Jesús la única señal para la gente de este tiempo
Reflexión Papa Francisco
"Hace algunos años me encerré en mi cuarto y, con mucho dolor por lo que estaba pasando, le pedí ayuda a Dios después de mucho tiempo sin hablarle. Nada pasó, nada se resolvió, todo fue peor y me preguntaba, ¿por qué no pasó nada? ¿Acaso no era Dios?
Muchas veces nos acercamos a Dios porque es Dios; lo rodeamos pidiéndole que nos arregle la vida pues sólo así podremos creerle, sólo así podremos ser sus discípulos, o al menos a mí me pasaba, que sólo lo buscaba cuando lo necesitaba. Nos olvidamos que Dios tiene algo mucho más grande que darnos, su amor.
El saber y experimentar que Dios nos ama es el mejor regalo que podemos tener. Este amor es más grande que cualquier cosa que nos pueda dar; su amor es más grande que una buena vida sin dolor o padecimiento.
Nuestra vida debe ser una completa experiencia del amor de Dios.Con cada cosa que nos pasa debemos ver el cariño que Dios nos tiene. Experimentar un amor real, que no se queda escrito en un libro de muchas páginas sino que vive en el corazón; un amor que nunca cambia sino que siempre existe. Un amor intenso, apasionado, personal hacia cada uno de nosotros, un amor que sólo vive y se consume para nosotros. Un amor puro que no tiene intereses, un amor que sabe amar porque siempre se da a sí mismo.
Si algo hemos de pedir no son pruebas de su cercanía, no son bienes para una vida sin problemas.Lo único que debemos pedir es el poder tener la experiencia de Dios, el poder vivir el amor que Dios nos tiene, y sólo eso bastará en nuestra vida, sólo eso nos hará felices.
«A esta eucaristía traemos también ese momento tan difícil que cuestiona y pone muchas veces en duda nuestra fe. Queremos unirnos a Jesús. Él conoce el dolor y las pruebas; Él atravesó todos los dolores para poder acompañarnos en los nuestros. Jesús en la cruz quiere estar cerca de cada situación dolorosa para darnos su mano y ayudar a levantarnos. Porque Él entró en nuestra historia, quiso compartir nuestro camino y tocar nuestras heridas. No tenemos un Dios ajeno a lo que sentimos y sufrimos, al contrario, en medio del dolor nos entrega su mano».
(Homilía del papa Francisco, 20 de enero de 2018).
No hay comentarios:
Publicar un comentario