El Señor nos enseña a orar desde la humildad
> “El que sirve al Señor con todo su corazón es escuchado,y su súplica llega hasta las nubes.La oración del humilde atraviesa las nubes.”(Eclesiástico 35, 20-21)
Señor Jesús, en este día que consagramos a Ti, nos disponemos a escuchar tu Palabra como tierra sedienta que anhela la lluvia.
Hoy nos invitas a tener un corazón humilde.Tú miras la verdad de nuestra vida, no las apariencias. Haznos reconocer nuestra pobreza y confiar en tu misericordia. Enséñanos a orar con sencillez,a no despreciar a los demás y a caminar siempre en tu amor. Que aprendamos a mirarnos con tus ojos, con la misma verdad y ternura con que miraste al publicano. Solo en la oración podemos cambiar de actitud, reconociendo que somos pobres pecadores.
Señor, enséñanos a orar desde esta actitud: la humildad.
Como discípul@s tuyos, queremos ponernos a tus pies, Maestro, para que seas Tú quien nos enseñe a orar desde la humildad. Muchas veces me pregunto, Señor:
¿Desde dónde hablamos cuando oramos?
¿Desde la altura de nuestro orgullo o desde lo profundo de un corazón humilde?
Y entonces nos cuentas esta parábola:
> “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano.
El fariseo, de pie, oraba así:
‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que poseo.’
En cambio, el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:
‘Dios, ten compasión de mí, que soy pecador.
Os digo que este volvió a su casa justificado, y el otro no; porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18, 9-14)
La humildad es fundamental en la oración y en las relaciones con los demás.
Oramos lo que somos. Por eso, debemos pedir este don:
La humildad no se conquista, se recibe.Es un regalo que abre el corazón al encuentro con Dios.
El humilde es quien pide, aprende, escucha y agradece.
Desde esta pobreza del corazón, podamos decir:
“Señor, enséñanos a orar.”(Lc.11,1)
Jesús, deseo tener un encuentro más profundo contigo. Vengo a Ti porque te necesito. Enséñame a orar con humildad, para que mi oración sea auténtica, nacida de un corazón que se sabe amado y perdonado.
La humildad es la base de toda oración.
Solo el corazón que se sabe pequeño puede tocar el corazón de Dios.”
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