lunes, 1 de diciembre de 2025

Jesús quedó admirado y dijo:«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe.

1ª semana de Adviento

Vamos alegres a la casa del Señor.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor» Sal 121, 1-2.4-9
LA FE DEL CENTURION Mt 8, 5-11 
 Como me gustaría tener esta fe del centurión Señor y que tú también quedes admirado de mi .Pero así como el centurión  quiere presentarte también nombres de personas muy cercanas a mi que necesitan ser sanados por ti ,Señor así como el centurión te dijo estas palabras tan llenas de  confianza en tí 
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano.
Yo también te digo lo mismo Señor se que para ti no hay nada imposible y se que tú Palabra tiene poder más que la palabra de cualquier criatura,tú palabra es viva y eficaz,tú palabra nos sana tanto espirutualmente  como físicamente,tú Pabra nos resucita nos devuelve la vida, nos da  vitalidad. Y el centurión siendo un pagano y teniendo autoridad sobre su siervo enfermo,reconoce que tú eres la Autoridad y que eres Dios el único que con tú Palabra es capaz de resucitar una vida 
Nosotros los hombres
Jesús cuánto daño hacemos con una palabra  que hiere hasta el fondo,pero también con una palabra levantamos la autoestima de otros, sin embargo tú Palabra siempre es para hacer el Bien.
Y cuántas personas pones a nuestro cargo como a este centuruión que te dice:
" Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace».
Con estas palabras que te diriges reconoce que Tú Palabra tiene todo el poder de sanar una vida.
Por eso al oírlo, tú  Jesús quedaste admirado diciendon "En verdad  no he encontrado en nadie tanta fe." 
Ojalá puedas encontrar esta actitud de fe ,de confianza en tí ,nos cambiaría mucho la vida.

Comentario al Evangelio
San Agustín, Obispo (s. V) • 
No habría dicho tales palabras si el Señor no hubiera entrado ya en su corazón. 62 A.
La fe de este centurión anuncia la fe de los gentiles, fe humilde y ferviente, como el grano de mostaza. Según habéis escuchado, su hijo estaba enfermo y yacía en casa paralítico. El centurión rogó al Salvador por la salud del mismo. El Señor prometió que iría él en persona a devolvérsela. Pero aquél, según dije, con ferviente humildad y con humilde fervor, replicó: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo (Mt 8, 8-12). 
Se declaraba indigno de que el Señor entrase bajo su techo.
 Y, sin embargo, no habría dicho estas palabras si el Señor no hubiese entrado ya en su corazón
Luego añadió: 
«Mas dilo sólo de palabra y mi hijo quedará sano (Mt 8, 8). 
Sé a quien me dirijo; basta que hable él y se realizará lo que deseo». Y añadió una comparación en extremo grata y verdadera. 
«Pues también yo, dice, soy un hombre, mientras que tú eres Dios; estoy bajo autoridad, mientras tú estás sobre toda autoridad; tengo bajo mi mando soldados, mientras tú tienes también a los ángeles, y le digo a uno «Vete» y se va, y a otro «Ven» y viene; y a mi siervo «Haz esto» y lo hace (Mt 8, 9). Sierva tuya es toda criatura; sólo es preciso que mandes para que se haga lo que mandas».

Y advirtió el Señor: En verdad os digo que no he hallado fe tan grande en Israel (Mt 8, 10). 
Este centurión, sin embargo, era extraño; pertenecía al pueblo romano, ejercía allí su profesión militar y su fe aventajó a la de los israelitas, de modo que el Señor hubo de decir: En verdad os digo que no he hallado fe tan grande en Israel. 
¿Qué cosa, pensáis, alabó en la fe de este hombre? La humildad. 
No soy digno de que entres bajo mi techo.
 Eso alabó, y porque eso alabó, esa era la puerta por la que el Señor entró. 
La humildad del centurión era la puerta para el Señor, que entraba a poseer más plenamente a quien ya poseía.

Gran esperanza dio el Señor a los gentiles en esta ocasión. Aún no existíamos y ya nos había previsto, conocido de antemano, prometido. ¿Qué dice? Por esto os digo que vendrán muchos de oriente y de occidente (Mt 8, 11). ¿A dónde vendrán? A la fe. 

Volviéndose al centurión le dice: Vete y que te suceda según has creído. Yen aquella hora quedó sano el niño (Mt 8, 13). 
Como creyó, así sucedió. Dilo de palabra y quedará sano: lo dijo de palabra y quedó sano. Que te suceda según has creído: la pésima enfermedad se alejó de los miembros del niño. ¡Admirable la facilidad con la que el Señor de toda criatura le da órdenes!


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