Os invito a orar cada capitulo que nos ayude juntos construir una humanidad nueva
1. INTRODUCCIÓN — ¿Qué humanidad estamos construyendo?
León XIV comienza planteando una pregunta profunda: ¿qué mundo queremos construir?
Presenta dos imágenes bíblicas:
Babel: una humanidad que quiere construir desde el poder, la autosuficiencia y la pretensión de dominarlo todo.
Jerusalén reconstruida por Nehemías: una humanidad que, después de orar y discernir, se pone a trabajar unida, cada persona aportando su parte.
La tecnología y la inteligencia artificial no son malas en sí mismas. Pueden curar, educar, conectar y ayudar. Pero pueden también dividir, excluir y generar nuevas injusticias. Por eso el verdadero discernimiento no consiste simplemente en decir «sí» o «no» a la tecnología, sino en preguntarnos para qué la utilizamos y qué humanidad estamos construyendo con ella.
😇Señor Jesús, ¿qué estoy construyendo contigo?
¿Una Babel centrada en mí, en mis capacidades y seguridades,
o una Jerusalén donde Tú estás en el centro y cada persona tiene un lugar
donde aprendemos a escucharnos,
a colaborar y a poner nuestros dones al servicio de los demás?
Jesús, enséñame a discernir.
Que no me deje llevar solamente por lo que puedo hacer,
sino que me pregunte siempre:
¿Esto ayuda a construir una humanidad más fraterna?
¿Hace crecer la dignidad de la persona?
¿Acerca a los demás a Ti?
🙏
Jesús,
quiero construir contigo y no sin Ti.
Hazme una persona capaz de discernir,
de poner mis capacidades y los avances de nuestro tiempo
al servicio de la vida, de la verdad y del bien.
Que allí donde esté,
pueda aportar mi pequeña parte,
como aquellos que reconstruían Jerusalén.
Que no construya una Babel para mí,
sino una Jerusalén contigo,
donde nadie quede excluido
y donde cada persona descubra que tiene un lugar.
Jesús, ¿qué humanidad estamos construyendo juntos?
Empieza por mí. 🙏
magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa.
16. A todos los fieles católicos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento: no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo. Como Nehemías, oremos, proyectemos con sabiduría, trabajemos con perseverancia, poniendo a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones. Entonces las piedras desechadas —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— se convertirán en piedras angulares, y sobre la tierra surgirá un hogar común sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán, y la justicia y la paz se besarán (cf. Sal 85,11). Esta es la bendición que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse. Y, con ánimo de pastor y de padre, pido a todos que detengan la construcción de la enésima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar.
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