viernes, 30 de enero de 2026

«El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?» (Sal 27, 1)

NADA NOS PUEDE SEPARAR DEL AMOR DE DIOS

¡Qué esperanza me dan, Jesús, estas palabras! Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo. Si tú, mi Dios, estás con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

Ninguna situación, por difícil que sea, podrá separarnos de tu amor:ni los conflictos personales, ni siquiera los que llegan de repente como un caos, porque tú los transformas en paz, en comunión, con tu presencia, insuflando aliento de vida.

> «Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.» (Jn 3,16)

Padre, tu amor es tan grande que no perdonaste a tu propio Hijo, sino que lo entregaste por todos nosotros.

¿Cómo no nos darás también todo con Él?

¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica?

¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?

¿La aflicción? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?

Como dice la Escritura: «Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza».

Aun cuando yo no he llegado a vivir ese extremo de caos, te agradezco, Señor, tu amor providente, porque nada me ha faltado. Has cubierto todas mis necesidades, tanto espirituales como materiales. Y aunque haya habido dificultades, tú nos has ayudado y nos has sacado adelante. ¡Cuántas veces me has dicho estas palabras en las etapas difíciles de mi vida misionera!:

😇> «No estén pendientes de lo que comerán o beberán; no se atormenten. El Padre sabe todo lo que necesitan. Busquen más bien el Reino de Dios, y se les darán también todas estas cosas.» (Lc 12,29-31

Puedo decir que en estos años dedicados a la misión, predicando tu mensaje, entregándote mi juventud y trabajando en tu viña, tú has sido mi única paga.

Tengo la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos de tu amor.

Como dice san Pablo:

> «En todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.» (Rm 8,31b-39)

El Señor me trata bien

> «Sálvame, Señor, por tu bondad.

Tú, Señor, me tratas bien, me liberas con ternura.

Sabes que pequeña soy, pobre, sin poder, y llevo dentro un corazón necesitado de ti.

Socórreme, Señor, Dios mío, sálvame por tu bondad.

Reconozco que aquí está tu mano, que eres tú, Señor, quien actúas con bondad y con ternura.

Te doy gracias, Señor, con voz potente; te alabaré en medio de la multitud, porque te pones a la derecha del pobre para salvar su vida.»(Sal 108, 21-22.26-27.30-31)

Como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas, así nos protege el Señor

> «No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.» (Lc 13,31-35) En aquel día se acercaron unos fariseos a decir a Jesús:

—«Sal y márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»

Jesús les respondió:

—«Id y decid a ese zorro: “Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada. Pero es necesario que camine hoy, mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.”»

¡Qué libertad, Jesús, para continuar la misión y cumplir el encargo recibido del Padre!Tú solo obedeces sus órdenes. Por eso no tienes miedo a nada ni a nadie, y continúas haciendo el bien aunque te amenacen de muerte. No te dejas vencer por la oposición ni por las amenazas,

sino que sigues firme en tu misión de anunciar el Reino del Padre.Enséñanos a caminar con confianza en medio de las pruebas, a no rendirnos ante la dificultad y a mantener el corazón lleno de esperanza. Con qué valentía y amor asumes la cruz en la misión. No la abandonas por las dificultades, sino que eres fiel a la voluntad del Padre.

> «Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.» (Jn 6,38)

Tu dolor más grande, Jesús, es que no acojamos tu amor,

que cerremos el corazón y no queramos dejarnos salvar por ti.

Y si para salvarnos tienes que ser entregado y morir en una cruz, lo haces por amor.Tu misión es gratuita.Y así, junto contigo, continuamos tu obra,aunque a veces no acojan tu mensaje.No por eso hemos de dejar de predicar tu Palabra.

Yo no he llegado a vivir este extremo como tú o como los discípulos,

ni como nuestro fundador aquí en Mallorca,

pero él continuó la misión aunque se lo prohibieran,

obedeciendo la voluntad del Padre y no la de los hombres. Gracias, Jesús, porque tu amor es como el de esa imagen de la gallina que reúne a sus polluelos bajo sus alas. Muchos no han querido acogerse a ese amor, pero al menos yo —y muchos otros— sí lo hemos hecho,

porque necesitamos ese amor de madre que salva.

Tus palabras, Jesús, son muy fuertes:

> «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!

¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no habéis querido!»

Te pido, Señor, por todos tus misioneros del mundo entero,

para que continúen la misión,

a pesar de las dificultades,

siendo fieles al carisma recibido y al encargo del Padre,

haciendo solo su voluntad.

Madre, así como acompañaste a Jesús en todos los momentos de su misión, especialmente en los más difíciles, acompáñanos también a todos los misioneros enviados a anunciar el Evangelio, sobre todo en los lugares donde no acogen la Palabra. Que esto no sea impedimento para entregarnos, amando a cada persona desde lo que es. Gracias, Jesús Maestro y Misionero, porque estás vivo y resucitado, y contigo continuamos la misión adonde tú nos lleves.

No hay comentarios:

Publicar un comentario