sábado, 29 de noviembre de 2025

ESTAD VIGILANTES SE ACERCA VUESTRA SALVACION


Jesús, Maestro de la historia y Señor de los tiempos, que hablas a tus discípulos de todo lo que vivimos en este mundo —de guerras, tribulación, enfermedades, conflictos—, y de tu venida gloriosa.
Hoy venimos ante ti pidiendo que nos regales una fe clara, una esperanza firme y un corazón vigilante.
En el Amor no hay temor, y sabemos que tú estás siempre presente y actuando, aunque muchas veces no captemos tu presencia porque vivimos en la superficie, y nuestra mirada queda envuelta más por los sucesos del mal que por el bien que también acontece en nuestro mundo.
Hoy nos invitas a no vivir con miedo ante las pruebas de la historia, sino con esperanza vigilante. 
Tú, Señor, eres fiel, y tu venida es promesa de salvación para los que confían en ti.

Que tu Palabra nos despierte para reconocer los signos de tu Reino y nos sostenga en la espera confiada. 
Danos una mirada limpia para reconocerte presente en los acontecimientos diarios de la vida.
Tú nos dices:
«Habrá signos en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria».

Jesús, tú anuncias que la historia tendrá pruebas y desastres —y ya los vivimos—, pero esos signos no tendrían que ser motivo de miedo ni de ansiedad, sino anuncio de que la salvación está cerca.

Regálanos vivir en la confianza y en la esperanza, porque tú eres fiel a tus promesas. 
Que creamos en la fuerza de tu gracia, que es más fuerte que todas las desgracias que podamos percibir. Que vivamos en la luz aunque sea de noche, en la paz aunque haya guerras, en la fortaleza aunque exista debilidad.

«Creamos en la fuerza de la gracia; creamos en esta llamada a la santidad que no viene de nosotros ni de nuestras capacidades, sino de la vitalidad de la gracia. Confiemos en el desarrollo de la gracia en medio de todo: en medio de las noches, de los acontecimientos y vicisitudes. Nada se pierde; la vitalidad sigue viva en la noche… Pensad en las hojas que parecen muertas un día de tormenta, como si la naturaleza estuviera de luto, y al día siguiente sentimos una vitalidad nueva. Lo mismo pasa en las noches del alma».Escrito del
beato María Eugenio del Niño Jesús


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