Una Palabra que sana
Jesús,quiero sentarme en silencio
ante Tu Palabra que libera.
Tu voz no grita, no se impone,
pero lleva dentro la fuerza del Amor
que hace huir toda sombra.
En la sinagoga de mi corazón,
también hay gritos escondidos,
miedos, heridas, cadenas
que me atan y me inquietan.
Pero Tú, Señor, entras sin miedo,
y con una sola palabra dices:
“Cállate, sal de él”.
Mírame, Jesús,
y pronuncia también sobre mí
esa palabra que sana y transforma.
Que callen en mi interior las voces del miedo,
y que hable sólo Tu verdad serena.
Quiero permanecer en Tu paz,
dejando que Tu luz me llene,
dejando que Tu Espíritu me conduzca,
para que, como aquel hombre liberado,
yo también sea testigo de Tu amor
que libera y da vida.
Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario