domingo, 26 de octubre de 2025

“Despojarse del yo: el camino de la verdadera humildad”Jaime Bonet


1. El despojo del “hombre viejo” = camino de humildad

> “Despojaos del hombre viejo con sus obras y revestíos del hombre nuevo...”

 Jaime Bonet retoma la enseñanza paulina de Colosenses 3,9-10, que no se refiere a un cambio exterior, sino interior: dejar atrás el ego, las apariencias y la vanidad.

> “Despojaos del hombre viejo con sus obras
y revestíos del hombre nuevo,
que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto
según la imagen de su Creador.”
(Colosenses 3, 9-10)
Todas estas frases de la Biblia se han querido representar como símbolos, por ejemplo, en los hábitos religiosos.
Recuerdo que, en el seminario, siendo muy jovencito, nos ponían la sotana, y en la ceremonia decíamos:
“Despójame del hombre viejo y revísteme del hombre nuevo.”
¡Si fuera tan fácil como ponerse una sotana!
Por mucho que uno repita y ore esas palabras, asoman las del popular refrán:
“Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.”
Digo todo esto porque el yo puede quedar muy recubierto de vanidad,
a la que vence la obediencia: el revestimiento de Cristo,
que es algo muy distinto:
va al despojo del yo.
Él mismo ironiza con la sotana —“aunque la mona se vista de seda…”— para recordarnos que la humildad no se viste por fuera, sino por dentro
> La humildad comienza cuando el yo deja de ocupar el centro, cuando me despojo de la necesidad de aparentar, de tener razón o de ser admirado.
 2. Obedecer como Jesús = vivir la humildad perfecta.
> “Nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria,sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo,buscando no su propio interés, sino el de los demás.
Tened en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús,
el cual, siendo de condición divina,no retuvo ávidamente el ser igual a Dios,sino que se despojó de sí mismo,tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz.”
(Filipenses 2, 3-8)
Pues, aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y, llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. 
(Hebreos 5, 8-9)
Tal es la actitud del Precursor,
a quien el Señor mandó preparar sus caminos, para que todo monte fuera allanado y todo valle rellenado.
3 Es preciso que Él crezca y que yo disminuya (Jn 3,30).
la humildad no es empequeñecerse por complejo, sino hacerse espacio para que Cristo viva en mí.
>  humildad no es negar lo que soy, sino reconocer que todo lo que soy proviene de Dios.
Pero si yo no quiero disminuir,
queda vencido y descartado Jesús, suplantado por el yo en mis proyectos y en los de muchos.
El orgullo reviste distintas formas:
basta que uno se equivoque en una palabra para ponerse rojo como un tomate, disimulando, revestido de humildad, y sin defenderse para que no digan los otros que se defiende.
Por eso, cuando yo siento tanto pánico a disimular o a disminuir,
Jesús se pone delante y disminuye obedeciendo hasta la muerte, hasta el extremo.
(cf. Filipenses 2, 1-5)
> “Nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad…
Tened en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús…”
Filipenses 2,3-8
La verdadera obediencia no es sumisión exterior, sino identificación con el corazón humilde de Jesús, que se “despojó de sí mismo” y “se humilló hasta la muerte de cruz”.
> La obediencia cristiana es la expresión más alta de la humildad: reconocer que solo en la voluntad del Padre está la plenitud.
 4. María, modelo de humildad obediente
> “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra…”
“Porque ha mirado la humildad de su esclava…”
María icono de la humildad y la disponibilidad total.
Su “sí” silencioso es el modelo de toda alma que vive despojada del propio yo para que Dios actúe en ella.
> María enseña que la humildad no es pasividad, sino apertura total al querer de Dios.
Así se reconoce y se presenta María de Nazaret,
aceptando la dignidad de Madre de Dios:
> “He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra.”
(Lucas 1, 38)
Y puede proclamar después:
> “Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava…
Derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes.”
(Lucas 1, 48.52)
📖 Jaime Bonet, “Así será tu descendencia”



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