«Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis» (Mt 10,8)
Gracias, Jesús, porque en ti reconocemos a un Dios gratuito, generoso y fiel a sus promesas, que ama sin esperar nada a cambio.
La gratuidad es una de las características más hermosas de tu amor.
Todo lo recibimos de ti: la vida, la fe, la salvación y la santidad.
No llegaremos a ser santos por nuestros propios méritos o esfuerzos, sino por el don de tu gracia.
1. Elegidos gratuitamente para ser un pueblo santo
«Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa» (Ex 19,6).
Moisés subió hacia Dios, y el Señor lo llamó desde el monte diciendo:
«Vosotros habéis visto lo que hice con Egipto y cómo os llevé sobre alas de águila y os traje a mí. Ahora, pues, si escucháis mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa».
La elección de Israel no fue fruto de sus méritos, sino del amor gratuito de Dios.
También nosotros hemos sido llamados gratuitamente a participar de su vida y de su santidad.
2. Somos su pueblo y las ovejas de su rebaño
«Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño» (Sal 100).
nos invitas a aclamar al Señor y a servirlo con alegría, entrando en su presencia con júbilo.
Sabemos que el Señor es Dios: él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Todo es fruto de un amor gratuito. La gratuidad nace de un corazón bueno y compasivo, como el tuyo, Jesús.
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades».
3. Salvados gratuitamente por el amor de Cristo
«La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5,8).
Cuando aún estábamos sin fuerzas y alejados de Dios, Cristo entregó su vida por nosotros. Nadie merece un amor tan grande. Dios no esperó a que fuéramos justos o perfectos para amarnos; nos amó primero.
Por su muerte hemos sido reconciliados con Dios y, por su vida resucitada, somos salvados. Todo es gracia, todo es don, todo es gratuidad.
4. Llamados a dar gratuitamente lo que hemos recibido
«Al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban cansadas y abatidas, como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36).
La compasión mueve el corazón de Jesús. Por eso llama a sus discípulos, los conoce por su nombre y los envía a continuar su misión.
«La mies es abundante y los trabajadores pocos; rogad al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies».
A los Doce les confió autoridad para sanar, liberar y anunciar el Reino. Y les dio una consigna que sigue siendo válida para todos nosotros los discípulos:
«Id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, limpiad leprosos, expulsad demonios.
Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis».
También nosotros estamos llamados a transmitir la vida de Dios desde un corazón compasivo, sin buscar recompensa, compartiendo gratuitamente el amor, el perdón, la esperanza y la fe que hemos recibido gratuitamente de Él.
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