Zacarías era un sacerdote justo, fiel a la Ley del Señor, pero con el paso del tiempo había perdido la esperanza. Él y su esposa Isabel eran estériles y ya ancianos. Había rezado mucho, pero su corazón se había acostumbrado a pensar que nada cambiaría.
Cuando el ángel le anuncia que tendrá un hijo, Zacarías duda.
No porque fuera un hombre malo, sino porque ya no esperaba que Dios actuara. Su silencio hasta el nacimiento de Juan es signo de esa incredulidad, pero también un tiempo de aprendizaje.
Dios elige precisamente una situación de esterilidad para mostrar que Él puede recomenzar la vida donde el ser humano ya no puede. Antes del nacimiento de Jesús, Dios anuncia que nada es imposible para Él.
En Adviento, también nosotros somos llamados a recuperar la confianza. Esperamos a Aquel que viene a hacer nuevas todas las cosas. Como Isabel, necesitamos abrirnos a la acción del Espíritu de Dios, porque solos no podemos.
La Navidad es la novedad de Dios que recrea la vida cuando parece agotada.
No dejemos de orar ni de confiar: Dios escucha incluso aquellas oraciones antiguas que creíamos olvidadas. Él sabe cuándo es el momento.
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