jueves, 29 de enero de 2026

JESUS EL SEMBRADOR (Mc.4,2-20)

“SALIÓ EL SEMBRADOR…”


Como cada día mi sembrador  riega la tierra con la suave lluvia,y siembra la palabra  semilla de Vida Eterna.

Pero como está mi corazón para que está semilla realmente quede sembrada ?

Si las escucho ,pero muy rápido se me olvidan y con el activismo diario y pequeñas tentaciones  queda arrebatada la semilla.

Pero no es culpa del sembrador ,sino de la tierra dura como una piedra ,que al oír tus palabras me alegran el corazón ,pero no tiene raíz en sí mismos,y esto se percibe cuando somos inconstantes , y esto le pasa a muchos que a la mínima tribulación por causa de la predicación de la Palabra,sucumben enseguida. 

En otros momentos mi corazón está como cardos  oigo la Palabra

Pero los placeres,riquezas,la codicia,de acumular o el desear tener lo que no está a mí alcance ahogan la semilla y la dejan sin fruto .

Pero mi sembrador continua como cada día removiendo la tierra regandola ,y con el sol directo  vuelve  sembrar la semilla a más profundidad , quitando las piedras, los cardos ,y  abonando la tierra , transformandola en tierra buena,capacitándonos para escuchar la palabra  entenderla y dar fruto .

Señor hoy : ¿Cómo encuentras 

mi tierra?

Me reconozco  muchas veces en el camino, en ese terreno donde la fe es reducida a una mera costumbre, Llega la Palabra de Dios: Me toca, pero rebota sin lograr penetrar. Estoy distraído, ausente. El corazón, los intereses están en otras partes, a pesar de las apariencias. Por esto es suficiente una pequeña tentación para barrer aquellos granos que no encontraron acogida.

Me reconozco en el terreno no labrado a conciencia: Superficialidad,  ligereza, vanalidad, búsqueda de emociones. Inestabilidad. Tímidos intentos, sin llevar nada hasta las últimas consecuencias. Una persona sin raíces, incapaz de comprometerse de verdad, incapaz de enfrentar la más mínima dificultad. Mariposea en todo y no asimila nada. 

Me reconozco también en el manojo de cardos que asfixian la palabra. 

la pobre semilla que ha logrado penetrar en aquel enredo, que es mi corazón, y que ha conseguido incluso echar un tallo escuálido, tiene que luchar despiadadamente con los cardos que le roban el alimento, que no le dejan ver el sol, y que terminan por asfixiarla: Preocupaciones, estorbos, una multitud de “cosas buenas”, que se vuelven imprescindibles…

      Me reconozco también el terreno bueno… 

el que está cuidado con la oración, con los sacramentos, y sobre todo una actitud misionera: Salir cada día como el sembrador a derrochar la semilla del Amor de Dios, y saber cuidar “su tierra”, Esa es la mejor manera de colaborar contigo, Señor, para que la siembra de la Palabra de Dios en mi vida no sea en vano. 

        ¡Gracias, Jesús porque mientras tanto no te cansas de sembrar con esperanza y gratuidad  en nuestras vidas!. 



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