domingo, 19 de abril de 2026

"Quédate con nosotros". Lucas 24, 13-35.

   "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer". 
Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. 
Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció.
 Y ellos se decían el uno al otro: "¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!".
Reflexión.
Es la voz de Jesús que resuena en nuestro corazón, que quiere salir de nuevo, cada día, en cada momento, y encontrarnos. 
Es ese sonido que hace arder nuestro corazón, lo enciende, y nos abre los ojos ante la inmensidad de su amor.
 Nos revela la plenitud de reconocer su presencia, en cada una de las personas que nos pone en el camino. 
Es Él mismo quien nos visita a través de los demás.
Pero como siempre, nos da la libertad, no nos obliga a nada, nos deja libres para aceptar su compañía y caminar junto a Él. Qué difícil puede ser a veces reconocer a Jesús.
 Cuando todo es agradable, cuando no hay dificultades, cuando estoy con las personas que me agradan, es fácil reconocer la presencia de Dios. ¿Qué sucede cuando algo no sale como lo tenía planeado?, ¿cuál es mi reacción cuando me toca convivir con personas que no me agradan?, ¿qué le digo al Señor cuando siento que me está poniendo una cruz muy pesada? Sí, es en esos momentos cuando su presencia es grande, cuando está vivo ahí, específicamente, para vivir junto a nosotros ese momento. 
Nos habla, algunas veces a través del silencio, pero está presente.

El Señor no se impone, sino que somos nosotros los que debemos pedirle. 
Él nos escucha, sabe lo que necesitamos, sabe lo que hay en nuestro corazón, pero nos deja hablar, conoce cada una de nuestras palabras, pero permite que seamos nosotros quien contemos lo que nos sucede. 
Y que desde nuestro corazón salgan esas palabras: 
«Quédate con nosotros Señor, queremos estar siempre en tu presencia y gozar de tu infinita bondad».

«Tampoco los discípulos de Emaús querían que su “huésped misterioso” se fuera... “Quédate con nosotros”, decían, intentando convencerlo de que se quedara con ellos. 
En otros episodios del Evangelio también aflora este mismo sentimiento. 
Recordemos, por ejemplo, la transfiguración, cuando Pedro, Santiago y Juan querían hacer tiendas, carpas, y quedarse en el monte. O cuando María Magdalena se encontró con el Resucitado y quería retenerlo. Pero “su Cuerpo resucitado no es un tesoro para retener, sino un Misterio para compartir”.
 A Jesús lo encontramos, sobre todo, en la comunidad y por los caminos del mundo. Cuanto más lo llevemos a los demás, más lo sentiremos presente en nuestras vidas».
(Discurso del papa Francisco, 22 de junio de 2019).

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