo en Dios» (Vídeo)[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 23 de enero de 2013
 
Jesucristo, "mediador y plenitud de toda la revelación"(Vídeo)[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 16 de enero de 2013
 
Se hizo hombre (Vídeo)[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 9 de enero de 2013
 
Fue concebido por obra del Espíritu Santo (Vídeo)
[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]
Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 2 de enero de 2013
 
La Virgen María: Icono de la fe obediente (Vídeo[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 19 de diciembre de 2012
 
El Año de la fe. Las etapas de la Revelación (Vídeo[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 12 de diciembre de 2012
 
El Año de la fe. Dios revela su «designio de benevolencia»(Vídeo[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 5 de diciembre de 2012
 
El Año de la fe. ¿Cómo hablar de Dios? (Vídeo[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 28 de noviembre de 2012
 
El Año de la fe. La razonabilidad de la fe en Dios (Vídeo[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 21 de noviembre de 2012
 
El Año de la fe. Los caminos que conducen al conocimiento de Dios (Vídeo[AlemánÁrabeCroataEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 14 de noviembre de 2012
 
El Año de la fe. El deseo de Dios (Vídeo[AlemánÁrabeCroataEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 7 de noviembre de 2012
 
El Año de la fe. La fe de la Iglesia (Vídeo[AlemánÁrabeEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 31 de octubre de 2012
 
El Año de la fe. ¿Qué es la fe? (Vídeo[AlemánCroata, EspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 24 de octubre de 2012
 
El Año de la fe. Introducción (Vídeo[AlemánCroataEspañolFrancésInglésItalianoPortugués]Catequesis de Benedicto XVI
Audiencia general - 17 de octubre de 2012