Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.
De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín.
Lo despertaron y le dijeron:
“Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.
Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar:
“Cállate, enmudece!”.
Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma.
Jesús les dijo:
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?».
Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros:
“Quien es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”.
Reflexión.Papa Francisco
Jesús, Tú duermes en medio de una tormenta.
No sé cómo puedes hacerlo. Es como si yo viajara en un avión, el piloto dijera que acaba de perder el control de la nave y que es posible que nos estrellemos, y yo pidiera a la azafata un par de audífonos para ver una película… ¿es que no te importa que se hundan?
La misma pregunta me surge muy a menudo Señor, veo tanto mal en el mundo, tanta violencia, tanta injusticia… y Tú callas, casi como si durmieses…
¿Es que no te importa a dónde vaya a parar este mundo?, ¿o acaso duermes y no te enteras que vamos a la deriva?
Te miro en silencio, allí, en el sagrario y me pregunto si duermes, si no te importa tanto dolor…
Tú despertaste, Señor, e increpaste al mar y al viento… y te obedecieron. En un segundo cambiaste la tempestad en calma
y la incredulidad de tus discípulos, en fe.
Miro alrededor, Señor, y me doy cuenta que de ninguna manera duermes, que trabajas.
Tantos misioneros, tantos sacerdotes y almas consagradas, tantos laicos que, en silencio, transforman las peores tempestades en paz, portando tu palabra a los hospitales, pan a los hambrientos y consuelo a los tristes…
No duermes, Jesús. Trabajas…
sí, pero en silencio.
Y yo ni escucho tu voz ni veo tus obras porque estoy más ocupado viendo y escuchando el mar y el viento.
Que mirando tus obras.
Jesús, me miras allí, hablando en lo profundo de mi corazón, y me invitas a dejarme de lamentos estériles y a ponerme a trabajar por la extensión de tu Reino.
Confío en ti, Jesús. ¡Aumenta mi confianza!
Yo también quiero trabajar por tu Reino y por mis hermanos.
Lo haré.
Dame la fuerza que necesito.
«Prometemos que nunca los olvidaremos. Nunca vamos a dejar de hablar por vosotros .
Haremos todo lo posible para abrir los ojos y los corazones del mundo.
La paz no es el fin de la historia. La paz es el inicio de una historia ligada al futuro.
Europa debería saber esto mejor que cualquier otro continente. Esta hermosa isla, donde nos encontramos ahora, es sólo un punto en el mapa.
Para domar el viento y el mar agitado Jesús ordenó al viento que cesase justo cuando la barca en el que estaban él y sus discípulos estaba en peligro. Luego la calma siguió a la tormenta».
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