jueves, 25 de septiembre de 2025

Quería ver a Jesús por curiosidad


Jesús estaba provocando mucho ruido en la zona. Predicando,curando,enviando a los discípulos a todas las aldeas a evangelizar,haciendo milagros y muchas multitudes se acercaban para escuchar la Palabra . Todas estas noticias llegaron rápido al palacio. La reacción de Herodes fue inmediata.
Al igual que muchos otros, Herodes tenía ganas de ver a Jesús. Pero la actitud de uno y de otros era muy distinta. El rey Herodes  tenía un deseo superficial, motivado sólo por la curiosidad y el afán de novedades. Otras personas , en cambio, querían verlo como Zaqueo, porque sentían en el fondo una necesidad de encontrarse con Jesús.
 Juan y Andrés buscaban conocer mejor aquel que tocó su corazón. Bartimeo le seguía por el camino, profundamente agradecido por el regalo de la vista. 
Ellos habían convertido el interés del momento en un deseo profundo y por eso se encontraron con Jesús, cuando llegó la oportunidad.
Cristo tenía también ganas de ver a Herodes. 
El tiempo adecuado para el encuentro fue en la humillación de la cruz. Y no hubo encuentro… Lamentablemente, Herodes no fue capaz de superar las capas que bloqueaban su corazón. La ambición de poder, el egoísmo y las convicciones débiles ahogaron esa posibilidad de descubrir a un Jesús que sufría para salvarle…

Cristo también tiene muchas ganas de verme a mí,de verte a tí.
Muchas más de lo que puedo imaginar…. Tal vez en mi caso no hay mantos lujosos y coronas de oro bloqueando la puerta para el encuentro con Él.Pero siempre es bueno que renovemos nuestro deseo de verlo. Como aquellos  griegos que habían subido a Jerusalén para la fiesta se acercaron a Felipe y le dijeron:
“Señor, queremos ver a Jesús.”
(Juan 12:21)
Pidámosle al Señor que nos ayude a quitar cualquier obstáculo y que nuestro encuentro con Él sea así cada vez más profundo.
«En nuestra alma está la posibilidad de tener dos inquietudes: una buena, que es la inquietud del Espíritu Santo, que nos da el Espíritu Santo, y hace que el alma esté inquieta por hacer cosas buenas, por seguir adelante; y está también la mala inquietud, aquella que nace de una conciencia sucia. Precisamente esta última caracterizaba a los dos soberanos contemporáneos de Jesús: tenían la conciencia sucia (como Herodes) y por eso estaban inquietos, porque habían hecho cosas malas y no tenían paz, y cada acontecimiento a ellos les parecía una amenaza».
(Papa Francisco).

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