miércoles, 17 de septiembre de 2025

«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

 Tu Palabra Resucita

«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo:«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros»y «Dios ha visitado a su pueblo».

En nuestra misión experimentamos que  la Palabra Resucita.

Recuerdo el caso de una joven que, hace muchos años, padecía sida. Llevaba meses postrada en la cama, consumiéndose poco a poco, y su familia, llena de dolor, nos llamó para visitarla. Fui acompañada de otra muchacha y lo que encontramos fue desolador: un cuerpo sin fuerzas, una vida apagada, una familia entera llorando.No sabía qué hacer.

Entonces abrí la Biblia y comencé a leer los salmos. Después leí un pasaje de Isaías 62:

> «Serás corona fulgida en la mano del Señor,diadema real en la palma de tu Dios.Ya no te llamarán “la abandonada”,a ti te llamarán “mi preferida”.El Señor te prefiere a ti,y como un joven se casa con su novia,así te desposa el Señor.La alegría que encuentra el esposo con su esposa,la encontrará Dios contigo.»

De pronto, aquella joven se incorporó y me preguntó:

—¿Esto es verdad? ¿Esta Palabra es para mí?

El asombro fue total. En ese momento comprendimos que la Palabra tiene el poder de resucitar lo que parecía muerto.

Era Jesús mismo quien visitaba a esta joven y le decía:«¡Muchacha, a ti te digo, levántate!».Y ella se incorporó  y comenzó hablar.

Esta mujer estaba atrapada en la tristeza, la depresión y la soledad. Su vida había quedado detenida. Pero cuando la Palabra penetró en su corazón, todo cambió: la familia que vivía con una muerta en casa comenzó a convivir con una resucitada.

Hoy puedo decir  Señor que Tu Palabra resucita.

Que Tú  Palabra es relación.

El corazón está tejido de palabras que nos conducen al interior.

Yo misma puedo decirlo: 

Tu Palabra también me ha resucitado.Me ha dado un sentido para vivir.En ti encontré la auténtica felicidad.

La joven que escuchó Tu Palabra halló un motivo para seguir adelante, porque tú eres el Sentido, tú eres el Proyecto de vida, tú eres la Vida.

En el encuentro contigo sanas nuestras heridas:a ella la curaste de la soledad y la viudez;a mí me sanaste de la herida de la orfandad.

El fruto de la Resurrección es la sanación del corazón.Y todo comienza con una Palabra escuchada, que termina en una Palabra pronunciada.«Necesitamos escuchar lo que nos pasa».La Palabra escuchada penetra hasta lo más hondo del alma: «Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz,más cortante que espada de dos filos;penetra hasta dividir alma y espíritu,articulaciones y tuétanos,y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón».(Hb.4,12-13)

La Palabra no es pasiva: es viva, eficaz, transformadora.

Despierta lo dormido, reaviva lo herido, fortalece lo debilitado.

En ella resucitó la fe, la esperanza, la confianza y el amor.

La escucha es esencial.

Jesús nos habla con palabras que despiertan la fe y nos devuelven el gozo de escuchar. Necesitamos rehabilitar nuestro oído interior, ese que está tan cerca del corazón.

El silencio abre espacio para esta voz.Es la experiencia de la hemorroísa: al tocar a Jesús fue sanada y resucitada. Él no se conformó con el milagro: la buscó, quiso mirarla a los ojos.

Así también nos busca, quiere nuestra mirada, nuestra cercanía, nuestra intimidad.

Su Palabra no solo nos resucita a nosotros, sino que también resucita a quienes nos rodean.

Así ocurrió con el joven de Naín: «¡Muchacho, a ti te digo, levántate!». Cuando se incorporó y habló, todos glorificaron a Dios.

Así también sucedió con aquella joven enferma: cuando se levantó, toda su familia recobró la alegría, y celebramos juntos una auténtica fiesta de Resurrección.

🌿 Tu Palabra, Señor, resucita.

Nos sana, nos levanta, nos da vida.


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