No grita, no presume, no se adorna,
camina descalza sobre la tierra,
se inclina ante el sol y ante la sombra,
y en lo pequeño encuentra su fuerza.
La humildad no pide aplausos,
no se viste de orgullo ni de oro,
habita en el gesto callado
que en silencio sostiene a otro.
Es raÃz que se oculta en la tierra,
es semilla que nunca se jacta,
pero de su silencio florecen
los frutos que el alma levanta.
Quien la lleva, se vuelve ligero,
quien la vive, conoce la paz,
porque en manos sencillas y abiertas
se revela la verdadera bondad.
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