"Nos amó hasta el extremo"
“Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado.”
Este es tu deseo, y parece ser lo único que nos mandas: amar.
¡Qué sencilla sería la vida si no tuviéramos otra ocupación que amar!
Como decía San Juan de la Cruz:
“Ya no tengo otro oficio más que amar; es mi ejercicio.”
No tengo otra ocupación.
Y es curioso: somos muy intelectuales, estamos llenos de conocimientos, de títulos, de sabiduría humana… pero hemos descuidado la única asignatura de la que se nos examinará: si hemos amado.
Y comprendo que necesitamos aprender a amar.
Y se aprende amando, como a nadar se aprende nadando.
Esta asignatura del verbo amar se adquiere comprendiendo lo amados que hemos sido y dejándonos amar. Y esto es posible, porque hemos sido profundamente amados, aunque muchas veces vivimos como si no lo fuéramos.
Pero reconozco, Jesús, lo amado que hemos sido por Ti.
Tú has dado la vida por cada uno de nosotros.
Tú mismo lo dices:
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.”
Fueron estas palabras las que brotaron de tu corazón.
El único deseo, la única ilusión que querías realizar con tu venida al mundo, era que comprendiéramos cuánto nos amabas.
“Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.”
Si este es tu deseo —que amemos, pero con tu mismo amor—, entonces cuánta dedicación, cuántos momentos de perdón, de paciencia, de tolerancia, de esperanza, de detalles de amor has derramado sobre nosotros.
Nos has tratado como amigos, dándonos a conocer al Padre. Nos lo has enseñado todo, capacitándonos en esta misión con un único encargo: amar.
Y nunca nos trataste como siervos.
Nos diste a conocer todo: tus sueños, tus sufrimientos, tu pasión y tu resurrección.
Y caminas no solo a nuestro lado, sino habitando en nuestro corazón.
Estas palabras me quedan grabadas:
“No los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre.”
Si esto es verdad, cuántas enseñanzas sobre nuestro Padre nos has dado. Cuánto nos has mostrado su amor.
Hoy me invitas a renovar la experiencia de este amor, de tu misericordia, de la entrega en el servicio al prójimo, de vivir el día a día con alegría en tu presencia y de darte a conocer.
Nos has elegido por puro amor, no nosotros a Ti.
Por eso sé que esta elección es para siempre, y que nunca nos dejarás, aunque nuestra respuesta de amor sea tan pequeña comparada con todo el amor que recibimos.
Hoy vuelves a decirnos:
“No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido, y los ha destinado para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca…”
“Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros.”
Oración (inspirada en el Papa Francisco)
Señor Jesús,
soy un alma pobre e indigna de tu amor, pero Tú me has elegido por pura misericordia.
Tú no me escogiste por mis méritos, sino para que experimente tu amor y dé fruto que permanezca.
Si alguna vez lo olvido, hazme volver a la cruz, donde se revela tu misericordia.
Y enséñame siempre a cumplir tu mandamiento:
que nos amemos unos a otros como Tú nos has amado.
Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario