martes, 27 de enero de 2026

“¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Mc 3, 31-35.


el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Reflexión Papa Francisco

Hace un mes exactamente estábamos por celebrar la Navidad. Ahora parece que Jesús ha «madurado» demasiado rápido: tan metido en su «misión» que vive lejos de su familia. Ni siquiera María, su mamá, puede pasar un rato a solas con Él…

Cristo, en realidad, ha crecido en el amor a sus parientes.
 Más aún, está reconociendo la verdadera grandeza de María, aquello que une con más fuerza a los dos:
 el «Hágase en mí según tu palabra». 
¿Cómo fue posible el nacimiento de Jesús? ¿Acaso no fue por la apertura de María a la voluntad de Dios? 
Por eso Cristo hoy quiere enseñar este doble nivel: existe un parentesco del cuerpo y de la sangre, pero hay algo más, una relación aún más profunda, que une los corazones. 

Esta conexión de espíritu sólo se da cuando dos almas tienen el mismo ideal: cumplir la voluntad de Dios.

Podemos pensar que cuando cumplimos la voluntad de Dios nos apartamos de los seres queridos.Pero esto no es así 
  No hay nada más equivocado creer que nos apartamos de la familia . 
Seguir la propia vocación, vivir compromisos de piedad nos fortalece como hijos de Dios, y sólo un hijo puede ser auténtico hermano.
Hay, además, una última lección en este Evangelio, la más importante de todas. 
Si buscamos realizar lo que Dios nos pide, estamos viviendo realmente como hermanos de Cristo que somos por el bautismo.
El mundo dirá al vernos: «ese es hermano de Cristo, ¡se parece tanto a Él!». O, mejor todavía, ¡cuánta alegría le daremos a nuestra madre, María! ¡Ver que todos sus hijos nos parecemos a ella, al Hijo Mayor! Vivamos cada día con esta ilusión y este propósito: ser mejores hermanos de Cristo.

«María nos acompaña en este camino, indicando al Hijo que irradia la misericordia misma del Padre. Ella es en verdad, la Madre que muestra el camino que estamos llamados a recorrer para ser verdaderos discípulos de Jesús. 

  Cada vez que contemplamos un momento, un misterio de la vida de Cristo, estamos invitados a comprender de qué modo Dios entra en nuestra vida, para luego acogerlo y seguirlo. 

Descubrimos así el camino que nos lleva a seguir a Cristo en el servicio a los hermanos».

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