Domingo de Ramos
obras son amores y no buenas razones».
Hoy inician los días del amor.
El amor que no se queda en las palabras, en los sentimientos y emociones.
Es el amor más concreto, más sincero, más real.
Es el amor de las obras.
Cristo, con este pasaje de tu Pasión me enseñas a amar sin medidas y con obras.
En efecto, se podría aplicar hoy el refrán:
«obras son amores y no buenas razones».
Las obras de amor se miran, se reciben, se hacen, no se analizan ni se estudian.
Como es un amor de obras lo más justo en este rato de oración es contemplar, mirar, escuchar, acompañar.
No quieres en este momento que razone, que estudie, que discurra con la inteligencia.
Quieres que me deje amar. Quieres que contemple los actos que sufres por amor a mí…
porque me amas.
Concédeme, en estos días, el don de la contemplación que me permita profundizar en los misterios de mi salvación.
Este Evangelio, Señor, me presenta el fin para el que habías venido a este mundo:
salvarme y demostrarme tu amor. Es lo que vas a realizar esta Semana Santa:
Salvarme de los lazos del enemigo, de la muerte, del sinsentido, del pecado; y demostrarme que eres Amor y, por lo mismo, que me amas con pasión, con locura, que me amas hasta el extremo de dar la vida por mí.
Puede ser, Señor, que ya me haya acostumbrado a leer o escuchar los relatos de tu Pasión, pero ayúdame a revivir esos momentos contigo.
Adentrarme en lo que sentías (hambre, sed, sueño, cansancio, dolor, pena, vergüenza…), en lo que pensabas, en lo que hacías.
No es este relato una fábula terrible o un mito milenario.
Esto es verdad.
Tú padeciste por mí la traición, el abandono, la flagelación, un juicio injusto, una corrupta condena, un martirio espantoso, una muerte ignominiosa.
Permíteme acompañarte en estos momentos y descubrir en ellos las enseñanzas que me quieras dar para mi vida.
Jamás permitas que me acostumbre a verte crucificado y ayúdame a vivir esta Semana Santa no como una más, sino como la ocasión propicia para conocerte y dejarme amar.
«Nos pude parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos.
Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “catedra de Dios”. Os invito en esta semana a mirar a menudo esta “Catedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama. Con su humillación, Jesús nos invita a caminar por su camino» papa Francisco.
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