jueves, 16 de julio de 2015

Les daré pastores según mi corazón”


JESUS NOS MIRA CON AMOR Y NOS DA SU PALABRA



Buenas noches Jesús hoy nos da la bienvenida a esta escuela de la Palabra. Él nos recibe, sabiendo cómo hemos venido, conociendo nuestras cargas, nuestras angustias también, nuestras alegrías y tristezas. Y nos dice: “Vengan a mí los que se sienten cansados y agobiados que yo los aliviaré. Mt 11, 28 vengan a mí los cansados. Qué grande es el amor de Dios que nos invita: vengan a mí, yo los aliviaré. Jesús se compadece de nosotros, no nos deja igual, carentes o faltos de Dios. Yo te aliviaré. Y ¿qué hace el Señor? Nos da un alivio excepcional, el alivio de su palabra.
El bálsamo suave de su palabra, la miel de sus palabras. Y es que después de tantos sin sabores que podemos haber pasado el Señor nos ofrece la miel de su palabra. “Que dulce es tu palabra al paladar: más dulce que la miel para mi boca.” Sal 119, 103. Y es que si la gustamos en efecto su palabra es miel, es gustosa, es gusto para nuestra boca. Pero es preciso saborearla, comerla solo así podemos decir que es miel. Gusta, abre tu boca y recibe la palabra. La Palabra cuando hemos escuchado quizás palabras duras, que desalientan, que hunden, que desaniman, que duelen, que hieren de muchos modos: las noticias, las palabras en la calle. Dios nos da palabras que construyen, palabras que endulzan, pero no porque son caramelosas, sino porque son palabras que reconstruyen, que hacen bien. Lo que endulza es el amor, sus palabras son las que esperan el corazón, las que anhela, las que necesita nuestra vida.
Pero es necesario recibirlas, gustarlas, quererlas, amarlas, degustarlas hasta que se hagan dulces. Como el salmista decir: “Abro mi boca desde la aurora deseando tus palabras” (Sal 119, 131) es preciso anhelarlas, disponernos para recibirlas, para gustarlas, meditarlas, escucharlas, aceptarlas. Entonces verás cómo se tornan dulces, aunque al comienzo puedan parecer amargas, distintas. Dejar que ellas entren en nosotros y hagan su transformación en nuestra vida y darle este sabor nuevo de una vida que acoge a Jesús. Señor dame recibir tus palabras y disponerme de tal modo que sean buen sabor para mí pero también para tantos que dependen de nuestra vida, que recibirán las palabras por medio de mi vida.
¿Qué me dices Señor esta


domingo, 12 de julio de 2015

Es tiempo de ponernos en camino y ser esa antorcha encendida



¡Somos como la lluvia que desciende del cielo y cae en la tierra para empaparla y hacerla germinar! (Is 55,10), somos la boca de Dios, su voz y su presencia (Jer 15, 19), somos la esperanza del caído y la luz del que aun vive en el calabozo de su soledad (Is 61), somos como la flecha en manos de un arquero, como la medicina que necesita el enfermo. No por nuestros méritos sino por el poder que él nos dio (Mt 28,20) y porque su Espíritu nos habita.
Es tiempo de ponernos en camino y ser esa antorcha encendida. Escuchemos al Señor que pregunta: ¿a quién enviaré, quién irá de parte nuestra? Y unámonos a la respuesta de esos profetas que se dejaron guiar por su voz interior: “Aquí estoy, Señor, envíame. Mándame, llévame donde quieras, como quieras. Si quieres que hable hablaré, si quieres que calle callaré, si tu deseo es que mi vida sea un puente hacia ti, extiéndeme… quiero ser tu mensajero, ir donde me indiques para que te conozcan y te amen más.”

sábado, 11 de julio de 2015

NO TEMAS YO ESTOY CONTIGO




"No temas, yo estoy contigo".

 ¿Qué nos roba la paz y qué nos ocupa las 24 horas del día? ¿En qué o en quién tenemos puestas nuestras más profundas aspiraciones? A diario se nos vienen abajo proyectos, expectativas, fama, seguridades y muchas cosas que nos atan a esta tierra y a lo que -según el consumismo- necesitamos para ser felices.
Muchas de nuestras horas se nos van en fabricar sueños de papel y otras tantas en quejarnos porque la vida no nos da más oportunidades. ¿Qué buscamos en realidad, por qué luchamos?
El mensaje de Jesús era un mensaje liberador: "no tengáis miedo, ni un solo de vuestros cabellos cae sin que el Padre lo disponga; temed más bien al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo". Lo que debiera de preocuparnos es en qué o en dónde ponemos nuestras metas últimas; al plantearnos el sentido de nuestra vida es también plantearnos el sentido de nuestra muerte. Jesús nos levanta la mirada y el corazón hacia todo aquello que le da un sentido eterno a nuestra existencia.
 La vida que tenemos: nuestro cuerpo, nuestra familia, el lugar donde vivimos y trabajamos, nuestros talentos, enfermedades, éxitos y fracasos... todo es nuestro y nosotros de Cristo y Cristo de Dios, todo es don y tarea para ganar la vida y la felicidad. Pongámonos en camino
escuchando una vez más: "No temas, yo estoy contigo".(Nubia misionera vd)