UN LLAMADO A LA PAZ
Cuánto te agradezco, Jesús, tu amor compasivo por nuestras vidas.
Gracias por mostrarnos tus sentimientos humanos: al ver la ciudad, lloraste sobre ella diciendo:
“¡Si tú también reconocieras en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.”
Tu mirada, Jesús, está llena de ternura incluso hacia quienes te rechazan; y lloras por la ceguera de quienes no reconocen tu presencia.
Haz que hoy podamos entrar en tus sentimientos más profundos, escuchar tu llanto y descubrir en él tu corazón misericordioso y compasivo, pero también lleno de esperanza, porque esperas ese día en que podamos reconocer tu visita, tu presencia que trae paz a nuestras vidas.
Que todas nuestras acciones, Jesús, nos conduzcan a la paz:
esa paz que no nace del poder ni de las armas,
sino de acogerte a ti,
de recibirte con alegría,
porque tú, Príncipe de la Paz, vienes a visitarnos cada día.
Pero muchas veces no te reconocemos, no te vemos.
Perdónanos, Señor.
Si no reconocemos todo el bien que haces en la humanidad, es porque aún estamos ciegos.
Hoy nos invitas a abrir los ojos y el corazón para discernir lo que trae la verdadera paz: el perdón, la misericordia, el amor, la comunión, y la fidelidad en lo pequeño de cada día, según lo que tú nos pides en tu Palabra.
La salvación llega cuando respondemos con fe al tiempo de gracia que tú, mi Dios, nos ofreces.
Jesús, hoy lloras sobre nuestro mundo,herido por tantas guerras y violencias. Mira el dolor de los inocentes, de los pueblos devastados, de quienes han perdido hogar, familia y esperanza.
Perdónanos por no saber construir la paz, esa paz que nace de la justicia y del perdón. Abre nuestros ojos y nuestros corazones para reconocer tu visita en medio de la historia
y no desatender tu llamada a la reconciliación.
Danos la gracia de trabajar con valentía y perseverancia
por un mundo más humano,
sin odio ni armas, donde las diferencias se vivan en respeto y diálogo. Que tu Espíritu Santo
renueve los corazones endurecidos y derribe los muros de enemistad. Señor, haz de nosotros instrumentos de tu paz y de tu Reino.Amén.
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