No tengáis otra medida que no sea la de amar.
“Poned atención a lo que estáis oyendo. La misma medida que utiliceis para tratar a los demás, esa misma se usará para trataros a vosotros , y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará”.Marcos 4, 21-25.
Reflexión. Papa Francisco
Las relaciones personales, son parte esencial de la vida del ser humano. Por ello, en gran medida, el éxito o el fracaso en las mismas, influye de manera directa en nuestra felicidad. La pregunta es, ¿por qué no tengo buenas relaciones personales? Creo que la respuesta está en que debo aprender a dialogar en lugar de tratar de huir del conflicto.
Pero el diálogo se da a través de la escucha y compresión sincera. No se puede pretender que exista el diálogo sin diferencias o discusiones.
Jesús, mi corazón experimenta continuamente el desprecio y las faltas de atención de las personas, sobre todo de aquellas que más quiero.
Pero siempre me considero la víctima, ¿no será que recibo el trato que merezco? ¿No estaré recibiendo lo mismo que yo doy?
Jesús, qué exigente soy con los demás, y qué poco me exijo a mí mismo. Enséñame a tener un corazón misericordioso como el tuyo.
Que desde la experiencia de mi propia miseria sepa amar y comprender las debilidades de los demás.
«El hecho comienza con una palabra clara de Jesús:
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Por lo tanto, si no quieres ser juzgado no juzgues a los demás, claro.
Y el Señor va un paso por delante, indicando precisamente el criterio de la medida: porque con el juicio con el que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con la que midáis se os medirá.
Todos queremos, el día del juicio, que el Señor nos mire con benevolencia, que el Señor se olvide de tantas cosas feas que hemos hecho en la vida, y esto es justo, porque somos hijos, y esto es lo que un hijo se espera del padre, siempre.
Pero si tú juzgas continuamente a los demás, con la misma medida serás juzgado: esto está claro».
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